El club de los humildes

Hospital
Anton. Unsplash

Por Adrián Lobo

Según todas las formalidades la denominación correcta es “eventuales”. En la práctica yo nos llamo “El club de los humildes”. Y no tiene nada que ver con clasismo o discriminación alguna de mi parte hacia nadie. Aunque se me quisiera acusar de ello sería una imputación insostenible; resulta que “El club de los humildes” lo integran lo mismo enfermeras, camilleros, médicos y personal administrativo. Eso hablando específicamente, como siempre, de el H.G.D.A.V., porque seguramente en otros centros de trabajo de los S.S.O. hay trabajadores eventuales que pertenecen a diferentes categorías, que hay muchas.

Los eventuales de “El club de los humildes” somos los olvidados, los ninguneados, los excluidos, los últimos y hasta los vilipendiados. No olvidemos que el 3 veces 3 secretario de Salud, el Dotorcito Juanito Díaz Pimentel, impuesto por Murat a Muratito para “poner orden” en los S.S.O., nos tachó de aviadores y amenazó con corrernos. Somos también los resentidos. Pero no, no puedo hablar por todos, que hay muchos resignados, así que corrijo: Soy un trabajador eventual resentido. Con los Servicios de Salud de Oaxaca y con el Gobierno del Estado, principalmente. Además la envidia me corroe y los celos me consumen, no me avergüenza decirlo abiertamente. Sucede que se comenten muchas injusticias contra nosotros, “Los humildes”. 

La lista de agravios es larga, puedo nada más como ejemplo mencionar que a principios del mes de noviembre de 2019, días festivos por tradición, se otorgaron 3 días de asueto para el personal, con la excepción, claro está, de los eventuales: No nos tocó un solo día de descanso. Pero bueno, hay que trabajar si no la casa pierde. Sin embargo fue la primera vez que ocurrió, ni sería la última tampoco; ese mismo año, en el mes de abril se declararon como festivos tres días en ocasión de la Semana Santa y de los cuales no gozamos tampoco los eventuales de ese privilegio que otros tienen, ni uno solo. Para acabar pronto diré que ni siquiera el 15 de octubre, día del empleado de los S.S.O., fuimos considerados entre los que disfrutaron de ese día de asueto. 

¿Qué es lo que sucede? ¿No somos empleados de los S.S.O.? No, bueno, lo somos, pero de los humildes.

No voy a mentir ni quiero hacerme la “vistima”, ese día festivo que tenemos que trabajar origina un adeudo, una promesa difícil de cumplir muchas veces, quiero decir que descansaremos otro día, que en algún momento de la vida “nos pagarán el tiempo”. Es difícil “cobrarlo” porque siempre falta personal, la plantilla casi nunca está completa, por diversas razones. A veces pienso que lo único que falta es que se pida que uno programe con un mes de anticipación los días que tendrá una emergencia o un contratiempo que amerite un día libre. Ah, pero eso sí, cuanto a uno le piden hacer una guardia extra casi siempre es de último momento. En fin.

Yo ya estaba pensando: “Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?”, cuando mi Chapulín Colorado personal apareció, en los medios anunciando un aumento del  5.1 % a los trabajadores del sector salud, aunque teóricamente creo que todavía no estamos “federalizados”… pero esa es otra historia… De todos modos pensé: “¡Bien! Una de cal…”. Y el aumento tardó en hacerse efectivo. Y tardó y tardó, pero, ¡no hay problema! Porque se aplicaría en forma retroactiva al mes de mayo de 2019. Todo parecía ir bien, finalmente un poco de luz en la oscuridad. Y luego vino la decepción, nuestros… (en realidad mis) castillos en el aire terminaron por derrumbarse. 

El incremento en el salario no aplica para los eventuales y por ende el retroactivo tampoco. Y la razón es aparentemente simple y válida: nuestra relación laboral se rige por el contrato que tenemos firmado en forma individual, el cual establece condiciones diferentes a las que regulan la del patrón con formalizados, regularizados y basificados. Hay compañeros que ven en todo esto como una división de castas, con el personal de base hasta arriba de la pirámide, seguidos de regularizados, formalizados y hasta abajo, los de maltrato… de contrato, quise decir…

Sigo pensando que no sólo es injusto, es ilegal. Me parece que los eventuales, de cualquier área, sean enfermeras, camilleros, médicos, administrativos o lo que fueren, tienen asignado el mismo código presupuestal de sus subalternos formalizados, regularizados y basificados, tienen las mismas funciones y responsabilidades pero no los mismos derechos, ni siquiera ganamos todos lo mismo. Ese argumento de que nuestro contrato es diferente y estipula condiciones distintas es inadmisible cuando en los hechos se demuestra que se cumple la condición establecida en la Ley Federal del Trabajo donde dice “a trabajo igual, en condiciones de eficiencia iguales” para que se corresponda un “salario igual”. 

El 15 de noviembre del pasado 2019 a los elegidos les hicieron efectivo el aumento y el famoso retroactivo, les pagaron además un bono-de-no-sé-qué, creo que se llama “De asistencia perfecta y puntualidad”, que no es otra cosa sino una gratificación por ir a trabajar, así es, tal y como se lee, es casi increíble, ¿no es cierto? Y les dieron el ya tradicional anticipo a cuenta de aguinaldo, ya sabe usted, para aprovechar “las ofertas del buen fin”. ¿Y los eventuales? Pues seguimos chiflando en la loma, a ver hasta cuándo nos hace justicia la revolución. O la cuatroté.

Lo más reciente es que en este 2020 el gobierno del estado  ofreció, nosotros no  lo pedimos, que conste, lo que dimos en llamar “Bono – COVID”, para los trabajadores que seguimos en activo durante la pandemia, ya que desde hace meses un grupo de trabajadores, los más susceptibles de enfermar gravemente en caso de contagio, que padecen hipertensión, diabetes y los mayores de 60 años, se retiraron a un confinamiento preventivo. Seguramente ya adivinó usted a dónde voy; es cierto, a los eventuales, que no dejamos de trabajar e incluso llevamos acumuladas una buena cantidad de guardias extra, no nos incluyeron, a los sindicalizados se les pagó el día 25, como fue anunciado, nosotros, en realidad quizá sólo sea yo, hasta ayer 28 de septiembre del 2020 esperábamos que hubiera algo, pero no . De hecho en un principio quisieron limitarlo a lo que en el gobierno del estado llamaron “aquellos que están combatiendo directamente la pandemia”.

Obviamente estamos aquí por elección, estamos aquí por voluntad propia, nadie nos obliga y de ser otras las condiciones si a alguien no le resultara conveniente podría buscar alternativas. Pero dadas las condiciones actuales en el estado, sin ir más lejos y no hablar del país completo, por más que el politi – júnior – mirrey que representa a su papi en el gobierno del estado diga que estamos súper, la realidad es que las únicas alternativas que hay son: Unirse a las filas de la informalidad o buscar un empleo “formal” en la iniciativa privada. Y de las dos no hay ni a cual irle: En la IP los sueldos son menores y la explotación mayor; te meten a un esquema de outsourcing para no tener que darte prestaciones o se inventan que eso es una cooperativa y te dicen que eres “socio cooperativista” y así no tienes derecho a un sueldo, lo que te paguen será “a cuenta de rendimientos” o algo así. 

Acá las jornadas de trabajo al menos son apegadas a la ley, de 8 horas, allá son en promedio de 10 y hasta de 12, sin ningún tipo de compensación; acá tenemos dos días de descanso por semana, allá es uno; acá tenemos vacaciones, allá no lo puedo asegurar, y sin duda ganamos un poco más, así es que al menos de los males padecemos el menor. Pero de todos modos da coraje, dígame usted si no: No tenemos seguridad social, no tenemos prestaciones ni certeza laboral, ni siquiera nos dan uniformes (por cierto que a “los consen” cuando no les dan los uniformes les dan el dinero en efectivo), pero nos fregamos tanto o más que los compañeros sindicalizados. Y ahora con lo de la pandemia todos hemos estado igual de expuestos puesto que pacientes de COVID hay en todos los servicios, así es que todos los que trabajamos en el hospital hemos estado directamente combatiendo la pandemia.

