La dimensión descolorida

Foto por Pierre Bamin en Unsplash

HOSPITAL INCURABLE / POR: ADRIÁN LOBO

Un hospital, como ya he dicho antes, es un sitio peculiar. Se puede ver regularmente gente trabajando en pijama, como si tal cosa fuera lo más normal. Recientemente unas sandalias (llamadas “Crocs”, o así se llama la marca, no lo sé) se volvieron de uso muy común. No sólo he visto personas que las usan en el H.G.D.A.V., también en el hospital “Presidente Juárez”, del ISSSTE en Oaxaca.

Hay un maravilloso personaje que vive en España, es estrella de las redes sociales, exitosa escritora y enfermera de profesión conocida como “La Enfermera Saturada”, o “Satu”, ya más en confianza. Satu dice que dedicarse a la enfermería es un poco (o un mucho, podría anotar este humilde servidor) como vivir del mal ajeno. Este dicho suyo es igualmente aplicable a todos los trabajadores de la salud. Esto me quedó muy claro una ocasión en que presencié el encuentro de un médico especialista en cuidados intensivos, adscrito a la U.C.I., con un colega suyo de otra especialidad.

— ¡Qué tal Doctor! ¿Cómo le va? ¿Cómo le pinta el año nuevo?
— Pues muy bien, gracias. Con mucho trabajo, gracias a Dios.

Aquello no sonó muy bien, quedaría excelente tratándose de cualquier otra profesión, pero no viniendo de un médico y menos de un intensivista. Tal vez de un cirujano plástico… o de un dentista. Hacer un comentario tan desafortunado es meter la pata hasta las cervicales y no hay forma de meter reversa y recomponerse, quedaría uno peor tratando de aclarar, algo así como:

— Sí, bueno… quiero decir que he tenido… la oportunidad… de ayudar a muchas personas… ya sabes… casos difíciles… complicados… y eso… tú sabes… me mantiene ocupado… ya ves que estoy en… cuidados… intensivos…

Pues no, no suena nada bien. También uno de esos primeros días de enero del 2019 un médico se asomó a uno de los pasillos.

— Esto está muy calmado, ¿no? — me dijo.
— Sí, Doc, está tranquilo el servicio.
— Parece que este año trae mucha salud… — dijo. Y esbozando una sonrisa se retiró por donde había venido.

¡Santa María del Tule! —pensé— ¡Y con esto de la austeridad, que hasta a los recaudadores de impuestos están recortando!

Hay también, por supuesto, algunas creencias o supersticiones entre el personal que aquí labora. “Superchería”, imagino que diría la ultraconservadora Lilly Téllez. Por ejemplo, está prácticamente prohibido decir, sobre todo en el área de valoración, que todo está en calma, que el servicio está muy tranquilo. Eso se considera de muy mala suerte y que atrae la fatalidad. Algunos compañeros dicen que lo han comprobado. En algunos otros servicios ocurre algo parecido aunque con menor intensidad. 

Es algo que también he observado en sitios fuera del hospital. Hay personas que se inquietan cuando les parece que reina demasiada quietud y tranquilidad, como que les da una mala espina. Imagino que la perciben como la famosa calma antes de la tempestad, ¿o era la calma después de la tempestad? Como sea, se me ocurre que podría ser que esas personas están habituadas a cierto nivel de actividad y cuando no se alcanza dicho nivel sienten algún desasosiego, imagino que hasta se han de estremecer como presintiendo que se encuentran ante un presagio funesto.  

Otro fenómeno casi paranormal que ocurre frecuentemente aquí es uno conocido como “pérdida de tiempo” o también “tiempo perdido”. Y no me refiero a que estemos por ahí los trabajadores sin hacer nada, absortos en el uso del teléfono. ¡Qué gran distractor es el celular en un centro de trabajo! ¿No es cierto? Personalmente detesto ver a cualquier compañero sea médico, camillero o enfermera embobado utilizando su smartphone cuando a su lado tienen un paciente. No sé si sentir compasión por esas víctimas del zombie scrolling syndrome o coraje por lo que percibo como una irresponsabilidad.

Y no estoy hablando de abducciones tampoco, sino que me refiero a una situación que experimentan algunos pacientes que son sometidos a intervenciones quirúrgicas, específicamente los que reciben anestesia general. Resulta que llegan completamente despiertos al quirófano, ingresan a la sala, les aplican los medicamentos anestésicos y lo siguiente que para ellos ocurre es que despiertan en una camilla y pasa algo como esto:

— Doctor, ¿a qué hora me van a operar?
— ¡Pero si ya lo operamos!
— ¿En serio? Porque no sentí nada…
— Lo tomaré como un cumplido.

