La Mujer Maravilla: la creación de un personaje

POR: RAUDEL ÁVILA

La doctora Jill Lepore es una intelectual de peso completo y quizá la más estimulante y original entre toda la escena cultural estadounidense. Profesora de historia de Estados Unidos en la Universidad de Harvard, feminista, colaboradora regular de la revista New Yorker. Erudita por los cuatro costados, lo mismo escribe de derecho, filosofía, tecnología, literatura, que de cultura popular, feminismo y un amplísimo etcétera. Cada vez que publica un libro sacude con nuevas polémicas la vida pública estadounidense y recibe otro prestigiado galardón por sus aportaciones al conocimiento del pasado. Así por ejemplo con su monumental historia de Estados Unidos These Truths: A History of The United States, pero para el caso que nos interesa, su premiadísimo libro The Secret History of Wonder Woman.

The Secret History of Wonder Woman es ese libro envidiable que uno hubiera querido escribir. De insuperable calidad literaria, documentadísimo en todo tipo de archivos públicos y privados, ameno cual novela policíaca, mezcla en una sola obra la profunda investigación historiográfica con la anécdota inesperada, el análisis de la política y la vida de su país. La doctora Lepore consigue en esta obra maestra una demostración patente de que el estudio de la cultura popular puede hacerse con el más alto rigor intelectual. De alguna manera conecta la historia del feminismo y la evolución política de Estados Unidos con el origen de la industria del comic de súper héroes y una completísima biografía de William Moulton Marston, el creador de la Mujer Maravilla. Buena parte de la información en el primer apartado de este ensayo viene del libro de la doctora Lepore.

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William Moulton Marston nació en una acaudalada familia estadounidense de Massachusetts. Dispuso de todos los privilegios que el dinero y una buena crianza pueden proporcionar. Siempre fue el primero de su clase desde la educación básica hasta la preparatoria. Ahí se convirtió en el arquetipo del estadounidense exitoso, el mejor promedio de su generación, líder estudiantil y capitán del equipo de football americano. Atlético, guapo y millonario, ¿qué más podía pedir? Pues resulta que detrás de esa imagen de perfección americana se ocultaba la patética inseguridad de un niño siempre deseoso de complacer a su mamá. Frágil, sensible, incluso emocionalmente débil, William Moulton Marston fue a la universidad de Harvard, donde cursó desde la licenciatura hasta el doctorado a todo lo largo de la década que corre entre 1910 y 1920. En la licenciatura dejó de ser el estudiante estrella, pues sus limitaciones emocionales lo condujeron a un intento de suicidio por envenenamiento. Lejos de su madre, William se sentía solo. La licenciatura, entre cuyas materias había múltiples cursos de historia, lo aburría señaladamente. Después de la fallida tentativa de suicidio, pensaba que ninguna disciplina podría entusiasmarlo… hasta que se metió accidentalmente en un curso de literatura clásica con énfasis en el mundo griego. Fue una de las grandes revelaciones de su vida. La mitología clásica se convirtió en una de sus pasiones dominantes y lo sacó de la depresión. Lo cautivaron las historias de una tribu de guerreras residentes en el Asia menor, conocidas como las amazonas. La atracción que ejercieron sobre él estas figuras era doble: intelectual, por su admiración hacia la independencia de dichas mujeres, y erótica por la intensidad hormonal propia de su edad universitaria. Son años del movimiento sufragista (el movimiento que luchó por el derecho al voto de las mujeres) lo mismo en Estados Unidos que en Inglaterra.

