A propósito del outsourcing

Photo by Ryan Quintal on Unsplash

HOSPIAL INCURABLE / POR: ADRIÁN LOBO

Según entiendo, la llamada “Tercerización”, “Outsourcing” o “Subcontratación” es, en teoría, una práctica positiva. Pero lo que nosotros llamamos “el ingenio mexicano”, trabaja en este aspecto en forma perversa tornándose nociva. Ya que se convierte en un medio para generar “ahorros” para los empresarios vulgares y sin una verdadera cultura empresarial que buscan así acrecentar sus ganancias, eludiendo responsabilidades patronales y fiscales. Y todavía con gran cinismo se ostentan como los grandes motores de la economía, como los grandes generadores de empleo. Pretendiendo erigirse en el sustento de este país. ¡Vaya cinismo!

Es una manifestación más de esa maldita manía nacional de buscar siempre darle la vuelta a la tortilla, buscando evadir responsabilidades. Creo que tiene razón un amigo que me ha dicho que nuestro país sería una potencia mundial si toda esa energía y creatividad —que tantas personas emplean sagazmente en encontrar los atajos para hacer trampa o para salirse con la suya— la emplearan en trabajar honestamente y hacer las cosas como es debido.

El H.G.D.A.V., como el microcosmos que es, no escapa de la incidencia de estos sucesos en su interior. Resulta que aunque ésta es típicamente una artimaña muy socorrida por la IP, eso no evita que en todo el gobierno haya personas que están contratadas en esta modalidad. La cual en la práctica “libera” al empleador prácticamente de toda obligación con la persona que trabaja para él. Lo único que hace es pagar a una empresa “especializada” una cantidad por cada trabajador y ya. 

Se olvida así el patrón de prestaciones y de obligaciones y maximiza con ello sus ganancias. En ocasiones, en el colmo del cinismo, esas empresas “administradoras” (de la corrupción, seguramente) son también propiedad, por medio de prestanombres, de los propios empresarios que las contratan. Así es que para los patrones siempre es un unilateral ganar-ganar.

Quienes son contratados (quizá es más correcto decir “enganchados”, a la vieja usanza) de esta manera, no son empleados directos de aquellos. Sino que una empresa, un tercero, se interpone. Y es en teoría este tercero el responsable de todo lo que al verdadero patrón le incomoda tanto. Es algo un tanto complejo porque, como algunos analistas señalan, en la práctica el trabajador tiene dos patrones, el que lo tiene en la nómina y le paga y aquél para quien hace efectivamente el trabajo y le da órdenes de cómo hacerlo. Es terrible. 

Usualmente esas empresas son, en primer lugar, muy duchas en aprovecharse de la necesidad de la gente de trabajar y en abusar de los huecos, lagunas legales, ambigüedades y de la corrupción. En un segundo término para pagar sueldos miserables y ofrecer el mínimo de prestaciones, o de plano ninguna. “Precarización del empleo”, creo que se llama eso y sus consecuencias en lo económico, el monto de la evasión, se han estimado hasta en 21,000 millones de pesos anuales. 

Pues bien, como decía, acá no nos libramos de tener nuestro outsourcing. Y esto tiene su historia. Trataré de ser breve: Hace algunos ayeres, como parte de la modernización de los servicios prestados, se decidió crear en la Secretaría de Salud, en los hospitales, el puesto de camillero. 

Hasta entonces en el H.G.D.A.V. el H. Departamento de Intendencia, del que orgullosamente mi abuelito fue jefe durante varios años, tenía entre sus múltiples funciones las de los actuales camilleros. Además de encargarse del aseo, jardinería y, como digo cada vez que tengo la oportunidad de hacerlo, de todas las demás cosas que médicos y enfermeras no quisieran hacer. 

Pues bien, al crear el Departamento de camilleros se decidió integrar a la totalidad de los elementos de intendencia a ese nuevo espacio vacío. Pero claro, en el proceso hicieron un agujero para tapar otro. ¿Quién iba a encargarse en adelante las tareas del aseo y jardinería y todo eso? 