En una ocasión un paciente adulto mayor preguntaba con insistencia que cuándo lo iban a operar.

— ¿Entonces, cómo le vamos a hacer?
— ¿Con qué?
— ¡Con mi operación!
— Señor, ¡ya lo operaron!
— ¡No es cierto! ¡Cómo cree! ¡Estuve ahí adentro pero no me hicieron nada!
— No se dio cuenta porque lo durmieron…
— No, no señor… si no estoy loco… no me operaron…

Un compañero que estaba ahí le dijo que si miraba debajo de su bata notaría que tenía un vendaje abdominal que le habían colocado para ayudar a contener la herida resultante de la operación. Pero el señor insistía.

— ¡No, no, no…! Cómo cree, no tengo nada, mire… —  y empezó a querer quitarse la venda.
— ¡No, no se la quite!

Total, que nunca lograron convencerlo y todo el tiempo estuvo insistiendo en que no le habían hecho nada y siguió preguntando cuándo lo iban a operar porque él para eso había ido.

Un misterio más grande en cuanto a perturbaciones del espacio-tiempo en nuestra percepción es conocido con el rimbombante nombre de “enlace de turno”, o más simplemente “cambio de turno”. Esto consiste en que el personal que termina su guardia informa de la situación que guarda el servicio en ese momento a quienes están por iniciarla, esto es, que hay una entrega-recepción. Tratándose de enfermería, por ejemplo, se hace un breve repaso de las condiciones en las que se encuentra cada uno de los pacientes en el servicio, de los cuidados que se han tenido con ellos y las incidencias que se han presentado. 

Además, quienes llegan revisan que todos los materiales en resguardo del servicio sigan ahí, en condiciones óptimas. Es un periodo de tiempo que causa “ansiedad, angustia y desesperación”, como dice la canción, además de otras alteraciones. Puede ocurrir, por ejemplo, que el servicio prácticamente se paralice. 

De hecho ocurre, es materialmente imposible obtener ninguna cosa en ningún servicio durante el cambio de turno, casi nadie iniciará en ese momento una tarea que le pueda tomar algún tiempo porque eso le complicaría la entrega de la parte del servicio que le corresponde y hará que tenga que salir “tarde”. Y eso es inaceptable.

El personal del turno matutino, que usualmente trabaja en un horario de 7:00 AM a 3:00 PM empieza a manifestar estas alteraciones de la conducta a medida que se acerca la una de la tarde; se agitan, puede notarse nerviosismo y urgencia por terminar los pendientes, o bueno, los que se pueda nada más, tampoco se van a mortificar demasiado si dejan dos o tres o veinte tareas sin cumplir. Y esto a menudo es causa de enfrentamientos dado que quienes llegan a “recibir” los servicios no suelen estar dispuestos a que les dejen asuntos sin resolver. A la 1:30 ya hay agitación en el personal. Después de esa hora se puede desbordar un poco la histeria en ciertas personas, exigiendo que alguien les “reciba” el  servicio. 

¿Pero qué tiene de especial esa hora precisamente? Pues que es la hora de entrada del personal del turno vespertino, aunque algunos entran a la una, y deben llegar a “recibir” los servicios, y se espera y se desea que lleguen un poco antes. 

Una vez que eso ocurre, quienes han entregado alcanzan el nirvana, un estado de relajación total y felicidad e irán retirándose discretamente aunque lo común es que lo hagan en tropel. O quizá se queden ahí mismo pero ya no moverán un dedo como no sea para llegar a la salida. Y si a alguien se le ocurre pedir alguna cosa, cínicamente la única respuesta que recibirá será algo como: “Los de la tarde ya llegaron, dígale a ellos” o palabras menos cordiales como “ese ya no es mi…”.

Alguna persona que haya leído atentamente hasta este punto podría elevar una ceja, poner en su rostro una expresión de duda y exclamar para sus adentros: “Pero, ¿no termina el turno matutino hasta las 3:00 PM?”. Si es el caso de usted entonces le doy un like. Efectivamente, la salida de quienes trabajan en el turno matutino es hasta las tres, pero recuerde que esta es la dimensión descolorida y situaciones así pueden ocurrir. 

Sin embargo no podemos abstraernos por completo de la vida real, aquellas personas que “quedan libres” de sus deberes antes, a veces mucho antes, de la hora señalada para salir del trabajo, no pueden checar sus tarjetas en ese mismo momento ya que de hacerlo se les aplicaría una sanción. Así es que quedarán por ahí flotando, como en una especie de limbo, esperando el momento indicado. Hay quienes no lo pueden resistir y simplemente se salen para ir a atender otros asuntos, a tomar una copa o a cualquier otra cosa que se les ocurra y vuelven luego a checar cuando llega el momento adecuado. 

