Réquiems paralelos

Por Sergio Alberto Cortés Ronquillo

Común que en el mundo audiovisual se vea una historia cuya adaptación sea afortunada en comparación a la original, que en múltiples ocasiones, es un libro. Y cuando se tratan de libros sobresalientes, entonces las expectativas son altas. Lo primero que debemos recordar, sin embargo, es que el discurso audiovisual es diferente al escrito, por lo que no podemos esperar que la película sea igual al libro porque, simplemente, es imposible. Los cambios son buenos siempre y cuando estén justificados. Veamos, por ejemplo, la adaptación Magistral (sí, con mayúscula) de los tres volúmenes de “El señor de los anillos” de Peter Jackson que, si bien es cierto, le quitó mucho, muchísimo contenido de los libros; la adaptación es una joya; sin embargo, si vemos lo que hizo con “El Hobbit”, pues… mejor nos hubiera mentado la madre. Sin embargo, aquí trataremos otra adaptación cuyos paralelismos son deslumbrantes: Réquiem por un sueño.

Hubert Selby Jr. escribió una novela que no solamente resaltaría por la crudeza y la brutalidad de sus letras, sino también por la narrativa misma. La novela, básicamente, narra la historia de sus protagonistas: Sara Goldfarb, una viuda cuya soledad la envuelve en una espiral de depresión pues su único hijo parece no prestarle la suficiente atención; Harry Goldfarb y Marion Silver son pareja, y ambos están tratando de perseguir su sueño cada uno como individuo, y los dos juntos; mientras Tyrone C. Love es el mejor amigo de Harry, y busca una forma de volverse adinerado rápidamente.

La novela trata de estas cuatro historias paralelas; y a pesar de que Harry y Marion son pareja, sus historias también son individuales. Lo que tienen en común todos los personajes es que caen en las drogas. No es una historia moralista que busca evitar el consumo de sustancias nocivas, no es un panfleto de salud pública; si bien, las consecuencias son catastróficas para todos, no busca informar sobre lo negativo de sustancias adictivas: narra la aparente subida que en realidad era un eclipse, y la caída precipitosa a la nada. No es fácil de leer porque no es fácil de comprender que se pueda vivir esto, sin embargo, ahí radica su realidad: en la brutalidad de la adicción. Tiene su paralelismo con Trainspotting; pero Selby escribe con una furia infernal.

Por su parte, Darren Aronofsky se hizo de renombre por una de sus primeras películas, Pi: el orden del caos por su propuesta cinematográfica original y única. Esta fue, de hecho, su segunda película, la primera es Protozoa. Su tercera película fue justamente la homónima del libro, Réquiem por un sueño, en la que destacó con esos sintagmas descriptivos previos al consumo de drogas de sus protagonistas. Aclaremos dos cosas antes de continuar:

  • Los sintagmas de Metz son las unidades que podemos usar para el análisis del cine, cada uno se refiere a un tipo diferente de enfoque de cámara, escena, o de forma de presentar la imagen que se muestra. Los que sobresalen en Réquiem por un sueño son: El sintagma descriptivo, que son imágenes varias que se muestran alrededor de un concepto (en la película, por ejemplo, son breves imágenes de las pastillas en la mano, en la boca, el agua para tragarlas), esto no se muestra todo seguido, sino en partes. El otro es el sintagma paralelo, que muestra dos historias sin aparente relación en su espacialidad ni temporalidad.
  • Los actores y actrices que hicieron un papel más que extraordinario en esta película son: Ellen Burstyn como Sara Goldfarb, Jared Leto como Harry, Jennifer Connelly como Marion Silver y Marlon Wayans como Tyrone C. Love.

¿Qué es lo que hace de esta adaptación una de las mejores cosas que se hayan visto en el cine y que, en comparación con el libro, resulta increíble también?

Darren no quiso solamente calcar el libro, sino que logró adaptar, transformar lo que se lee a lo que se puede ver y escuchar. No olvidemos el score hecho por Clint Mansell, una cosa que causa escalofríos. Entonces, el director no quiso, tanto como el autor del libro, traer una historia melodramática que nos aleccionara sobre cómo el consumo de drogas resulta nocivo: quiso darnos una historia visceral, algo que se quedara en la mente. Si bien, el libro se nos queda grabado por su brutalidad; la película hace lo mismo con su imagen, con la talla de las actuaciones, con los gestos de horror y pura desesperación. Cada uno, con su discurso, el escrito y el audiovisual; logró darnos una interpretación exacta y crítica de las vidas de sus personajes. La brutalidad es lo que aquí importa.

Es obvio que en el libro hay mucha más libertad para enfocarnos en la mentalidad del personaje: lo que piensa, sus justificaciones, sus motivos. En la película, al menos la parte interna, lo que pasa por su mente, generalmente es más complejo de realizar, pero siempre hay formas para lo mismo; sin embargo, Darren decidió no usar cuestiones como voces en off. Ambas novelas radican en su realismo, pero cada una lo logra con sus recursos específicos. El libro sí puede hacer el contraste de los pensamientos con lo que sucede en su realidad (en especial con el caso de Sara Goldfarb y su rehabilitación forzada: es escalofriante, te obliga a fruncir el ceño) en la película se logró con los sintagmas descriptivos anteriormente mencionados. Un par de segundos para mostrar, sin necesidad de voces en off, el antes y el después, y así, la densa psicología del personaje.

Podríamos decir, sin embargo, que hay lenguajes más “sencillamente adaptables”. Estuve hace poco en una suerte de conferencia literaria y nos tocó a los ponentes hablar sobre libros que serían atractivos para ser adaptados a serie de televisión. Todos llevamos libros que originalmente fueron escritos en inglés, y compartimos la opinión de que los escritos originalmente en español (libros de autores fuertes o reconocidos en ambos idiomas) serían más complejos de realizar. Yo, muy personalmente hablando, dudo mucho de la adaptación de Cien años de soledad que Netflix ha anunciado ya, pues el realismo mágico se me antoja muy, muy difícil de plasmar audiovisualmente. Sin embargo, esto no es un argumento sólido, es una opinión.

No quiero decir que, en consecuencia, todo lo escrito en inglés sea adaptable a lenguajes audiovisuales sencillamente: Darren Aronofsky logró tomar una obra, la de Hubert Selby Jr. que, aunque sea inglés, es sumamente complejo, y tuvo un gran éxito. No se enfocó en calcar un libro a la pantalla, sino en llevar el mensaje del escritor a la pantalla. Aronofsky usó sus recursos y los usó muy bien, logró mostrarnos que a pesar de que el libro incluso rompe con paradigmas literarios al estilo de Saramago (no respeta sintaxis) y rompió su propia sintaxis: en el cine hizo algo que no se había hecho y le quedó excelentemente.

El libro y la película son réquiems paralelos, y han quedado para la historia.

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