Apuntes del corazón

Foto Art Lasovsky en Unsplash

Entre todas las cosas que me quedo pensando, es que el sufrimiento entre las partes viene de la discrepancia entre lo que se quiere de alguien y lo que se obtiene. La autosuficiencia emocional, en cambio es la capacidad de buscar en diferentes partes lo que se quiere. El sufrimiento por el enamoramiento simplemente es la obstinación de querer recibir algo que la contraparte no puede proporcionar, y locura, como lo dice el tan repetido adagio, es la insistencia de realizar lo mismo esperando un resultado diferente.

Pensando en ello, tal vez se sufre imaginando que el otro puede darte algo. Sin embargo, hay ocasiones que la parte que no corresponde esos pensamientos, obtiene la atención de un tercero, alimenta su ego, su autoestima faltante (pensando en el peor de los casos). Pero este tipo de relación deshonesta y carente no puede sobrevivir para siempre. Alguno de ellos se cansa, y simplemente se aleja. Y la ruptura que ello conlleva, aunque momentáneamente dolorosa, tiende a marcar el fin de algo más dañino. La insistencia de enfrentar al corazón y la mente, me parece uno de los artífices más monstruosos de nuestra era. No son enemigas las partes que de repente no se ponen de acuerdo, es en cambio, el símbolo que no hemos logrado conciliar aquello que llevamos dentro, llámense experiencias y sentimientos. 

Pareciera entonces que el término «corazón» y «mente» se tienen fusionados en algunos idiomas como es el japonés. Y que la noción de la psique dividida pareciera más algo occidental. No me quiero meter tanto en los matices de la filosofía, terrenos sinuosos a los que les tengo mucho respeto. Por el momento me limito a decir, que a mi perspectiva, la claridad de las relaciones humanas empieza a vislumbrarse después de años de terapia, pasar por varios ansiolíticos, comprender las mecánicas de relaciones abusivas y otras tantas que no nos llenan, vivir para uno y encontrar el amor en cosas más pequeñas.

El dilema de los alimentos, un tanto extraño para mí, pareciera que recae en la práctica de ir adaptándose a nutrir el cuerpo de maneras que van más allá del entretenido sabor y la experiencia que satisfactoria que produce en la boca. Que lo que entra por la boca a final de cuentas influye en nuestra salud y en el ánimo. Me gustaría, por todos los medios, quitar la dependencia que tengo a las cosas dulces. Aquello que produce un cariño en el que me refugio cuando algo se empieza a complicar. Es entonces, una lucha de aquellas a las que me enfrento.

Lo último, y casi inequívoco, es que la vida se vive de tantas maneras, que no hay caminos únicos a fines comunes. Que extraño sí, salir y viajar como lo he dicho tantas veces. Pero disfruto estar en ese rincón con la gente a la que quiero. Que con el tiempo me voy dando cuenta de que no necesito tanto, y que la meta de la felicidad no es llenarse de miles de momentos donde nos gratificamos instantáneamente, sino estar en equilibrio, en paz. Y poder convivir con esa tranquilidad que, en la tormenta, tanto se añora.

Arantxa De Haro

Escritor amateur, multidisciplinario por pasatiempo, aficionado a los idiomas