Liberales, conservadores y socialistas

Por: Alejandro Herrera

En el mundo contemporáneo existen diversas corrientes ideológicas que se ven reflejadas en distintos escenarios de la vida política a nivel mundial, las más representativas son: el liberalismo, el socialismo y el conservadurismo. Precisamente hoy en día se vive una tensión acerca de estas corrientes que explican los distintos procesos políticos, económicos e ideológicos en todo el orbe, por ello resulta necesario esclarecer estas posturas por separado para después coincidir en sus puntos de conciliación y de eventual conflicto entre cada uno de estos estándares políticos.

De acuerdo con cada tipo de estas tres corrientes político-económicas abarcadas se tiene un concepto de cada una de ellas en el cual, dos de estas corrientes (el liberalismo y el socialismo) expresan un punto de conciliación en la renuncia al manejo de la economía por parte de la clase política que actualmente prevalece y desde antaño. Esta conciliación se observa en que estas corrientes coinciden en que el mundo en el que vivimos, el sistema actual no prevalezca debido a la desigualdad abrupta de la realidad, es decir, asisten a la evolución de la sociedad y no en su estancamiento como fin último, así por el lado del socialismo, desembocar en el comunismo. Este punto es el factor en común, así como la idea de erradicar la pobreza, no obstante, discrepan en muchos otros rubros.

Al analizar las dos posturas por separado en la arena social, cada una de ellas está empeñada en desacreditar a la otra, mientras que la primera desea el libre capitalismo sin la regulación del estado y sin intervenir en apoyos a sectores de la población vulnerables, manifestando que al permitirles libre emprendimiento saldrán de la pobreza, puesto que los apoyos brindados por los estados sólo reprimen su creatividad y los estanca en la miseria. El antagonismo con los socialistas versa en que estos reiteran la necesidad que, en colectivo, se socialicen las fuerzas y los medios de producción reduciendo la desigualdad, así nuestra tercera corriente política que es la conservadora, alude a mantener las cosas tal y como están, acudiendo a ligeros detalles no estructurales y mantener al estado como regulador, dando gestión a la sociedad, permitiendo un capitalismo controlado y dando apoyos a los más vulnerables.

De esta manera, el liberalismo busca en la liberación del mercado sin controles estatales de política, el cuál permita arrojar el mismo nivel de competencia a todas las personas de una manera igualitaria eliminando la propiedad ejidal y generando únicamente propiedad privada, beneficiando únicamente al individuo emprendedor responsable de su propia riqueza, pobreza o incluso hambruna sin ninguna clase de asistencia gubernamental.

Por otro lado, el socialismo se basa en generar un estado capaz de eliminar la propiedad privada al transformarla en un bien común, con el fin de revertir la abrupta desigualdad social, ya no individual sino para toda una comunidad, reduciendo la brecha asalariar entre la clase trabajadora y los dueños de empresas, pretextando así acabar con la miseria y la desigualdad, capaz de desarrollarse y avanzar junto con los medios productivos y tecnológicos que desarrolle. En ambas corrientes, el fin último de la participación de un estado regulador, es mínima, participando de manera periférica del desarrollo, como un árbitro lejano ligeramente inmiscuido.

Teniendo claro lo anterior, cuando se habla del peligroso socialismo del presidente de México Andrés Manuel López Obrador y la posibilidad de que México se convierta en Venezuela, resulta un absurdo al observar el proyecto político y económico que propone, pues en definitiva no se muestra ningún indicio de la eliminación de la propiedad privada, ni mucho menos correr del país a la iniciativa privada o ahuyentarla. Las políticas en el sector energético, por ejemplo, declaran únicamente la reversa al paquete de reformas impulsadas y puestas en marcha por el expresidente Enrique Peña Nieto el cuál terminó con el incremento a la gasolina para los mexicanos al fomentar la subasta a concesionarias del hidrocarburo con el fin de facilitar su extracción. Una de las propuestas del presidente actual de México, es invertir e intervenir en Pemex con el fin de que la empresa aún mexicana y de origen federal pueda desarrollar la tecnología suficiente para impulsar el deslinde codependiente que tiene con las transnacionales.

Estas políticas de izquierda no representan otra cosa que precisamente a la izquierda política cuyo objetivo es acudir a las demandas y necesidades del pueblo, es decir, no representa un cambio estructural de las formas económicas y de organización tradicionales e históricas de nuestro país, se retrocedió una serie de reformas que fueron malestar de la gran mayoría de los mexicanos, pero lo que se deja claro y de acuerdo con las definiciones que se abordaron aquí, el presidente Andrés Manuel López Obrador, es un fiel conservador a la estructura económica actual, teniendo como motivación única, reducir la corrupción.

El dinero es y seguirá siendo la fuente de financiación de la vida, las empresas privadas continuarán su ciclo y las relaciones de mercado internacionales no dejarán de existir, entonces cuando vemos que alguien piensa que, con la entrada de AMLO, México terminará como Venezuela, habría que preguntarle: ¿cómo es que eso sucedería? ¿cuál es el proceso que nos conduciría a ese escenario? ¿Cuáles son las políticas que eventualmente nos dejarían en esa situación y si es que López la ha aunado en su proyecto de Nación?

En la vox populi esa declaración acerca del presidente actual, no tienen relación alguna con la realidad, parece ser más bien una frase sobre aprendida más que un argumento sólido de opinión, con fuentes y realmente sustentado.