Bolivia: significancias para una lectura desde México

Bolivia
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Pido la palabra / Involucramientos y diversidades

Por: Vica Rule

Los resultados electorales del pasado 18 de octubre en Bolivia y la derrota del gobierno golpista no solo significan el regreso al escenario democrático en aquel país, con nuevos retos y problematizaciones. Sino la puesta en escena de hechos políticos inéditos y de la producción de nuevos significantes en las páginas de la historia latinoamericana. Entre esos nuevos significantes esta la derrota electoral de un gobierno militar y golpista. La sorpresiva unidad política de los bloques populares dentro de un cambio de liderazgos y la capacidad de obreros, trabajadores e indígenas de Bolivia para defender sus demandas particulares dentro de acuerdos nacionales o universales.

Lo más importante para los proyectos soberanos de América Latina es entender que los repertorios políticos de las derechas golpistas trasnacionales encuentran un límite. El cual se establece frente a la capacidad de los bloques populares de mantener su cohesión organizativa, su voluntad asociativa y la producción de un sentido común compartido por las mayorías plebeyas.

No menos importante es, desde nuestra lectura, entender el agotamiento de proyecto de globalización neo liberal. Su incapacidad de producir nuevos significantes para renovar su narrativa, entusiasmar y crear nuevas adhesiones. El horizonte de futuro creado por el Consenso de Washington después de la caída del Muro de Berlín o del llamado socialismo real se ha resquebrajado en los más recientes procesos electorales de Chile y Bolivia.

México: diatribas y ajustes de cuentas

11 de noviembre 2019, CDMX, Blanca Durán

Desde la circunstancia mexicana hay varias enseñanzas por mostrar. Entre las principales estarían los equívocos producidos en el diciembre del 2019, uno recurrente fue identificar la adhesión de algunos sectores de clase media al golpe de Estado como un levantamiento de carácter popular y nacional, nada más falso y equivocado. Sí, era una insurrección, pero de sectores conservadores.

Empero, algunas prestigiadas voces de intelectuales promovieron lecturas que, en la actual perspectiva, resultan inoperantes y equivocadas: “Evo no ha sido víctima de un golpe, cayó por su propio peso” dijo, por ejemplo Rita Segato para una radio de Bolivia, días después de la “renuncia obligada” del mandatario. Con el paso del tiempo quedó claro que lo que cayó fueron sus palabras y lo que demostró su verdadero peso ha sido la alianza de los bloques populares con el Movimiento al Socialismo (MAS).

Por su parte Raúl Zibechi desde el periódico La Jornada el 11 de noviembre escribió un artículo que resulta una suma de equívocos y de enunciados anclados en el vacío: “El levantamiento del pueblo boliviano y de sus organizaciones fue lo que en última instancia provocó la caída del gobierno”. El columnista no sólo negó en golpe de Estado, hoy internacionalmente señalado, sino se unió a las voces que señalaban un supuesto fraude en las elecciones del 20 de octubre del 2019 en aquel país. “La inmensa mayoría de las personas que habitan Bolivia no entró en el juego de la guerra que le quisieron imponer Morales y García Linera cuando renunciaron y lanzaron a sus partidarios a la destrucción y el saqueo (en particular en la Paz y El Alto), probablemente para forzar la intervención militar y justificar así su denuncia de un “golpe” que nunca existió.”

Por una democracia con sustantivos

26 de noviembre 2019 CDMX, Blanca Durán

Lo que se evidencio en la pasada jornada electoral en Bolivia fue el fraude en la denuncia del fraude del 2019, el amplio respaldo de la mayoría de los bolivianos al MAS y la radicalización de la forma democrática desde lo popular y emancipador. En Bolivia se ha puesto en práctica una democracia ciudadana ya no no vacía y obsoleta como en la concepción de la tradición política burguesa y elitista, sino una radicalización de una democracia plebeya. Algunas de las lecciones para nuestro país sería aceptar y entender que el proyecto político de la 4T no es parte del ciclo progresista de América Latina ya concluido; sino parte de algo diferente que contiene sus propias características, políticas, culturales y geográficas.

Lo sucedido recientemente en Bolivia y en Chile nos muestran, una especie de contra punto. Por un lado, las debilidades estructurales de los gobiernos provenientes del llamado ciclo progresista. Sobre todo, la incapacidad de salir del modelo neo liberal y transitar hacía un modelo diferente y alternativo. Por el otro lado, irrumpen las potencias plebeyas de los sectores populares organizados. Particularmente en lo sucedido en Chile en estos días y la victoria política del referéndum a favor de un nuevo pacto constituyente en aquel país.

Ahora bien, es difícil saber que pasara con el proyecto político de la 4T en nuestro país sin caer en la conjetura. Lo fundamental es afirmar la necesidad de que los sectores populares salgan a las calles a exigir sus derechos y de fortalecer las formas organizativas desde luego fuera de la obsolescencia de los partidos políticos. En la medida de abandonar esas formas caducas de la organización y de pasar de las demandas particulares a lo común habrá una posibilidad de tener un escenario diferente a la de un indeseado pero posible regreso de las derechas plutócratas y cleptómanas en México. La batalla por nuestro país será, entonces, una disputa por el sentido común compartido y la capacidad de producción de significaciones inéditas que conmuevan el corazón y la conciencia colectiva de las mayorías.