Los patrones y los verdaderos héroes

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HOSPITAL INCURABLE / ADRIÁN LOBO

Dames y caballeres, tengo ahora el gusto de hacer una revelación. Bueno, en realidad no será una en sentido estricto, ya que seguramente muchas personas lo saben, aunque con seguridad habrá también quienes se sorprendan, y pueden ser muchos.

Resulta, señoras y señores, que el Hospital Civil, es decir, el “Hospital General Dr. Aurelio Valdivieso”, tiene un patronato. Así es. 

Lamentablemente es como si no lo tuviera. Como un padre ausente, nunca se les ve por aquí, salvo en contadas excepciones: Día de la Madre, Día del Niño, Día de Reyes, y pare usted de contar.

Traen regalos para algunos pacientes y se toman muchas fotos, a veces selfies. En ocasiones traen a su propio fotógrafo, me imagino que para publicitarse en redes sociales como las grandes y nobles almas caritativas, piadosas y solidarias que NO son. O para verlas publicadas en las páginas de sociales de los diarios y en las revistas del corazón, en donde tanto le gusta aparecer a la gente bonita y de la mejor sociedad. Porque en Oaxaca amolados no estamos todos, sólo la mayoría. Pero también tenemos nuestra alta sociedad, cómo no, y sus respectivas revistas de chismes y de “sociales”. ¿Será negocio una revista de esas? Bueno, no importa en realidad.

Pero yo, por ejemplo, que soy un chismoso, metiche y encajoso, no tengo ni la menor idea de quienes integran el tal patronato o qué hacen, ¡y ya para que ni siquiera yo me entere…! 

¡Tanto que podrían hacer y tan poco que hacen…! Ojalá y sea únicamente que no publicitan sus obras y prefieren hacerlas discretamente, pero la verdad es que eso es lo menos probable. A veces incluso dudo que ese patronato realmente exista. 

¿O es que faltan ideas para recaudar fondos? ¿A poco es muy difícil convencer a Lila Downs de venir a dar un concierto a beneficio del hospital o hacerlo en la Ciudad de México? ¿Conseguir en donación alguna obra de Francisco Toledo para ser subastada? ¿Una serie de conciertos de la Sinfónica de Oaxaca? 

Y así por el estilo podría continuar. ¿Qué tal invitar a Vinny Castilla a una convivencia con aficionados, algunas prácticas incluso, como un campamento de béisbol? O hablar con Alfredo Harp y decirle: “Oye, mi buen Feyo, ¿qué vas a donar este año? No quiero que me des dinero ni que me compres nada nuevo, mira, sólo haz que me arreglen todas las camas, camillas y sillas de ruedas que están ahí arrumbadas porque no funcionan y con eso tengo”. 

¿Y qué tal contactar al maestro Faustino Díaz para organizar un festival musical? ¡Es el mejor trombonista del mundo, caramba! Seguro que tiene poder de convocatoria, además se que tiene importantes patrocinadores y su propia hermana es una enfermera que trabaja en el “Aurelio Valdivieso”, no creo que no acepte. Hay tantos artistas, escritores, músicos, cantantes de origen Oaxaqueño que es difícil creer que no haya algunos que acepten colaborar con una buena causa. Ahora que la paisana Yalitza ha tenido tanta proyección no sólo nacional, ¿no aceptaría prestar su imagen para una campaña?

Ahora bien, si nada de eso es viable, ¿qué tal algo tipo “Sorteo Tec” para el hospital? ¿Una colecta anual, como la de La Roja? 

Pero todo con rigurosa transparencia, por favor, si no, mejor no. Quizá es por eso precisamente que no se ha hecho algo así, perdonen ustedes lo mal pensado que soy.

Así es que me da por pensar que por ideas no paramos, lo que falta es la voluntad. ¿Y entonces de qué sirve que exista esa organización? ¿Qué ganan quienes lo integran si no tienen ni siquiera la satisfacción que debe dar realizar un esfuerzo que fructifique, aunque sea en pequeños beneficios para otros que tienen necesidad? A lo mejor es eso precisamente, que no hay de por medio un incentivo económico.

Mucho más visible, por frecuente e intensa, es la actividad que realizan algunos grupos religiosos y ni siquiera entran al hospital. Estas personas a distintas horas, especialmente en la tarde-noche, llegan incansables todos los días a las puertas del hospital, en donde siempre hay personas esperando por si sus familiares hospitalizados necesitan algo. De hecho los mismos médicos y enfermeras les indican que tienen que estar por ahí cerca —pero claro, dentro del hospital no pueden estar. La razón es que no hay espacio, no contamos con una sala de espera digna para ellos. Hasta parece que quienes construyeron y quienes han re acondicionado el lugar nunca se enteraron que además del personal de salud y el paciente existen terceras  personas conocidas como “familiar responsable”, que casi nunca es uno solo.

Estos grupos de los que hablo llegan con fruta, pan, alguna bebida caliente, tortas, sándwiches o algún platillo. Un día vi que llevaron pozole, en otra ocasión hamburguesas, hot dogs, ¡incluso una vez hubo una taquiza! Y las personas que anden por ahí ni siquiera tienen que pedirlo o hacer una fila. Esas amables y generosas personas hasta donde estén los presentes van y ofrecen a todos, no una ni dos piezas de lo que llevan para repartir, cada quien puede tomar las que desee, sin ningún problema y sin que se les pida nada a cambio.

Invitan, sí, a quienes gusten unirse después a hacer una oración o a escuchar una reflexión pero no es obligatorio. Pero no sólo eso, también llevan a veces ropa y cobijas para obsequiar. 

Ya tan conocida y puntual es esta noble y generosa labor que realizan, que hay algunas personas que se encuentran en situación de calle que ya saben que si llegan por ahí a cierta hora obtendrán un desayuno, comida o cena casera recién preparada. Convidan a todos, y cuando digo todos es absolutamente todos los que estén por ahí. 

Los compañeros vigilantes apostados en las puertas, como tienen que estar cerca por su labor, a veces aceptan de buena gana el café y pan que les ofrecen tan gentilmente. Los de otras áreas también lo hacen en ocasiones. A uno, que a veces coincide con ellos en la puerta a la hora de la salida del turno, también le ofrecen de lo que lleven para compartir. Algunas veces he aceptado un café, cómo no. Pero usualmente declino la oferta porque, como ya dije, casi siempre me topo con ellos cuando mi turno ha terminado y me dirijo a mi hogar. Y aunque el fragante café caliente sea muy tentador pienso que, aunque me vendría bien, tengo ventajas que aquellos que están ahí esperando no tienen. Como la de ir a casa donde estaré a salvo del frío y de la lluvia y podré descansar cómodamente. 

A esas personas, esos héroes cotidianos y anónimos que todos los días, que emplean por iniciativa propia su tiempo, dinero y esfuerzo en comprar, preparar y repartir una ayuda solidaria, solamente les puedo decir, a nombre de todos aquellos a quienes apoyan: De todo corazón, ¡muchas gracias!

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