1978

Por Morgendorffer

Maidana vio la convocatoria de una revista literaria para escribir un cuento sobre la rifa del avión presidencial y quiso participar. Hace años que no escribía, lo último fue aquel fallido intento de novela. Lo inocuo de la vida cotidiana le impedía retomar sus labores literarias. Sonrió ante la posibilidad de ganar y disfrutar las mieles del éxito. Al dirigirse al trabajo pasó por una papelería a comprar lápiz y papel, con la creencia de que estos nuevos tótems no vendrían con la carga de fracasos anteriores. 

El concurso salió a partir de una noticia que se suscitó en días pasados; el avión presidencial sería rifado en un sorteo de lotería. La decisión del Presidente se dio a partir de una crítica que hizo a sus antecesores por la opulencia de la aeronave. El utilizarla iría contra la política e imagen de austeridad que buscaba proyectar su Gobierno. Al no encontrar comprador y no querer cubrir gastos de arrendamiento se puso en la palestra rifarlo para que cualquier ciudadano pudiera ganárselo. 

La idea causó que durante días sólo se hablara del tema. Los detractores rabiaban y los aduladores aplaudían ante la posibilidad dada. En las calles, trabajos y hogares se debatía si esto era genial o ridículo cual si fuera una obra de arte contemporáneo. Esto hacía que Maidana se cuestionara sobre si el tono del cuento debía ser político o no. Por un lado, podría impulsar su agenda anarquista, pero el clima social sólo permitía lecturas en blanco y negro, reduciéndolo irremediablemente a pro o contra. La libertad estaba en la fantasía, explorando el tercer aspecto de la dicotomía. 

En el trabajo, escuchaba la conversación de dos secretarias que aún no dejaban el tema y cada día llegaban con una nueva idea o un lugar a donde ir si tuvieran el avión. Las jóvenes iban desde lo pragmático hasta lo más pintoresco; venderlo a un gobierno extranjero o a un excéntrico millonario para ganar dinero, viajar alrededor del mundo, vivir en él, convertirlo en un negocio, usarlo como su transporte diario para dejar a sus hijos en la escuela o hacer la compra diaria. 

Al salir de la oficina Maidana decidió caminar a casa, aunque esto multiplicaba por tres el tiempo del recorrido. Quería observar la ciudad, transitar las calles imaginando un avión sobrevolándola, atorado en el tráfico, pasándose un alto, estacionado en doble fila, saliendo de un estacionamiento, cediendo el paso, ladeándose para evitar un bache, despegando para ir a las afueras de la ciudad. Al principio sería una extrañeza a la cual nos acostumbraríamos eventualmente, como todo. Ya en casa, se dispuso a preparar su lugar de trabajo. Luz, música y sus nuevas efigies sobre el escritorio, invocando una suerte de feng-shui. Afortunadamente tenía la primera frase y no tuvo que enfrentarse a la temible hoja en blanco, aquella que le derrotó tantas veces en el pasado. Ahora sólo faltaba terminar el cuento. 

Después de un largo rato rondando a la presa, decidió ayudarse de sí mismo, adentrándose en sus archivos, quizá tendría alguna historia inconclusa que pudiera adaptar. Primero fue por su Laptop, mientras encendía se preparó un café, esperando mantenerse despierto toda la noche. Revisó carpeta por capeta, nada, todo lo eliminaba permanentemente. Probó con viejas memorias y discos, pero tampoco, las fallas no se habían digitalizado. Después pasó al archivo físico, conservaba una caja con libretas y papeles sueltos. Los empezó a mantener desde su adolescencia, con la creencia de que en el futuro servirían para ser estudiados, exhibidos o incluso para publicarse como trabajos de juventud. Revisó libreta por libreta, sólo había frases, medias páginas, diarios de una semana y un sinfín de papeles vacíos. Era el resumen de década y media intentando escribir, dos o tres veces por año repetía el proceso con los mismos resultados, pensando que en algún intento obtendría algo diferente. 