Conozco personalmente el caso de un compañero que, además de trabajar en el hospital en el turno matutino, tiene otro empleo por las tardes, pero sucede que su horario de trabajo allá inicia antes de terminar la jornada acá. ¿Entonces? Pues nada, que aprovecha la situación mencionada y, como dice el maestro Alejandro Dolina, “sale  rajando” para que quede allá constancia de su llegada a tiempo y ya después, con calma, se da su escapada para volver al hospital y registrar su salida apropiadamente. En la dimensión descolorida esas cosas pasan.

Hay quienes, en una situación normal, a la hora de la salida de las escuelas, cierran su oficina o dejan su asiento (creo que no es exagerado decir que abandonan momentáneamente su lugar de trabajo) para ir a recoger a sus hijos y luego vuelven con ellos a terminar el turno. Y a veces cuando no pueden ir personalmente, los chicos llegan al hospital por sus propios medios o acompañados por algún conocido y se reúnen ahí con su madre o padre. Como los vigilantes ya los conocen los dejan entrar, o bien, la madre o el padre va por ellos hasta la puerta para hacerlos pasar.

Pero tenemos también la otra parte, la historia vista desde el punto de vista de algunos de quienes trabajan en el turno vespertino, que suele ser de 1:00 PM a 8:30 PM o bien de 1:30 PM a 9:00 PM. De este lado se tiene la más o menos extendida percepción de una posible injusticia porque saben que en el momento en que se presenten a sus servicios los compañeros de la mañana emprenderán la graciosa huida. Así es que mientras más temprano lleguen allá, más temprano saldrán aquellos. 

¿Y entonces qué? Pues nada, que en tanto se pueda habrá quienes lleguen a checar su entrada a la hora que corresponde pero se presentarán a su servicio lo más tarde que puedan, de manera que ambas partes “ganen” de alguna manera algunos minutos y aquí paz y allá gloria. Aunque en realidad la casa pierde, creo yo. 

Sería mejor ajustar los horarios y que el turno matutino sea de 7:00 a 2:30 y el vespertino abarque de las 2:00 a las 9:00, ya que de por sí esa última hora (a veces hasta hora y media), de la una y media o dos a las tres de la tarde es prácticamente tiempo muerto para el turno matutino, una vez que entregan el servicio se desentienden completamente de él, y para qué queremos tanta gente ahí que no está haciendo nada sólo porque el reloj todavía no marca las tres… 

Bueno, yo nada más digo, porque es una locura incluso solamente plantearlo, ¡la burocracia es tan cerrada! Tan poco abierta a adaptarse, a cambiar e innovar, que a cualquiera que llegue a proponer algo así se le ríen en la cara.

Gobierno y burocracia son simbiontes, pero en vez de establecer una relación de mutualismo en que ambas partes se beneficien, la burocracia se inserta como un parásito que consume más y más recursos, que anquilosa estructuras vitales dificultando que las instituciones funcionen en forma óptima. No dudo que muchas propuestas para mejorar se han ido quedando en el camino ante jefes que dicen encogiéndose de hombros y con una sonrisa burlona en los labios: “Cuando yo empezaba quise hacer algo así y nunca me dejaron, pero si quieres intentarlo…”. 

En el cambio del turno vespertino al nocturno, que inicia a las 8 de la noche, ocurre algo similar. Aunque aquí el margen de tiempo es menor, no es tanto el drama. Ocurre a veces que quienes salen a las 8:30 esperan a su relevo hasta 10 minutos antes de su salida y aquél simplemente no termina de llegar. Así que pues se retiran sin más y el que habrá de llegar tendrá que asumirlo como pueda. Y aún así se quejan de que nadie “les entrega” el servicio. Hay personal también que sale a las 9:00 PM, como mencioné antes, así es que tienen tiempo suficiente para la entrega- recepción, que no está exenta de reclamos porque no es inusual que queden asuntos pendientes que a nadie le gusta que le hereden y que sin embargo no siempre es culpa directamente de quienes están entregando el servicio.

Debo aclarar que de parte de enfermería es obligatorio entregar el servicio y en caso de que el personal del siguiente turno tarde demasiado, al menos una de ellas esperará para entregar todo lo relativo al servicio que se ha de entregar a quien corresponda. Por supuesto que hay personas que llegan a checar temprano y se incorporan de inmediato a sus servicios. También hay otras que aunque el relevo haya llegado se quedan a apoyar. La dimensión descolorida es una anomalía y no la norma. Pero existe. 

hospital incurable

Adrián Lobo | adrian.lobo.om@gmail.com | hospital-incurable.blogspot.com | facebook.com/adrian.lobo.378199