La conspiración de la que todos somos parte

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-Y juremos cumplir nuestro proyecto
Julio César, W. Shakespeare

Etimológicamente la palabra círculo proviene del latín circûlus, diminutivo de circus «cerco». En este sentido podríamos pensar al círculo no sólo como aquello que delimita, sino también, como aquello que contiene. Ha sido uno de los quehaceres del escritor argentino Jorge Luis Borges descifrar qué es lo que contiene un círculo.

Es bien sabido que el literato tiene fascinación particular por algunos temas concretos, uno de ellos es el tiempo y otro el infinito. Es dentro de estas cavilaciones en las que me atrevo a clasificar otro de los cuentos poco comentados de Borges, me refiero al texto titulado Tema del traidor y del héroe[1]. En este cuento, Borges actualiza el concepto nietzscheneano del eterno retorno de lo idéntico, logra empatarlo con la figura de los laberintos circulares y lo aplica a personajes ficticios, personajes históricos reales y personajes que son una mezcla de los dos anteriores.

Para comenzar sin revolturas, porque he de decir que el escritor gusta de confundir a sus lectores, comenzaré por hablar de la trama que entreteje nuestro autor. En el texto, una voz narradora relata la historia de un biógrafo llamado Ryan que, según se menciona, es el bisnieto de Fergus Kilpatrick, irlandés patriota y conspirador revolucionario que fuera “sospechosamente” asesinado. En ese “sospechosamente” esta la clave del asunto.

¿Qué cómo fue asesinado? Mientras asistía a una función de teatro, a manos de un desconocido, ¿te parece conocida la imagen de un héroe político que es asesinado al asistir a una función? Bueno, como dicen por ahí, cualquier parecido con la realidad, nada tiene de coincidencia. Es por lo que Ryan crea un paralelismo con la historia de Julio César a quién, al igual que a Kilpatrick, se le asigna una suerte de premonición antes de su muerte. En el caso de Julio César a través del sueño de su esposa, Calpurnia, en tanto que, a Kilpatrick, se le encuentra una carta cerrada en donde se le avisaba del peligro que corría. Dadas las similitudes entre las historias, Ryan piensa en la trasmigración de las almas y propone que Fergus, antes de ser Fergus, fue Julio César. Un alma que una y otra vez venía a este mundo a cumplir el mismo destino, es aquí donde podemos vislumbrar por primera vez, la figura del círculo y su representación cíclica infinita.

Sin embargo, algo hace dudar al biógrafo, un detalle minúsculo pero que parece poner en evidencia un círculo aún mayor del que el narrador plantea al inicio. Antes de morir, Kilpatrick cita un verso del Macbeth de Shakespeare. Borges, haciendo uso de su increíble manejo del lenguaje, pone en “entre dicho” la historia y, por ende, a todos los que la han narrado, escribiendo: “que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible…”[2] ¿Cuántos y cuántos pasajes históricos habrán sido tramados a través de una conspiración sin que lo hayamos notados incluso en nuestros días?

Fiel a su propósito, nuestro biógrafo continúa indagando hasta investigar que James Alexander Nolan, el más antiguo y fiel compañero de Kilpatrick, ha traducido los principales dramas de Shakespeare, entre ellos Julio César. De una forma magistral, Borges incluye en la trama dos versiones del emperador, El Julio César de los libros de historia y el Julio César de Shakespeare. La historia de la esposa y el sueño premonitorio, la historia de la trasmigración de las almas ¿a cuál de los Julios César se refería? Borges nos muestra el lado más oscuro de la historia y sus historiadores.

Finalmente, Ryan descubre la verdad tras el “sospechoso” incidente: Nolan descubre que Kilpatrick los ha traicionado. El héroe de la patria es un traidor y no le espera más destino que la muerte. la pregunta sobre la mesa es ¿cómo matarlo para que el pueblo no sienta que la sangre, el sudor y las lágrimas han sido en balde? Bueno, de la forma más fácil, asegurándose de cómo se escribirá la historia. Los ahí presentes, incluidos Nolan y Kilpatrick, maquinan un plan infalible: Kilpatrick asistirá a un par de eventos perfectamente planeados, recitará las palabras tal cual Nolan (ampliamente instruido en literatura) las ha escrito para él. Después acudirá al teatro donde un desconocido le dará la muerte más heroica y patriota jamás vista.

Gente del aforo, invitados, asistentes, el asesino y la policía están coludidos y participan del plan. Tal como sucedió en su momento con Julio César y Abraham Lincoln tiempo después. ¿Traidores convertidos en héroes? Nadie lo sabe a ciencia cierta, todos murieron “sospechosamente”. Al final, Ryan se sabe dentro del complot, jurando que el descubrimiento de los hechos también estaba previsto. Haciendo alarde de su linaje decide guardar el secreto y escribe un libro en honor y gloria del héroe.

Dentro de esta trama, también circular, es de destacarse que el autor, en esta ocasión, no escribe en primera persona sino en tercera. Relata la historia a través de los ojos de un narrador, pero da pie a pensar que él mismo está tratando de descubrir y escribir sobre el misterio resuelto por Ryan y del mismo modo que él, tomará su lugar en el círculo de la repetición infinita y se volverá parte de la conspiración, así como toda persona que lea el cuento.

Es así como Borges nos presenta estos ciclos históricos que se repiten una y otra vez en el eterno retorno de lo idéntico propuesto por Nietzsche, reforzando la figura metafísica del círculo, de lo eterno y tal vez de lo sagrado. El destino que pereciera que construimos en realidad ya ha sido decidido. ¡Que así se escriba, que así se haga!


[1] Borges, Jorge Luis. (2017). Ficciones. DEBOLSILLO. México.

[2] Ibídem. Pág. 151

Autor: Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades