La vindicación del traidor

Aquel que sufre la mayor tortura,
dijo el maestro,
es Judas Iscariote,
cabeza adentro y piernas en soltura.

La Divina Comedia, Dante Alighieri

Es bien sabido que, dentro de la cultura popular católica, no existe peor personaje que Satanás quien, como amo y señor de las tinieblas, se configura como la némesis de Dios. Es una figura siempre temible, que, de una forma u otra, nos acerca a nuestro creador. Cualquier pensamiento impuro, pecaminosos o maligno, de esos que pueden invocar a semejante personaje, es seguido de una serie de rezos y oraciones que velen por el bien de nuestra alma y nos regresen gloria ante los ojos de Dios.

Sin embargo, sólo un peldaño debajo de Satanás, encontramos al traidor de traidores, Judas Iscariote, quien, con acuerdo a la Biblia, entre otros textos, entrega al hijo de Dios a los fariseos. Por supuesto, a pesar de que este personaje esta un escalón debajo del mismísimo Satanás, sus historias son completamente diferentes. En tanto que Satanás inspira terror, acercándonos así a lo divino, Judas evoca desprecio, miseria alejándonos de toda bondad o sentimiento de empatía hacia un ser humano que, simplemente, cometió un error. ¿De verdad cometió un error?

Es el literato argentino Jorge Luis Borges, quién nos ofrece, a través de su cuento titulado Tres versiones de Judas[1], una reinterpretación de los hechos que han llevado a creyentes, ateos y gnósticos a huir de la expresión: ¡Judas![2] En el antes mencionado cuento, Borges se vierte a sí mismo en el personaje de Nils Runeberg, como lo hace en muchos otros cuentos, ofreciendo algunas pistas como el país de origen del personaje, que suele coincidir con el del escritor, algunos datos biográficos, como su ascendencia en el caso de Guayaquil[3]. En otras ocasiones nos deja saber que es él, a través de los temas que le apasionaban, como el estudio de latín en el narrador desconocido de Funes el memorioso[4].

Regresando al Nils Runeberg, siendo “hondamente religioso” se atreve a escribir una vindicación de la historia de Judas, hecho, que con a cuerdo al narrador, escandalizaría a Basílides, Dante, Satornilo y Carpócrates entre otros, dado el hecho de que propone que Jesús es Judas. El primer fundamento que ofrece ante tal afirmación es que Jesús, obrador de milagros e hijo de Dios, no necesitaba de la traición de un simple mortal para cumplir su cometido y, sin embargo, la traición tiene lugar. Hábilmente, Borges ofrece un giro de perspectiva diciendo que, si consideramos que este hecho fue un error, entonces, Dios no es Dios porque Dios no se equivoca. Aquí podemos encontrar la primera versión de Judas. Judas el elegido de Dios para realizar la más vil y a la vez imprescindible de las tareas en la historia de la humanidad. Por supuesto, esto es ampliamente explicado con esa sutil pero poderosa sátira de la cual el argentino es capaz.

El segundo criterio que Runeberg plantea es que Dios exigía un sacrificio humano para otorgar redención al hombre. “Un hombre en representación de todos los hombres”[5] es así como viene Jesús al mundo y ofrece un sacrificio corporal, por el cual es bendecido, toma su lugar “a la derecha del padre”[6] y es alabado hasta nuestros días. En tanto Judas, tras llevar a cabo la tarea que le fue encomendada por Dios, es enviado al infierno y maldecido por los siglos de los siglos (amén).

El texto arroja una pregunta interesante, a la luz de las reflexiones anteriores ¿quién es el traidor y quién el sacrificado? He aquí una segunda versión de Judas: si Jesús le asigna a Judas una tarea a la cual, humildemente accede, para después ser abandonarlo a su suerte, entonces Jesús es el traidor y Judas el hombre que se sacrifica. Dos silogismos con un mismo final:

  1. Judas es un traidor
  2. Jesús traicionó a Judas
  3. Jesús es Judas
  1. Jesús se sacrificó por la humanidad
  2. Judas se sacrificó por la humanidad
  3. Judas es Jesús

Finalmente, Judas el traidor, se conforma como aquel que ha sido llamado por Dios para encargarle una tarea, ha sido olvidado en su afán y reducido al traidor, al que vendió al hijo de Dios por treinta monedas. ¿quién más sino Judas, el más humilde de los hijos de Dios, aceptaría tan denigrante tarea? No se creé lo suficientemente bueno para ser llamado a la santidad, al lado de la Divina Trinidad, se ennoblece en acatar esa vil tarea; la tercera versión de Judas es Judas el ascético. Noble, humilde, sacrificado y lleno de amor y compasión para los suyos y para con Dios, Judas evoca, nuevamente, a Jesús. “Judas buscó el infierno, porque la dicha del Señor le bastaba”[7]

“Dios se hizo totalmente hombre pero hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo. Para salvarnos, pudo elegir a cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia; pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurik o Jesús; eligió un ínfimo destino: fue Judas”[8]


[1] Borges, Jorge Luis. (2017). Ficciones. DEBOLSILLO. México.
[2] El nombre de Judas se ha resignificado, volviéndose una expresión utilizada para señalar a un traidor.
[3] Borges, Jorge Luis. (2012). El informe Brodie. DEBOLSILLO. México.
[4] Ídem. Ficciones, 2017.
[5] Ídem pág. 189.
[6] Afrimación que encontramos en la oración católica denominada “Credo”
[7] Ídem pág. 191.
[8] Ídem pág. 193.

Autor: Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades

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