Fue entonces que alguno de esos genios malvados que abundan en el gobierno tuvo la ocurrencia de “contratar a una empresa” que prestara esos servicios. Supongo que con la intención de no incrementar el personal directamente en la nómina de la secretaría. Y seguramente porque hacerlo de esta manera abría la posibilidad de agenciarse recursos económicos —de robar dinero pues, para decirlo directamente.

Creo que hay, desde el inicio de esta práctica, funcionarios de los S.S.O. implicados en este sucio negocio de la limpieza. Operando por medio de testaferros o como socios de las empresas contratadas o simplemente recibiendo los famosos “moches”. 

Para mí es muy notorio que los dueños no son empresarios con una visión de negocio a largo plazo. Son a mi juicio como especuladores laborales. En el pasado ha sido muy característico que esas empresas no duraban más de uno o dos años seguidos. Supongo que se declaraban en quiebra o algo así, pero curiosamente de inmediato surgía otra que contrataba al mismo personal. 

Eso me hace sospechar que lo que hacían era deshacerse de una y crear otra nueva. Todo únicamente en el papel, con la finalidad de empezar de cero otra vez por medio de artimañas legales, aprovechándose de vacíos en las leyes. Mis sospechas parecen confirmarse con algunas peculiares estadísticas sobre el empleo que presentó la Secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, hace unos días, que parecen evidenciar esta práctica.

Por cierto, recuerdo que, durante algún tiempo, la empresa encargada del aseo en el H.G.D.A.V. fue LAVATAP. Esto me vino a la memoria recientemente cuando se dio a conocer que sospechosamente la información de los contratos celebrados entre LAVATAP y la S.R.E., y los montos económicos involucrados,  fueron reservados por varios años, alegando razones (seguramente varias millones de ellas) de “seguridad nacional”. 

Hay una nota publicada el 13 de enero del 2020 en sinembargo.mx de la periodista Daniela Barragán, que pinta cómo está de terrorífico el panorama nacional en cuanto al outsourcing de servicios de limpieza en el país. Recomiendo leer para mayor información.

Es un ensañamiento cruel el de los patrones haber generalizado la práctica del outsourcing. Especialmente en los servicios de limpieza. Algo peculiar que he podido notar en el hospital, es una situación que también se resalta en algunas notas periodísticas que he leído: la mayoría de las personas que trabajan en ésta área son mujeres. Yo diría que en el hospital son hasta el 85 ó 90 %. Además pocas de ellas tienen estudios más allá de la primaria. De ese universo de compañeras de limpieza, la mayoría otra vez, o por lo menos la mitad de ellas, tienen como mínimo 50 años o más.

Algo parecido ocurrió con el tema de la vigilancia y la seguridad. Anteriormente se encargaba la Policía Auxiliar. Pero, aprovechando la inercia del movimiento anterior y basándose en supuestas quejas de usuarios, sobre el trato ríspido con los elementos policiales, ese contrato fue cancelado para, una vez más, recurrir a la subcontratación. 

Si hacemos un comparativo entre una empresa de vigilancia y seguridad y la Policía Auxiliar, creo que los primeros no saldrán bien parados. Bien o mal la policía se supone que tiene más capacitación, mejor equipamiento y sus elementos son más disciplinados. Entre otros temas porque ellos saben que de no cumplir a rajatabla con las indicaciones recibidas, su castigo será típicamente un periodo de arresto y no un simple regaño. Así que tienden a ser menos flexibles en comparación con los otros. 

Actualmente la misma empresa que se encarga del aseo de las instalaciones del hospital tiene a su cargo la vigilancia. El único punto positivo en todo esto es que, como en general el trabajo de quienes vigilan y controlan los accesos consiste en permanecer en una misma ubicación durante largos periodos, esto abre un espacio para que se pueda contratar a personas con capacidades diferentes para estas tareas. Pero hasta ahí. 

