Revelaciones

Por Luis Manuel Muñiz Sandoval / Imagen: Escape Artiste. Unsplash

Quien crea que me conoce debo revelarle que ha estado en un error. Me han pedido describirme más de una vez y siempre resulta algo distinto, aunque siempre soy el mismo, o eso suponía.

Quizá nada de lo que diga será suficiente para describirme o puede que carezca de veracidad en caso que busques conocer mi personalidad a fondo, y ni hablar de los pensamientos.

Entonces, para saber más de mí, deberás enfrentar la bruma toni-azul que habita mi cabeza; en alguna vida hubo quien intentó diseccionarla, sin suerte, esta nebulosa polimorfa cuenta con cada una de mis verdades más amadas, más odiadas y las olvidadas también.

Para llegar a ella primero, deberás internarte en lo más profundo de su hábitat, siguiendo el camino de polvo estelar, brillantina por doquier, inevitablemente te cubrirá por completo; seguirás recto hasta llegar al monzón que limpiará todo el glitter que encontraste pasos atrás.

Ahí, te pediré te detengas un momento, cierres los ojos y abras las fauces, aspires profundo y respondas ¿a que huele la memoria recién bañada?, hace ya un tiempo que no ando por esos lares, no sé si por pereza o miedo, pero ya casi no visito, tráeme un suvenir.

Para cuando llegues al final del camino, ella te estará esperando, tendrá preparada la mesa redonda de madera en el jardín delantero, dos tazas pequeñas color blanco y una cafetera de prensa con el brebaje listo para servir.

No te dirá nada, nunca dice nada, te mirará fijamente con su uni-ojo caleidoscópico, como analizando, buscando eso que no has dicho, pero sabes bien, lo oculto y secreto le apasiona.

Estando frente a ella, si te sientes capaz, podrás hallar el sentido y los porqués de mi ser; recuerda, ella está hecha del refrito de genes acumulados de generaciones extintas, impulsos pasajeros y la combinación de sangre a punto del hervor.

Si al final de tu travesía no se te ha permitido la definición final de mi yo, no desanimes aún queda una última opción.

Yo te pido ahora, eches un vistazo sonoro a la intermitencia de los latidos, ese único marcador de ritmos, armónicos a veces, atemporales casi siempre, pero acompasados, al fin y al cabo, es lo que me hace humano, y no necesitas saber más.