La señora Carnitas tiene hambre de amor

maría niño
Foto. Instagram de la autora

Por Natasha Rangel / @coyotedeventanas 

…y el cielo contemplaba la osamenta soberbia
lo mismo que una flor abrirse.
Tan fuerte era el hedor que creíste que fueras
sobre la hierba a desmayarte.

Los insectos zumbaban sobre este vientre pútrido,
del que salían negras tropas
de larvas, que a lo largo de estos vivos jirones
—espeso líquido— fluían.
Charles Baudelaire

María Niño todavía recuerda el olor a queroseno y los retorcijones viscosos de los gusanos en el pellejo de la señora Carnitas. 

La escultura ahora reposa en un clóset de su casa, reseca, pero con la invitación intacta y silenciosa, aunque ya nadie pueda verla. 

¿Quiere tetica?

El concepto de la pieza se le ocurrió durante una asignación para Tridimensional II, una materia del pregrado. María quería hablar de la celebración de la carne y del cuerpo: «La asociación cuerpo/carne creo que fue bastante fácil y pensé que sería interesante ese material para una pieza escultórica. Quise hacer una señora y se me ocurrió hacerla de yeso, pues ya había trabajado con él y sabía cómo aproximarme a su construcción».

Pero la obra le puso cierta resistencia al principio: se requiere paciencia para trabajar estructuras, y cada vez que empezaba a armar su proyecto, el material no aguantaba y se desmoronaba poco a poco. Estaba a punto de rendirse cuando Fabio Rincones, su pareja y artista visual multidisciplinario, llegó al rescate.  

Luego vino el otro desafío: la carne. Conseguirla no fue problema. Ella y Fabio recorrieron varias carnicerías de Mérida, la ciudad donde residen, y pidieron los pellejos que la gente suele buscar para hacer la comida de sus mascotas. Además, María compró un solo bistec para tener un apartado completo en rojo sobre la base. El detalle estaba en que la artista le tiene asco a la carne cruda y no era amiga de los fogones: «Yo no cocino y esa fue la primera y última vez que manipulé carne cruda, fue bastante desagradable». 

Entre los pellejos había retazos de pollo y este, en particular, suele oxidarse rápido, lo que le hace desprender un hedor incómodo. «El olor me traumatizó por un tiempo y pensaba que todo olía a carne podrida en la casa». La señora Carnitas ya se anunciaba como una creación inolvidable, al menos desde la memoria olfativa.

Para ver una foto de la pieza ¿Quiere tetica? —nombre original de la señora— en el feed de María (@anitosangrante) hay que hacer scroll y repasar todo el panteón rosa de sus creaciones inspiradas en el “porno de abuelitos”. Un surf visual de senos chorreados, ligueros que remarcan tripas abultadas y flojas, expresiones de placer, abrazos sugerentes y varios “anitos” inflables que encuentran el gozo en la flatulencia. El usuario de AnoSangrante lo estrenó años atrás en un blog con el que inició su investigación en torno a la pornografía y sus categorías. Se decantaba en especial por la pornografía transexual, escatológica y de adultos mayores. Así empezó a coleccionar imágenes que iban entre porno duro e iconografía de internet. Aquel fue el germen de lo que, en la actualidad, es un remate casi inseparable de su trabajo.     

Desmitificar el cuerpo ignorado, la emancipación anal, el diseño de objetos que generen interacción y la exposición de este contenido a través de la pornografía son parte de la búsqueda artística de María, que en 2018 se llevó el galardón del público con la instalación Anito Penetrable Inflable, en el marco del Premio Eugenio Mendoza #15, un salón de confrontación para artistas menores de 40 años que organiza la Sala Mendoza desde 1981.

En medio de las explosiones de tonos pasteles en el perfil de Instagram, la señora Carnitas irrumpe con un amago de sonrisa y una pinta que tal vez habría sido más propia del universo de Silent Hill. La imagen, sin embargo, pone a dialogar la época universitaria de Niño con el estilo consagrado.

