Ética para cínicos

Por: Ernesto Palma F.

En medio de la peor crisis sanitaria, económica y de seguridad pública que haya vivido el país en toda su historia, el gobierno federal anunció la distribución de lo que ha llamado la Guía Ética para la Transformación de México. El vocero de la presidencia, Jesús Ramírez informó que se mandaron imprimir 8 millones de ejemplares. Estos serán distribuidos entre personas adultas mayores, a quienes se pretende concientizar para que sean ellos los que influyan en sus familias en un tema que se antoja fundamental. 

Resulta contradictorio que el interés en difundir el tema, provenga de un gobierno que ya  ha dado muestras contundentes de su actuación antiética, en diferentes ámbitos y por destacados integrantes de la 4T. Incluyendo al propio presidente López Obrador.

Para dar una idea de las contradicciones del régimen de López Obrador, se citan a continuación algunos párrafos reveladores de la Guía ética:

El régimen neoliberal y oligárquico que imperó en el país entre los años ochenta del siglo pasado y las dos primeras décadas del siglo XXI machacó por todos los medios la idea de que la cultura tradicional del pueblo mexicano era sinónimo de atraso y que la modernidad residía en valores como la competitividad, la rentabilidad, la productividad y el éxito personal en contraposición a la fraternidad y a los intereses colectivos; predicó que la población debía acomodarse a los vaivenes de la economía que diera satisfacción a las necesidades de la gente; los más altos funcionarios dieron ejemplo de comportamientos corruptos y delictivos y de desprecio por el pueblo y hasta por la vida humana.

Ante la descomposición y la decadencia a la que México fue conducido, proponemos reafirmar, difundir y promover los principios éticos hasta hace poco menospreciados y ridiculizados en el pasado reciente desde las alturas del poder político y económico. La Cuarta Transformación de la Vida Pública Nacional se ha propuesto erradicar la corrupción, construir un Estado de bienestar y de derecho…

Una persona miente cuando tergiversa o deforma los hechos en forma deliberada, aun sabiendo que lo que expone es parcial o totalmente falso.”

Ni el poder ni la autoridad son derechos o atributos de tu persona. Uno y otra sólo tienen sentido ético cuando se ejercen para servir a los demás. Si lo usas en provecho propio o de tus allegados incurres en corrupción, perviertes el cargo, traicionas la confianza depositada en ti, destruyes tu dignidad y tu prestigio, dañas a tu familia y a tus personas cercanas y no conocerás la satisfacción de servir a los demás.

Hasta aquí la abominación de un régimen que pretende que sus gobernados asimilen en sus vidas cotidianas los principios y valores éticos para la “transformación de México”, mediante la difusión de una guía ética, cuyo contenido es desconocido y ajeno a los propios servidores públicos del gobierno federal.

Este esfuerzo sería loable si proviniera de un gobierno con la suficiente autoridad moral para erigirse como ejemplo de los valores y principios que podrían engrandecer a una nación. Lamentablemente, trasladar a la sociedad el peso histórico de un cambio como el que necesita nuestro país, sin mostrar congruencia entre el discurso y los hechos, envilece los propios principios y valores que se pretenden difundir y promover entre los gobernados.

Un ejemplo claro de esta vergonzosa manipulación, es la  interminable lista de mentiras,  amenazas, descalificaciones, insidias, burlas, insultos e incitaciones al odio y a la confrontación, expresados desde el púlpito presidencial, todas las mañanas durante los últimos dos años,

¿Hay ética en ese perverso ejercicio de comunicación oficial? Según su propia Guía, no. Sólo cabe una palabra que explica la realidad en la que estamos viviendo: Cinismo.

El término permite hacer referencia a la impudencia, la obscenidad descarada y la falta de vergüenza a la hora de mentir o defender acciones que son condenables. 

Algunas aristas del cinismo más recalcitrante exhibido por la 4T 

Más allá de los polémicos casos de corrupción de prominentes personajes de la 4T- muchos de ellos aún sin investigar- resultan alarmantes los resultados de la Cuenta Pública 2019 de la Auditoría Superior de la Federación (ASF),  ya que exhiben el hecho de que el supuesto combate a la corrupción esgrimido todos los días por el presidente López Obrador, sólo está en el discurso, porque en la práctica los resultados son escandalosos.

Tras un retraso de varios meses, por la emergencia sanitaria —derivada de la pandemia por Covid-19— la ASF entregó el pasado 30 de octubre a la Cámara de Diputados, 487 informes individuales del gasto público ejercido en 2019, por los tres órdenes de gobierno.

Una de las dependencias con el mayor número de observaciones, en plena crisis sanitaria, es la Secretaría de Salud y en parte esto obedece a la decisión presidencial de otorgar los contratos del sector sin licitaciones de por medio, lo que ha resultado contraproducente porque en muchos casos se han entregado equipos a sobreprecio e inservibles y se ha generado desabasto de medicamentos.

El gobierno federal no sólo causó un daño irreparable a la población al aplicar una política de austeridad irresponsable en el sector de salud e implementar una política fallida contra la pandemia; sino que ha hecho un uso poco eficiente y opaco de los recursos públicos utilizados en programas prioritarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, como Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida o Becas Benito Juárez; y las megaobras como el Tren Maya, la refinería Dos Bocas o el aeropuerto de Santa Lucía.

Estos son los programas y proyectos donde el gobierno federal está destinando la mayor parte del presupuesto público, incluso en el marco de la emergencia sanitaria y de la crisis económica, lo que no sólo contradice el supuesto combate a la corrupción, sino que coloca un manto de impunidad sobre estos programas y megaproyectos que son prioritarios del Presidente que, además, se están utilizando con fines clientelares rumbo a las elecciones de 2021.

El país se desmorona y López Obrador sigue mintiendo: “vamos muy bien”, “ya se domó la pandemia”, “yo tengo otros datos”, “la culpa es del neoliberalismo”, “tendremos un sistema de salud como el de Dinamarca”, “hay que abrazarse, no pasa nada”, “la pandemia llegó como anillo al dedo”, “primero los pobres”, “el pueblo está feliz, feliz, feliz…” y un prolongado etcétera. Cinismo puro.

Esta es la verdadera ética de la 4T, que seguramente impulsará la transformación México, en un país de cínicos, tal como presagiaba José López Portillo.

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