En lo personal me quejo mucho de mi situación como trabajador eventual en los S.S.O. Pero la de los compañeros del aseo y vigilancia es mucho más lamentable. Según se dice, de la cantidad que la empresa cobra a los S.S.O. por cada trabajador. Lo que cada uno de ellos percibe sólo es alrededor del 30%. Por mucho que la empresa invierta en insumos, mismos que les proporcionan en cantidades sumamente limitadas, el margen de ganancia es muy amplio. 

Hay además otra injusticia: A los trabajadores sindicalizados de los S.S.O. adscritos al H.G.D.A.V. que están en contacto directo con pacientes, la llamada “rama médica y paramédica”, se le paga un bono llamado “De mediano riesgo”. Y se le otorgan también unos días adicionales de descanso por el mismo concepto. Esta es otra prestación que seguramente los compañeros de limpieza no tienen. A la que definitivamente deberían tener derecho porque también están constantemente expuestos a riesgos biológicos.

En meses pasados ha corrido el rumor de que los todavía S.S.O. están a punto de desaparecer la cocina (y por consecuencia quizá el comedor) y la lavandería en el H.G.D.A.V. Lo cual abriría la puerta a otro turbio negocio más. Porque la ropa se tiene que seguir lavando y, aunque los alimentos del personal no serían una gran complicación, la alimentación de los pacientes sí. 

¿Y cuál sería la “solución” al cerrar esos servicios propios? Pues recurrir a contratar empresas externas que los provean. Parece que lo estoy viendo. La elección será algún tipo de outsourcing. Donde a base de costos inflados, prácticas fraudulentas y toda la pléyade de artimañas a disposición, las empresas, empresarios y cómplices en el gobierno ganarían billetes a carretadas. Mientras que los trabajadores recibirán migajas, sin prestaciones, sin seguridad social y sin certeza laboral. Prácticamente desamparados.

Todo con el mismo pretexto empleado para deshacerse de aquellos más de 300 trabajadores eventuales a quienes recientemente se decidió no renovar contrato. No hay recursos para seguir sosteniendo este esquema —que ellos mismos crearon, por cierto. 

La buena noticia es que parece ser que esa práctica está a punto de terminar. La desaparición de la cocina y la lavandería no ocurrirá. Por dos razones. Debido a la “federalización” y a la muy probable prohibición del outsourcing

Creo que mienten en forma alarmista y  descarada aquellos que declaran que se perderán muchos empleos al hacerlo ilegal. Lo veo por ejemplo en el hospital. Si se prohibiera la subcontratación, ¿nos quedaríamos sin personal de limpieza? ¡Es simplemente imposible! La labor que realizan es fundamental y casi puedo asegurar que ni uno solo de esos empleos desaparecería.

Me parece que otro tanto puede decirse de todos o al menos de la mayoría de los empleos que actualmente están bajo ese esquema. ¿O pretenden hacernos creer que un patrón contrataría empleados sólo porque sí, porque existe el outsourcing, aún sin necesitarlos? Para mí es obvio que si un empresario contrata trabajadores es porque los requiere, nunca lo haría nada más porque puede o por gusto.

¿Cerrarán masivamente las empresas? ¿Valerse de la subcontratación les ocasionará quedar en bancarrota? Lo dudo. Sólo ganarán menos y es lo que quieren evitar que suceda. Todos esos argumentos en contra de la medida son simples alegatos vacíos. Medidas desesperadas, con las que intentan los opositores crear incertidumbre en un esfuerzo más por aferrarse a los privilegios. Por no conceder ni siquiera lo que por derecho corresponde a los trabajadores. Por no dejar de acumular riquezas a costa de lo que sea.

hospital incurable

Adrián Lobo: adrian.lobo.om@gmail.com | hospital-incurable.blogspot.com |facebook.com/adrian.lobo.378199