La María del pasado no lo sabe, pero, mientras repite sus acciones en una escena reconstruida por la imaginación, está reviviendo el acto apócrifo en que Dios hizo a la tercera esposa de Adán. María cubre la base de yeso con los pellejos y los rocía con queroseno para evitar que se pudran. Agrega también una faldita con un pedazo de encaje rojo que tenía guardado, para insinuar un dejo de coquetería. Le interesa que la señora se vea tierna ante el público. 

Pero no funcionó, como tampoco le funcionó a Dios haber hecho a una compañera hermosa para el hombre: Adán despertó mientras el Todopoderoso estaba creando a su pareja, que cobraba forma lentamente en el suelo del Edén. Adán vio los huesos, los cartílagos, los músculos todavía sin piel, los órganos. Y la visión lo horrorizó. No pudo aceptar a esta nueva esposa, ni siquiera cuando estuvo completa. Jamás le dio nombre.

Y la pobre señora Carnitas, que había nacido de la idea de inspirar festividades carnales, estaba por generar una reacción similar entre sus espectadores. La perspectiva de su carne expuesta, casi carroñera, resultó sobrecogedora para algunos. Desagradable, en lugar de frágil o capaz de producir ternura.

«Yo la veía tierna ahí, ofreciendo tetica, pero la gente no la veía así. Muchos me dijeron que ‘eso’ no era tierno, que era asqueroso; cosa que me llevó a replantear muchos aspectos de cómo abordaba mi obra. Si yo quiero que sea tierno, pues no puede parecer un cadáver ni oler horrible, por eso no seguí con ese material. A mucha gente le llama la atención esa obra y también recibí muchos comentarios positivos. El comentario más raro fue una profe que me dijo que eso del ‘¿Quiere tetica?’, le parecía un comentario de la situación del país, de que la gente quería todo fácil o algo así».

La entrega final fue en la galería de la Facultad y la escultura estuvo allí alrededor de una semana, sonriente en su fetidez.

En el diccionario de la Real Academia Española, la tercera acepción para la palabra ternura es “requiebro (dicho con que se requiebra)” y quizás sea esta la que mejor se aproxima a la sensación que despiertan en María las fotos de adultos mayores que consigue en la web: «Me enternecían las expresiones, la ropita y accesorios y, claro, el hecho de que eran viejitos, fue todo un descubrimiento. Sé que la industria como tal es otro asunto más macabro porque no hay manera de saber en qué condiciones se produce el contenido, pero ese es otro cuento».

El requiebre demanda el fragmento de algo que ya ha sido quebrado previamente y acaba en trozos más menudos después del impacto. Ergo, debe existir un choque. Y María, con su gusto por los fluidos del cuerpo, tenía los insumos para apuntar en esa dirección: transportar al público a un espacio con múltiples colisiones. 

No obstante, tal vez era necesario subir al segundo nivel de la definición de tierno del DRAE y aspirar a ese sentimiento de “cariño entrañable” que pueden despertar figuras más sencillas como los perritos, los bebés o los personajes de ojos grandes de los que Disney ha sabido sacar provecho, para captar una atención más amplia.

Así que María desarrolló otro lenguaje: sus piezas están adornadas con corazoncitos, lazos, stickers, muy femeninas e infantiles; todavía se permite jugar con los títulos y las expresiones, siempre desde el humor; y detonando el lado voyeur a través de la pintura, su medio principal. 

La iniciática señora Carnitas, en cambio, había sido un golpe en seco. «Todavía la tengo por ahí en un clóset, pero ya la carne está seca, parece cuero y no huele tanto». Su estética difícil de digerir es una pregunta muda a la configuración de nuestras sensibilidades: ¿Acaso solo lo canónicamente bello nos genera ternura? ¿No podemos, como hiciera Baudelaire un par de siglos atrás, exprimir el jugo amoroso de la carroña y reflexionar acerca de lo fugaz que puede ser nuestra existencia? ¿Abrazar la fealdad que subyace bajo el cascarón bonito de la piel? Hacerle odas al violín, al sudor, a los mocos, las lagañas, las heces y procurar percibirlos como la manifestación del cuerpo vivo que cumple con sus procesos y defensas. Requebrar el prejuicio.   

La señora Carnitas solo tenía hambre de amor.

Y usted, ¿quiere tetica?