Las violencias en las relaciones de pareja entre mujeres lesbianas y bisexuales

Sharon McCutcheon. Unsplash

Por Brenda Macías

I. El detonante: la pelea

Violeta Tomas ya no tenía fuerza para seguir. Estaba cansada y aburrida. El enamoramiento se le agotó. No sentía la euforia de la primera vez. Ya no estaba dispuesta a convivir con Alicia. Ya no la admiraba. Su dolor no le dolía y su alegría no la alegraba. Alicia no cumplía con sus expectativas ni con los estándares de calidad que había idealizado para una relación. Los planes de hacer una vida juntas en Ciudad de México se desvanecieron en promesas fatuas. Violeta Tomas lo haría por su cuenta. La pandemia por coronavirus reforzó su intención de acabar con aquello. 

La relación entre Alicia y Violeta Tomas, a quienes hemos llamado así por seguridad, no lograba consolidarse. Por ello, Violeta Tomas, una lesbiana que tenía interés en transitar hacia ser un hombre transgénero, escribió en un documento de cinco páginas, guardado en PDF, las razones unilaterales que la llevaron a tomar la decisión de terminar. 

Sin embargo, Alicia, una mujer bisexual, se aferraba a mantener los efectos secundarios de ese enamoramiento. Al recibir el archivo PDF de Violeta Tomas en su WhatsApp rompió la cuarentena. Se puso el cubrebocas, tomó su mochila, salió a la calle con las pupilas dilatadas, con un sesgo de atención inconsciente y en un estado de arrebato místico para subirse a un Uber, luego a un avión y finalmente a un taxi que la llevaría hasta la casa de Violeta Tomas en Chihuahua, a más de mil kilómetros de distancia de Naucalpan, Estado de México, para demostrar que estaba dispuesta a “luchar por el amor” romántico.

Un mes después de vivir juntas, Violeta Tomas se fue a un bar con su amiga Gloria y al día siguiente informó a Alicia que viajaría al Parque Nacional Cumbres de Majalca con Gloria, con otras colegas y con una instructora de yoga kundalini. Quería participar en un retiro holístico. Alicia no estaba incluida.

–Entonces, ¿vas a romper la cuarentena? –preguntó tímidamente.

–¿Ves?, ¡eres una celosa y una posesiva! –reventó Violeta Tomas.

–Siento que ya no me quieres, no te gusta nada de lo que hago, nada de lo que digo. Ahora que estoy aquí me quieres sacar de tu vida. No lo entiendo.

–Esto lo hago porque ya casi me voy a vivir contigo a México, bonita. Tengo mucho que resolver antes de irme. ¿Te vas a enojar porque quiero hacer mis cosas? ¿Ya resolviste tus pendientes en Ciudad de México? ¿Allá me vas a dejar ser como soy?

–¿Estás segura de que quieres irte conmigo?– reaccionó Alicia.

El silencio como respuesta.

–Entonces terminamos –dijo Alicia. 

Guardó sus cosas con ganas de que Violeta Tomas la detuviera. El silencio se prolongó aún más. El chantaje emocional no funcionó.

–A dónde vas, mujer. Son las 2 de la mañana.

–No sé, a tomar un camión de regreso a México. Me duele tu frialdad, tu indiferencia. Ahora entiendo por qué tus ex parejas se volvían locas al final de la relación.

–¡¿Crees que merecía que me maltrataran?!

–Tengo dudas –reaccionó Alicia, quien desde hacía tiempo padecía de ansiedad,  angustia y desesperación, como dice el bolero cubano de Osvaldo Farrés.

En ese momento sintió una opresión en el pecho, le faltaba el aire y se tiró al piso a un lado de la puerta principal. Sólo es un ataque de ansiedad, se dijo a sí misma. ¡Me quiero morir!, ¡me quiero morir!, gritó cuando rompió en llanto.

–¡Por qué me haces esto, Alicia, si sabes que mi papá se suicidó!

–No lo dije para molestarte– reparó Alicia entre sollozos.