Ya que somos tantos en el club podríamos tal vez crear nuestra propia asociación para velar por nuestros intereses pero una gran parte de quienes he visto expresar su opinión son muy pesimistas ya que significaría enfrentar monstruos, gigantes que nos podría aplastar con cierta facilidad, asfixiándonos: los sindicatos. El mayor es el S.N.T.S.A. que tiene alcance nacional. Otro que es nacional pero aún con pocos afiliados es el F.N.T.S.R.M., que  se precia de ser diferente, quizá lo sea realmente porque ahí sí aceptan afiliar a trabajadores eventuales y de confianza.

Localmente hay al menos uno independiente y creo que otro pretende surgir, aunque parece que arrastra tras de sí una sombra de dudas. Así es que las perspectivas de un enfrentamiento no parecen mostrar resultados positivos, ¿qué queda entonces? Una alternativa sería negociar, algo así como vendernos al mejor postor, ofrecernos en bloque para fortalecer de alguna manera al sindicato que nos ofrezca más ventajas, pero de momento no tenemos fuerza y a ninguno parece interesarle mucho hacerse con nuestra membresía. Y al menos al S.N.T.S.A. que está entrando en tiempos electorales, le conviene más quedar bien con sus agremiados actuales. 

Además implica cierto riesgo porque parece ser que los “logros” de cada uno de los sindicatos para sus agremiados son mutuamente excluyentes, así es que si te vas con melón o con sandía sólo tendrás melón o sandía, no podrías ni siquiera probar el jugo de la otra fruta, ya no digamos darle un mordisco, eso colocaría en una situación de ventaja al más antiguo y grande, por mucho tiempo el único, el S.N.T.S.A. que en última instancia podría asumir una actitud de soberbia, como diciendo: “¿Ah, se van? Bueno, ustedes se lo pierden y yo me lo ahorro”. Aunque por otro lado los de enFRENTE dicen que es falso, que las prestaciones y todo eso las da el patrón y no sindicato alguno.

Por eso me causa mucha curiosidad saber qué va a pasar cuando finalmente el gobierno federal arregle nuestra situación laboral, ya no digamos que nos hagan de base, con que se inventen alguna chapuza como hicieron aquí al crear las categorías de “trabajador regularizado” y “trabajador formalizado” quizá sería suficiente, lo que quiero decir  es que a final de cuentas eso va a pasar, sí o sí. 

Lo interesante será ver qué harán los sindicatos cuando ya seamos empleados con todos los derechos, con voz y voto, ¿van a negociar para que automáticamente pasemos a ser afiliados  al S.N.T.S.A.? ¿Entonces, de repente, seremos interesantes? Creo que eso es lo más probable. ¿O emprenderán todos una agresiva campaña de afiliación masiva, disputándose nuestra atención? Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, lo que creo que significa que se debe tener paciencia para obtener una revancha, en mi caso la mejor revancha personal que podría tener es que vengan a mí ahora ellos, a nosotros, a pedir nuestro apoyo. Sería entonces una buena oportunidad para sonreír por lo bajo y aprovechar para, como decía una tía, castigarlos con el látigo de nuestro desprecio desde el balcón de nuestra indiferencia. Pero, quién sabe si realmente sea posible. Espero que sí.

Mientras aguardo, sólo Ella Fitzgerald & Duke Ellington logran hacer que olvide un poco, ellos y mis esperanzas (mi familia) me animan, así que de camino al trabajo me pongo los audífonos y selecciono en la aplicación del reproductor musical aquella pieza que dice:

It don’t mean a thing, if it ain’t got that swing
(doo-ah, doo-ah, doo-ah)
It don’t mean a thing all you got to do is swing
(doo-ah, doo-ah, doo-ah)
It makes no difference if it’s sweet or hot
Just give that rhythm everything you’ve got!

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