Pesadilla Americana

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DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro

Antes de entrar en materia y dando un poco de contexto a la presente entrega, debo hacer una pequeña confesión.

Si bien es cierto que, como habrán notado quienes tienen la generosidad de leerla cada semana, ésta no es una columna monotemática (lo mismo podemos escribir sobre música, historia , entretenimiento o cultura pop, entre muchos otros tópicos), la realidad es que la semana pasada, en la antesala del Súper Martes electoral en los Estados Unidos, —país en el que actualmente radico— habría podido parecer bastante lógico dedicar algunas líneas al ambiente preelectoral norteamericano.

No lo hice así, —y ésta es la parte medular de ésta confesión— por un profundo sentimiento de desencanto ante el desarrollo del proceso comicial y el ambiente político que prevalece en la nación más poderosa del mundo.

Al momento de redactar éstas líneas, algunos medios comenzaban a proyectar al candidato presidencial demócrata Joe Biden como virtual ganador de la contienda electoral. En un episodio que seguramente tardará mucho en cerrar. Pero mi desencanto proviene de la idea de que independientemente del resultado, la Unión Americana seguirá siendo gobernada por un hombre blanco, conservador y ultra capitalista. Fuese cual fuese el resultado.

Obviamente, resulta más fácil y cómodo comentar el resultado electoral a toro pasado; resistirse a tomar partido y a esperar a que ésta complicada trama llegue a su desenlace. Pero desde mi punto de vista , estamos presenciando el inicio de una nueva crisis: el resquebrajamiento del sistema bipartidista norteamericano y la ruptura de la institucionalidad democrática.

Resulta sorprendente el hecho de que a un país con solidez económica y una autoproclamada tradición democrática, ahora le cueste tanto trabajo sostener un proceso comicial confiable a los ojos de sus propios ciudadanos. La participación masiva es importante, pero también es síntoma del delirio de persecución que afecta a las democracias modernas. La gente se vuelca hacia las urnas no sólo para expresar su apoyo a uno u otro candidato o partido, sino también bajo la convicción de que si deja algún margen de maniobra, “alguien” podría robarse la elección.

La polarización social y política del pueblo norteamericano no debería sorprender a nadie. Más bien, llama la atención que tanto los partidos políticos como los propios medios corporativos de comunicación no sean capaces de leer la complejidad de la nueva realidad en las comunidades, y siguen planteando un discurso genérico y acartonado.

El panorama sociopolítico de los Estados Unidos es tan complejo como diverso. Tomemos como ejemplo el mal llamado “voto latino”. Uno de los mitos que se han erosionado a raíz que vamos conociendo los resultados de la elección en las distintas regiones del país.

De entrada, republicanos y demócratas buscan cautivar el voto de la comunidad atendiendo a su  propio esquema de intereses, pero tratando a los votantes de dicho sector como si fueran un bloque homogéneo. Nada más falso. Porque las agendas de la comunidad latina no son las mismas si hablamos de puertorriqueños, cubanos o centroamericanos. Vaya, ni siquiera existe una total empatía entre la agenda política de los mexicanos en la Unión Americana: su propia ubicación geográfica marca diferencias relevantes.

Los abusos policíacos, los derechos de la comunidad migrante, la crisis de vivienda, la discriminación o los programas asistenciales tienen distintas connotaciones para los mexicanos residentes en Texas, Arizona, Illinois o California. Aún así, ambos partidos recurren al gastado esquema de utilizar a presuntos líderes de opinión para tratar de cautivar el voto, cuando los niveles de politización de dichas comunidades se han diversificado. La sociedad va muchos, muchísimos pasos más adelante de la lectura mediocre de los partidos y los medios corporativos. Ésa es una de las poderosas razones por las que sus famosas encuestas terminan fallando.

Quizás a muchos sorprenda el hecho de que a pesar de una eventual derrota, una figura política como Donald Trump haya alcanzado tan importantes niveles de respaldo electoral. Y es que a pesar de que a nivel global se pudiera creer que el ambiente sociopolítico en la Unión Americana es tan liberal como se nos pareciera reflejar en las redes sociales y sus productos de entretenimiento, la realidad es que en la problemática local, el norteamericano promedio muestra una gran resistencia al cambio.

Un importante sector de la sociedad norteamericana se está quedando sin opciones de representación política. Porque a pesar de su popularidad con las juventudes progresistas, un discurso de ruptura política y económica como el del frustrado aspirante demócrata Bernie Sanders no alcanzará nunca un respaldo masivo, por ejemplo, entre los sectores de la clase media alta, que a pesar de oponerse a la agenda de los intereses corporativos o de ver con  simpatía el empoderamiento de las minorías raciales o la lucha por la cultura de género, difícilmente será partidaria de cambios en materia política o económica que afecten radicalmente su estilo de vida. Procrastinación es lo de hoy.

La gran incógnita para el Partido Republicano será qué hacer en los siguientes dos y cuatro años con el capital político de Trump. Un mal manejo en el deslinde del personaje les podría representar el riesgo de nuevos descalabros políticos en el mediano y largo plazo. A los norteamericanos les desagrada reconocerlo, pero los números de la elección demuestran que un importante porcentaje de su población con derecho a voto no ve con malos ojos al capitalismo voraz, a los discursos de tinte racista, las erráticas políticas públicas y al proteccionismo económico como prácticas de gobierno.

Abierta la posibilidad de un conflicto postelectoral que podría prolongarse durante meses, ante el empecinamiento de Trump de llevar la validación de los comicios hasta las últimas instancias judiciales, habrá quienes podrían preguntarse si un personaje con sus características y base social es más peligroso en el gobierno o fuera de él.

Porque para efectos prácticos, el “trumpismo” no es un fenómeno casual: es la suma de muchos de los intereses, presuntos valores y prejuicios de prácticamente la mitad del pueblo americano. Y las estadísticas nos demuestran que es un movimiento que no es exclusivamente anglosajón, ya que alcanzó un importante respaldo electoral entre las comunidades afroamericana y latina.

Joe Biden enfrentará el reto de gobernar a una sociedad polarizada, y si gobierno arrancará bajo la amenaza de una severa crisis económica como consecuencia del errático manejo de la pandemia del COVID19, que convirtió a los Estados Unidos en el epicentro de ésta enfermedad. Las decisiones que se tomen en los primeros meses de su gestión tendrán sin duda impacto global.

Al término del proceso electoral más importante de su historia, la imagen del Tío Sam se refleja sobre un espejo roto, con filosas astillas que no se advierten fáciles de reparar.

El famoso “sueño americano” parece estar llegando a su fin.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

  • Rage Against the Machine (Estados Unidos) / “Know your enemy”
  • John Lennon (Inglaterra) / “Power to the people”
  • David Bowie (Inglaterra) / “This is not America”
  • Green Day / “American Idiot”

Autor: miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....