La violencia escaló al grado de autolesionarse, faltarse al respeto, amenazarse de muerte y difamarse. 

II. El lesbodrama, una realidad invisibilizada

De acuerdo con la tesis “Violencia intragénero en parejas formadas por dos mujeres: una revisión sistémica”, de la Facultad de Educación de la Universitat de les Iles Balears, la investigadora Andrea Amorós Forteza afirma que “la violencia intragénero en parejas de lesbianas es una realidad invisibilizada”. Algunas notas periodísticas y ensayos la llaman el “doble armario” porque en las sociedades machistas ser lesbiana, ser bisexual, ser violenta contra otra mujer o el haber sido violentada por otra son temas tabú.

Ante esto, la geógrafa Georgina González, coordinadora de comunicación de la Asociación Civil Jóvenes por una Salud Integral, explica que las violencias contra las mujeres lesbianas y bisexuales, provengan de donde provengan, están naturalizadas y cuesta trabajo reconocerlas, nombrarlas y por tanto combatirlas. 

La violencia opera de distintas maneras: física, patrimonial, económica y psicológica. Pero la violencia que identificamos con facilidad es la violencia física porque es perceptible. Pero, entre lesbianas, principalmente, vivimos violencia psicológica que es más difícil identificar.

Ante este problema, Jóvenes por una Salud Integral detalla en una infografía que circula en las redes sociales lo siguiente:

La violencia en las relaciones de pareja entre lesbianas y mujeres bisexuales enfrenta retos específicos como la invisibilización y negación de la violencia, el creer que en las relaciones entre mujeres no hay dominación ni sumisión, las redes de apoyo en común con la pareja dificulta el pedir ayuda o recibirla, el tener la relación en el clóset que no permite que la víctima explique que vive violencia porque no ha revelado su orientación sexual a la familia, y, el amor romántico.

La negligencia, el abandono, el descuido reiterado, la celotipia, los insultos, las humillaciones, las devaluaciones, la marginación, la indiferencia, la infidelidad, las comparaciones destructivas, el rechazo, la restricción a la autodeterminación y las amenazas son expresiones de la violencia psicológica, según el Art. 6 de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Estas acciones conllevan a la depresión, a la devaluación de la autoestima e incluso al suicidio.

En el artículo “Amor y dependencia en las relaciones de pareja”, del psicólogo Manuel Villegas Besora, precisa que el amor romántico es una tradición occidental que aparece en la segunda mitad del s. XVII. El amor romántico se refiere a lo que sucede fuera de la realidad porque deriva del francés roman que significa novela o fábula. Es decir, aquello que contiene lo fantástico o lo imposible. 

El amor romántico tiene un carácter maníaco, pulsional, fusional, exclusivo, no admite terceros, es irreal, narcisístico, egoísta y exaltado, y por tanto estéril y efímero. Los mitos, recalca el psicólogo de la Universidad de Barcelona, son peores que la mentira. El amor comprometido requiere conocimiento, respeto y cuidado de la otra, se conocen, se respetan y se cuidan a sí mismas sin llegar a una fusión simbiótica destructiva.

III. El día después: la segunda batalla

Violeta Tomas se levantó temprano a lavar unas camisetas blancas que se llevaría a su retiro new age. Alicia salió a caminar esperando que a su vuelta Violeta Tomas ya no estuviera. En su caminata recordó la pelea que detonó el malestar. Se alteró. Lloró en un estacionamiento mientras se preguntaba a ella misma por qué dudaba del amor de Violeta Tomas y por qué sentía tanta culpa de haberla lastimado. ¿Por qué no podía calmarse? ¿por qué tenía tanto miedo del eminente abandono? De vuelta a casa, Alicia decidió llevar unos caldos de mariscos y unas tostadas de ceviche para comer y para calmar los ánimos. Violeta Tomas aún seguía ahí y abrazó a Alicia con compasión, como si no la volviera a ver y le agradeció el gesto.