Abogando a una fuerza de voluntad resquebrajada, y entregándose a un poder superior, volvió a la hoja. Primero debía delinear un personaje, talvez un hombre de familia bonachón, que a pesar de sus múltiples esfuerzos no podía sortear la precariedad de su situación, ganar el sorteo lo catapultaría a la fama y la fortuna, pero después de una serie de eventos sus valores se verían amenazados y humildemente debía regresar a ellos. O pudiera ser una mujer, una abnegada madre que sortea distintos obstáculos impulsada por los deseos y ambiciones de los que la rodean, chocando de frente con su propia felicidad. Una oficinista aburrida o un viejo en sus últimos días también podrían figurar como protagonistas. Se decantó por la mirada de un niño.

Desde la inocencia y la imaginación sortearía las obviedades temáticas del realismo. Tomó la hoja y titubeante continúo: … María emocionada corrió a la habitación de su hermano Juan a darle la noticia, el proyecto podía continuar. Los dos niños entraron al sorteo de lotería con la esperanza de obtener el premio y así poder continuar con su operación rescate. El verano pasado descubrieron ondas sonoras que procedían de Ío. Parecían simples sonidos ambiente, pero después de un estudio minucioso comenzó a tomar forma de mensaje críptico. 

Semanas después, descifraron lo que era una señal de auxilio. 

Un cosmonauta se había perdido en una misión en el año 1978, dada la secrecía con que se manejaba la URSS, no se dio noticia de ello, por no querer revelar ni el carácter ni lo fallido de ésta. Los hermanos alertaron a sus padres, maestros y enviaron un montón de misivas a presidentes, secretarios, científicos y académicos. Al no obtener respuesta, decidieron tomar el asunto en sus propias manos. Comenzaron haciendo el diseño de la nave y un listado de los materiales que necesitarían. En los siguientes días iniciaron con la recolección en basureros, depósitos de chatarra, camiones de recolección, tianguis, bazares, etc. Tomaron posesión de una bodega abandonada, donde clasificaban y almacenaban las piezas. 

Un día, regresando de la escuela, Juan escuchó la noticia de la rifa del avión en la radio. Durante la comida lo comentó con su hermana y acordaron participar, venderían los desperdicios y junto con sus ahorros comprarían la mayor cantidad de boletos posibles. Llegó el día y el rumor se esparció por todo la colonia, causando gran conmoción. La entrega de la aeronave se daría en las canchas de futbol. A los alrededores se organizó una masiva verbena popular, los medios de comunicación se arremolinaban en torno al Presidente, quien entregaría el premio, los niños salieron a su encuentro. Se tomaron las respectivas fotografías, los videos invadían la red y la televisión. Fue el turno de hablar. Después del discurso del mandatario, María tomó la palabra y explicó el carácter de urgente de la situación, convocó de nueva cuenta a trabajar conjuntamente en el rescate del soviético, recibiendo sorpresa y duda. Se despidió junto con su hermano y se dispusieron a trabajar. Fueron trayendo el material y el equipo, mientras los demás celebraban en su nombre. 

Durante los siguientes días, algunos escépticos se acercaron, revisaban los estudios y análisis, otros tomaban las herramientas. Pasaron algunos meses, la nave estaba lista. La tripulación comandada por los hermanos García despegó el martes 20 de octubre. Se formó otra gran celebración ese día. Su madre los persignaba mientras su padre secaba sus lágrimas. El párroco local bendecía el cohete y los vecinos aplaudían durante el abordaje. Hubo silencio durante la cuenta regresiva. Empezó ascender, algunos trataron de alcanzarlos con fuegos pirotécnicos, pero ya habían ingresado gentilmente a la noche. Ansiosos, esperamos su retorno. Maidana miró por la ventana los primeros rayos de sol, en su escritorio una hoja de papel con algunos garabatos y la frase: “Cuando despertó, descubrió que había ganado el avión presidencial”