Soy todo el hombre

Abandono

POR: MARCO ANTONIO REYES POMPEYO

“Soy todo el hombre
El hombre herido por quién sabe quién
Por una flecha perdida del caos
Humano terreno desmesurado”
—V. Huidobro.

Flotar, como cualquier cosa que pesa menos que la masa que lo soporta, deambular sin propósito; abandonarse al mundo en la inercia propia del que desea no desear más y halla tormento en ese ínfimo y paradójico deseo. Cerré la llave de la que manaban las palabras deseoso de hacer menos, de flotar en la economía del silencio. El mayor bien es sencillamente el menor daño.

Tracé una línea y allí marqué todas las veces que abrí los ojos y los cerré; descubrí, la verdad que anunció el poeta, que había existido y en cada una de esas marcas había hecho daño. ¿Habrá alguien por aquí que al revisar sus huellas no se horrorice por los litros de agua que se perdieron en su bistec, en el aseo de su pantalón, en las veces que se lavó las manos para limpiar la suciedad que nunca cesa?

Si tenía qué desafiar algo era a mí mismo, a la facilidad con la que se consigue el éxito, a la sencillez del triunfo y de la bonanza del capital. Yo quise fracasar como estaba escrito en el eclipse que me vio nacer, a ser la sombra del perro que soy.

El abandono no es el triunfo dialéctico, es la sensatez del menor daño, el equilibrio de lo mismo y no ganancia dialógica (dia-logos) o polémica (pólemos). El abandono es el consuelo de sentirse útil en este pequeño segundo del antropoceno. Pasa todo y no pasa nada.