Desde hacía tiempo, Alicia sufría una infección en la piel. Alicia es una persona que somatiza sus emociones. Después de comer llorando, se retiró a la cama.

–Vamos a que te revisen, te está empeorado la infección.

–Estoy bien. Al rato voy al doctor. No te preocupes.

–Tú eres muy cuidadosa con tu salud. Yo no. Tú sí. ¡Anda! Te quiero llevar. Me voy preocupada.

–Por favor, no seas hipócrita y vete.

Al escuchar esa sentencia a modo de despedida, Violeta Tomas explotó en rabia y llanto. ¡Por qué haces esto!, ¡por qué me insultas!, ¡no me quiero ir de casa enojada!, ¡sí me importas! Golpeó la puerta de la recámara contra la pared, lanzó cajas, pateó maletas y más cosas que encontró a su paso antes de tomar su mochila y sus llaves. La rabieta se apoderó de ella y salió de la casa sin cubrebocas. Alicia no se movió ni un centímetro y las lágrimas le salían a borbotones de tristeza, de miedo y al mismo tiempo de culpa. 

Alicia llamó a Locatel para pedir contención porque no podía calmarse. Su presión sanguínea, en las nubes. Se sentía responsable de lo ocurrido, pero al mismo tiempo ofendida. Ahí le explicaron que había sufrido violencia y que si Violeta Tomas había golpeado puertas y paredes quizá en el futuro la podría golpear a ella. Pero también le recomendaron buscar ayuda psicológica por su cuenta para tratar el tema de su dependencia emocional hacia alguien que ya no la quería y para tratar su problema de celotipia porque los celos, le dijeron, no son demostraciones de amor sino una de las expresiones de la violencia.

IV. Los celos: la relación entre Eros y Tanatos

“El principal detonador de las violencias machistas en las relaciones de pareja entre géneros e intra géneros son los celos porque implican control y esta dinámica tiende a escalar”, dice el Consejero Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, Salvador Guerrero Chiprés. Ante este problema, el Consejo creó el “celómetro”, un material gráfico y didáctico, que se deriva del Violentómetro creado por el Programa Institucional de Gestión con Perspectiva de Género del Instituto Politécnico Nacional (IPN). 

Este celómetro alerta que no es normal si 

tu pareja pregunta seguido a dónde fuiste, si a cualquier lugar al que vayas tiene que ir tu pareja, si llega a tu casa de sorpresa para ver qué haces. El control aumentará si te prohíbe vestirte o maquillarte como te gusta, si te pide que le des tu celular, si tiene tus contraseñas o hackea tu cuenta. Estás en riesgo si te vigila hasta en el trabajo, si no te deja hablar con tus “amiguit@s” ni salir, si rastrea tu ubicación, si te agrede con el pretexto de que “estuviste con alguien”.

En el contexto de la pandemia por COVID-19, a mayor confinamiento y relaciones de pareja poco sanas aumentan los casos de violencia principalmente contra las mujeres, de acuerdo con  la literatura consolidada que existe al respecto desde el año 2003,  explica el Consejero.

A propósito, en el número 43 de la Revista Española de Medicina Legal, el investigador de la Universidad de Granada, Miguel Lorente-Acosta (2020), cita, en el primer párrafo de su artículo titulado “Violencia de Género en tiempos de pandemia y confinamiento”, que la violencia contra las mujeres es un problema de salud mundial de proporciones epidémicas, según reveló la directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, en el año 2013, en la presentación del informe “Estimaciones mundiales y regionales de la violencia contra las mujeres”. El investigador forense subraya que, aproximadamente, 770 millones de mujeres son agredidas por su parejas y exparejas en el planeta cada año, de acuerdo con las estimaciones “conservadoras” porque no hay estadísticas sobre violencia de mujeres contra otras mujeres.

V. Deconstruir y construir

De acuerdo con la revisión de artículos que hizo la investigadora en educación Andrea Amorós Forteza identifica que entre los factores que influyen en la violencia intragénero de relaciones lesboeróticas se encuentra el haber atestiguado o padecido abuso emocional, físico o sexual en la infancia, el abuso en el consumo de alcohol y drogas que provoca situaciones agresivas, las actitudes de dominación y sumisión, así como los roles y estereotipos de género tradicionales que han sido heredados del patriarcado y el machismo donde una toma el control sobre la más vulnerable o se lucha por obtener el poder, la codependencia emocional, el apego, la lesbofobia  y la bifobia internalizadas. Es decir, odio hacia sí misma y hacia la pareja o la no aceptación de la propia orientación sexual.

Sobre el abuso emocional en la infancia, se sabe que algunas mujeres que se relacionan erótica y afectivamente con otras mujeres inician sus relaciones familiares, interpersonales y de pareja de formas violentas. Ante esto, Georgina González, coordinadora de comunicación de Jóvenes por una Salud Integral, AC, identifica frases lesbofóbicas y bifóbicas que hieren la autoestima y la autoconfianza como: “te iría mejor en la vida si no fueras lesbiana”, “esto te pasa por lesbiana”, “cuando supimos de tu problemita no nos quedó de otra más que apoyarte”, “tú no eres bisexual, la bisexualidad no existe”, “no te hagas bolas, búscate a un hombre”. Además, refiere que algunas mujeres que salen del clóset al confiar su orientación sexual a sus familiares, éstos les dejan de hablar por un tiempo. El tratamiento de silencio es un acto de violencia psicológica, y quizá los vínculos se puedan volver a tejer pero la herida queda.

Por otro lado, Fabiola Baleón, coordinadora de Investigación de Jóvenes por una Salud Integral, AC, sostiene que no hay información estadística ni una base de datos que estudie las violencias entre parejas de mujeres lesbianas y bisexuales. Sin embargo, de acuerdo con los datos que obtienen de la línea telefónica de Primer Contacto de esta asociación, 55 75 18 05 65, para atender situaciones de violencia en la población de lesbianas y bisexuales, los índices de violencia que se registran en las relaciones heteronormadas se replican en las relaciones entre las poblaciones lesbianas y bisexuales porque las mujeres no nacen con un manual para construirse como lesbianas, así que en ocasiones se construyen tomando lo peor de ser hombre o de ser mujer

Es decir, se toma la masculinidad tóxica, asfixiante, inquisitiva o se asimila esa feminidad frágil, sumisa, que obedece cualquier orden y que se pone bajo un yugo. Entonces, las lesbianas con perspectiva feminista consideran que 

las mujeres lesbianas y bisexuales tienen una oportunidad de romper con las violencias y reconocerse como personas que pueden resistir a los mandatos de la heteronorma y desde ahí construir relaciones sexo afectivas horizontales, sin seguir roles de género heteronormativos; relaciones sanas, respetuosas y asertivas sin tomar los peores elementos de las construcciones de hombre y mujer que ya se conocen.

En este contexto, el especialista en salud mental, Manuel Villegas, resalta en su artículo sobre relaciones de dependencia emocional que el deseo no puede ser saciado plenamente porque si se sacia deja de ser deseo, “por eso (la persona) se siente con derecho a anhelar, poseer, sojuzgar, humillar, entregarse, someterse o maltratar”. 

El deseo destruye el objeto de su deseo cuando no lo satisface plenamente. En cambio, el amor comprometido es activo, implica conocimiento y voluntad, y el amor romántico es pasivo, obedece a una pulsión ciega hacia la fusión simbiótica. Las relaciones posmodernas tienen como objetivo satisfacer la necesidad inmediata de tipo erótico, romántico o sexual. No hace falta conocerse, basta con deslumbrarse y cuando cesan los destellos luminosos de la atracción se pierde su atractivo y se produce la rutina, la saciedad o el aburrimiento.

A propósito, el filósofo polaco Zygmut Bauman creó el concepto de “amor líquido” para referirse a las relaciones ligeras y laxas de la “modernidad líquida”. Es decir, en este tiempo y espacio marcado por lo efímero y lo desechable, antes de fortalecer las relaciones entre personas, se prefiere la creación de conexiones y redes que puedan fácilmente disolverse o desconectarse. Se busca generar relaciones virtuales de fácil acceso y de fácil salida. En una red, explica el filósofo, las conexiones se establecen a demanda, y pueden cortarse a voluntad.

VI. Romper una relación de amor romántico por WhatsApp, una altenativa en tiempos del amor líquido

Hoy regreso a casa y quiero seguir con esta paz y esta tranquilidad. No quiero hablar. Avísame cuando hayas sacado tus cosas. Ya nos violentamos mucho. Huyo de la violencia. No me vuelvas a buscar. Dile a tu familia que no me llame. Me siento acosada. Quizá con el tiempo (indeterminado) pueda obtener las herramientas para buscarte y cerrar esto, como se supone que deben cerrarse las relaciones, aunque no haya una receta.

Alicia se sintió derrotada al leer este mensaje de WhatsApp. El “amor de su vida”, Violeta Tomas, con quien había decidido formar una familia homoparental, la sacaba así de la casa donde vivían en el contexto de la pandemia. 

Me sentí como una bolsa de basura tóxica que se saca a la calle, una acosadora y una violenta. ¿Esa soy yo?, ¿no hay nada qué rescatar?, ¿será que los poemas de Cristina Peri Rossi que me leyó contenían un mensaje de despedida?

Alicia se fue. Primero se refugió en casa de un amigo en Santa Eulalia, a 10 kilómetros de la capital chihuahuense, luego en casa de su mejor amiga en la colonia Arcadas, hasta obtener el valor y la templanza para llegar a casa de sus padres a decirles lo que ocurrió y revelar su secreto.  

Violeta Tomas la eliminó de Facebook. Las amigas de Alicia le informaron que Violeta Tomas ya salía con otra persona: con su instructora de yoga, 10 años menor que ella, con quien había roto la cuarentena para viajar al retiro holístico al que Alicia no fue invitada. Hecho que detonó el conflicto. Quién es, preguntó. Su nuevo suplemento es una artista y un premio estatal de la juventud, le respondieron. ¡Tanto pedo para cagar aguado!

Para rematarla, Violeta Tomas le envió a Alicia, por medio de su hermana, unas fotografías, libros, una plancha, un ventilador y unas harinas que habían quedado en su casa. “Violenta Tomas regresará a vivir con mi mamá”, dijo la ahora excuñada. Mentira. Sólo fue un señuelo para que Alicia no intentara acercarse. Entre las páginas de Los Muros de Agua de José Revueltas había una nota.

Bendigo estas cosas que nos fueron muy útiles, creo que lo justo es que vuelvan a ti porque son fruto de tu trabajo. La poca ropa que dejaste se la di a la vecina de enfrente para que la lleve a las familias de la periferia. No es posible vernos más porque huyo de la violencia. Intenta seguir tu vida como yo lo hago con el menor peso posible. Te abrazo fuerte.

Alicia envió un último mensaje como respuesta a esta nota, en él expuso que se sentía rota y violentada por la dualidad de Violeta Tomas porque a veces era lesbiana y a veces un hombre trans. Se sentía confundida, no entendía cómo entre mujeres lesbianas feministas se podían hacer daño. Sobre por qué no había posibilidad de diálogo ni de reparación. Alicia respetó los límites impuestos. Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo. Concluyó.

No sabremos si hubo respuesta a ese último mensaje porque Alicia bloqueó a Violeta Tomas de su WhatsApp, después eliminó su propio perfil de Facebook, hizo privada su cuenta de Instagram para al fin hacer catarsis con sus padres y con sus hermanas, quienes escucharon por primera vez, luego de 30 años, que Alicia era bisexual y que así como había sufrido por la ruptura con su ex novio a los 25, la misma sensación de abandono e indiferencia la vivía ahora por una mujer. Estaba ocurriendo: el maltrato emocional estaba hecho. ¿Qué hice mal? ¿Por qué me descartó así sin despedirse? ¿Qué tiene su nueva compañera de viaje que no tenga yo? ¿Tan mala persona soy? ¿Por qué soy así?

