Guadalupe Nettel: una mirada de los discriminados o la metáfora de lo indecible

Pido la palabra

Involucramientos y diversidades

Por Vica Rule

Estimados lectores considero que el espacio literario ya sea, cuentos, novelas o poesía nunca es un espacio neutral ni apolítico porque la forma literaria responde a una materialidad histórica y a una condición existencial, el titular del texto o autor no escribe desde un lenguaje aséptico ni indiferente a lo social o histórico. Más allá de las clásicas polémicas en torno a ¿Qué es la literatura? (1948). El significado político de la literatura no sólo es el contenido político en un sentido episódico o anecdótico, tiene que ver con el

 uso selectivo del lenguaje. Me explico: el escritor usa el lenguaje común pero transformado y hechizado desde una subjetividad plenamente individual. 

La lectura de la obra tiene el mismo carácter histórico aun en tiempos de “post verdad”, de hecho, la “post verdad” es una postura política e ideológica, por eso cada quien o cada lector interpreta lo que quiere de una obra literaria. En el caso específico de las novelas de la mexicana Guadalupe Nettel (Ciudad de México,1973) hay una amplia variedad de lecturas que reducen y simplifican su trabajo literario a lo meramente biográfico en menoscabo de lo simbólico, lo literario y lo político.

Por ello me pregunto: ¿Desde dónde escribe Guadalupe Nettel en una novela como El cuerpo en que nací (2011)? A diferencia de otras escritoras de su generación que lo hacen ubicadas en el nihilismo y la resignación frente a la catástrofe civilizatoria, me parece ella lo hace desde un espacio de la resistencia interior y colectiva anclada en la noción del cuerpo: un cuerpo marcado y señalado por la diferencia estigmatizada con otros cuerpos.

Es decir, parte de un corte crítico que, necesariamente, es un posicionamiento político y un reconocimiento del territorio desde donde ubica su discurso narrativo. Ese locus enunciativo, en el desarrollo de esta novela/biografía, es su propio cuerpo, un cuerpo mirado desde la abyección producida por el desperfecto y la anomalía: “Nací con un lunar blanco, o lo que otros llaman una mancha de nacimiento”. Ese ojo manchado y deficiente funciona como el epicentro que despliega la narración y el ejercicio de la memoria por parte de la autora.  

Guadalupe Nettel no se limita a mirar el mundo desde un solipsismo de la conciencia personal o temporal, El cuerpo en que nací no es una novela monológica, aunque lo parezca, no es la presencia omnímoda del autor porque hay un reconocimiento de los otros cuerpos con sus propias formas de abyección “tenía compañeros con otros tipos de anormalidades”. 

Desde esa mirada de la infancia, la escritora aborda el tema de la discriminación a partir de un adentro de su propio cuerpo y el de otros cuerpos segregados: “era la primera vez que me enfrenaba a la segregación de personas ´diferentes´ o, como suele decirse todavía con algún ´defecto´”. Por ello, hay un doble campo de tensión entre los cuerpos ubicados en la abyección y los cuerpos normales, entre esos cuerpos de la infancia y “los métodos de tortura” aplicados por los adultos, como parte del proceso de integración y “normalización” a la sociedad.

Por otro lado, la evocación de la infancia y de la subjetividad que la integra es una especie de entramado paradójico construido por la autora porque habla desde el lugar del silencio que simbólicamente es la infancia. Las páginas de esta novela, de igual manera, son el recorrido por una infancia de la lectura, una memoria de lo vivido y una memoria que se despliega en lo textual, en el desbordamiento de la escritura y en las referencias que la niña protagonista hace de las obras de Cortázar, de Wilde, Carreño, o García Márquez entre otros. 

En El cuerpo en que nací la infancia puede ser el espacio de las cicatrices y el dolor; el dolor mirado en los otros a través de la mirada fresca y critica de los niños. En ese sentido, Ximena, hija de exiliados chilenos en la ciudad de México que termina prendiéndose fuego con las pinturas que utilizaba para hacer sus cuadros, es el personaje que contiene el trazado de lo biográfico, lo artístico, lo político y lo simbólico que explota en la experiencia de la locura. Igualmente, con Ximena se aprecia una estructura narrativa en varias capas; el nivel biográfico representado por la voz narrativa, la memoria de la lectura y lo escritural, la conciencia existencial o epocal, el armado paradójico; la lectura y la ceguera, el padre libertario y la cárcel.

Finalmente, entre la máscara y la transparencia, la autora elige el lugar de la transparencia de lo mirado. Más allá de cualquier simulación, o maquillaje de la memoria elige: “hablar de lo que no queremos hablar, de lo más íntimo y personal” o como dice el investigador Oswaldo Estrada, en Ser mujer y estar presentes, disidencias de género en la literatura mexicana contemporánea (2014) Nettel habla “del México feo pero existente”. Y desde El Huésped (2005) Ana, la protagonista visibiliza lo indecible:” Esa fue la primera vez que lo vi, en plena representación de su drama, pobre entre los pobres del vagón, más deteriorado que nadie.”. 

Ese ejercicio de otredad y de un “yosotros” de la autora, igualmente, aparece En el cuerpo en que nací porque habla desde el reconocimiento y la empatía con ese México olvidado y profundo, el visibilizado por los zapatistas en 1994, el México de los de abajo y de los olvidados. Cuerpos doblemente arrojados a la abyección de lo precario y lo anormal. Por eso, considero que el mundo narrativo de Guadalupe Nettel contiene muchos otros mundos a partir de la construcción de una metáfora de lo indecible. 

Estrada, Oswaldo. Ser mujer y estar presentes, disidencias de género en la literatura 

|           mexicana contemporánea. UNAM, 2014

Nettel, Fernanda. El cuerpo en que nací. Anagrama, 2011

Sartre, Jean-Paul. Que é a literatura?. Editora Vozes, 2020.