VII. Violencia intragénero 

El Dr. Salvador Guerrero Chiprés, Consejero Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, admite, en entrevista telefónica, que no fue sino hasta diciembre de 2018 que la violencia intragénero entró como tema básico en la agenda del Consejo. El especialista remarcó que en las relaciones entre la población LGBTTTI, el uso del poder, como en las relaciones entre géneros, origina la violencia porque, según afirma, las relaciones de poder son más universales que el machismo y el patriarcado.

Para atender a esta población, el Consejo mantiene la línea telefónica de seguridad y el chat de confianza 55 55 33 55 33 para dar atención psicoemocional y jurídica, y acompañamiento a las personas víctimas de las violencias, a los testigos de esas violencias e incluso a las personas perpetradoras de las violencias porque 

sí hay oportunidad de rehacer el camino de las personas victimarias. Sí hay posibilidades de conciliar y de alcanzar una vida respetuosa y sana con la pareja. Sin embargo, es muy difícil que la persona violenta acepte, reconozca su propia violencia y observe la importancia de controlar los impulsos. Es por ello que las llamadas de emergencia que reciben, por lo general, son de las personas víctimas y de los testigos.

El Dr. en Teoría Política por la Universidad de Essex, Inglaterra, añadió que, de acuerdo con los reportes de los operadores que atienden las llamadas, 

quienes sufrieron violencia intragénero tienen un nivel superior de aislamiento y confusión porque las víctimas temen hablar, ya que sus agresoras o agresores debilitan su autoestima y autoconfianza por su orientación sexual. Muchas personas temen salir del clóset por motivos de una ruptura, por ejemplo. De ahí la importancia de crear o, en su caso, buscar redes de contención y de apoyo.

VIII. La moneda cayó por el lado de la soledad

La lucha por el poder entre Alicia y Violeta Tomas se puso al rojo vivo. Alicia quería encontrar una forma de despedirse pero se le cerraron todos los canales. El descarte estaba hecho, la ley del hielo se aplicó de forma contundente. Quizá fue lo mejor. Ninguna de las dos estaban listas para perdonarse ni aceptar sus responsabilidades. No hubo ritual de despedida de cuerpos en presencia. La instructora de yoga subió fotos con Violeta Tomas en cañones, paisajes naturales majestuosos y firmamentos nocturnos envidiables porque la vida entre ellas siguió ligera. Por fin en paz. En libertad. Y como era de esperarse, después de muchos meses de trabajo comprometido en un protocolo de investigación, Violeta Tomas fue seleccionada para trabajar en una universidad en la Ciudad de México. Se sintió contenta, agradecida y bendecida. Lo gritó a los cuatro vientos. Más que merecido.

La pandemia puso a las personas y a las historias en su lugar. Las lecturas críticas que Violeta Tomas y Alicia habían hecho de los textos de Audreé Lorde sobre deconstruir al amor romántico y ser empáticas con los afectos entre mujeres quedaron en la teoría y en las buenas intenciones.

La opción que eligió Alicia fue la de experimentar el segundo duelo de su vida. Se sumergió en sí misma. Se cambió de departamento. Reconoció las fallas que fracturaron su relación con Violeta Tomas. Asumió el haber estado poseída por la pasión que provocó en ella estados de euforia, esperanza, desesperación y rabia. Antes de comenzar una terapia psicológica y de internarse en un refugio, Alicia sufrió ataques de pánico, los suficientes para ser diagnosticada con depresión mayor y una autoestima en el subsuelo. Pero no por ello dejó de escribir farsas, incluso se burla de sí misma. 

Se acabó. En este tipo de historias cotidianas no hay final sorpresivo. Sólo, ¿final feliz? Hasta la próxima entrega.

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