Los estudiantes de las escuelas de humanidades en Harvard se distinguían por sus inclinaciones políticas liberales y simpatizaban con las sufragistas. A tal punto que invitaron a varias de las más prominentes para impartir conferencias en la universidad. No obstante, en esos años, Harvard no autorizaba el ingreso de mujeres a sus cursos. Había universidades exclusivamente para mujeres en Estados Unidos, de modo que Harvard no permitió a las sufragistas el ingreso a ninguno de sus auditorios para impartir la conferencia a la que las habían invitado los estudiantes. Los muchachos, entre quienes se contaba William Moulton Marston, no se desanimaron y rentaron un auditorio privado en Boston para celebrar el evento y escuchar en vivo a las sufragistas. William estaba fascinado, lo mismo con las combativas activistas que con su discurso y sus luchas. En cartas a su madre las describió como una especie de “mujer maravilla” que rompían las cadenas de la esclavitud impuesta por los hombres. En lo sucesivo, idealizó ese tipo de mujeres y se volvieron su modelo para encontrar pareja. Había descubierto sus dos grandes aficiones intelectuales: la mitología griega y la causa feminista.    

Ya en la maestría y el doctorado, William Moulton Marston obtuvo títulos en psicología y derecho respectivamente. La psicología todavía no se estudiaba en Harvard como una disciplina independiente, sino que se le agrupaba como una subrama de la filosofía. No terminaban de concederle un carácter plenamente científico, sino como la misma filosofía, uno especulativo. Esto cambió precisamente en los años de estudiante de William, cuando algunos profesores alemanes recientemente emigrados a Estados Unidos, por invitación de Harvard, abrieron el primer laboratorio de psicología experimental. La principal preocupación de aquellos investigadores se relacionaba con la criminología. ¿Era posible examinar clínicamente el alma de un criminal para saber cuándo mentía? ¿Existía un recurso científico y/o tecnológico para detectar si una persona decía la verdad?  ¿Podía inventarse, en suma, un detector de mentiras? Se trataba de inventar ese dispositivo tecnológico para ponerlo al servicio de los tribunales donde se cuestionaba a los acusados de algún delito. “Un lazo de la verdad” lo llamaba juguetonamente el joven William en esos años, pues se había obsesionado con las cuerdas y las mujeres amarradas que rompían sus ataduras durante el acto sexual. Bondage, se le llama en inglés a esta extendida “perversión”.

William aprovechaba los experimentos para amarrar a las mujeres voluntarias y tomarles la presión arterial cuando mentían. Así, satisfacía simultáneamente su curiosidad intelectual y su apetito sexual. Su teoría era que el pulso y el ritmo de los latidos del corazón cambia cuando un ser humano miente. Sus deslices sexuales y coquetería con las mujeres le costarían, a la postre, su carrera académica. Ya con su título doctoral, a la vuelta de los años ejerció como profesor lo mismo en la Universidad de Columbia que en Tufts, pero en todas las escuelas lo echaron por su peligrosa insistencia en seducir a sus alumnas o a las mujeres que aceptaban participar en sus experimentos. En señal de pudor y respeto a los lectores, me guardo algunas de las anécdotas más licenciosas referidas por la doctora Lepore acerca de las actividades sexuales de William.

Ahora bien, he pasado por alto la intensa vida romántica del joven William. Si a usted le interesa este tema y no quiere leer el libro de Jill Lepore, busque la película El profesor Marston y la Mujer Maravilla, donde queda retratado su carácter como precursor del poliamor. A William le obsesionaba la libertad sexual de las mujeres (y la de él mismo), así que vivía con dos al mismo tiempo. Su esposa (Elizabeth Holloway) y una alumna (Olive Byrne, sobrina de la gran feminista Margaret Sanger) a quien sedujo rápidamente. Las dos lo adoraban y reverenciaban más allá de toda proporción, a tal punto que aceptaban cumplirle todas sus fantasías y vivir juntas. Elizabeth, su esposa, desarrollaría su propia carrera intelectual en el campo psicológico y fue la editora de la Enciclopedia Británica en Estados Unidos. Una mujer cultísima que dominaba la obra de Wittgenstein, Piaget y Adler, a quienes editó en Estados Unidos. Por su parte, Olive se convertiría en una exitosísima reportera de revistas americanas para mujeres, con reportajes de interés general y política. Elizabeth y Olive contribuían a los gastos del hogar con más dinero que el propio William, quien tuvo hijos con ambas.  A pesar de su impresionante formación intelectual, William fracasaba en todos los proyectos profesionales en los que se metía. Publicó libros de psicología y novelas, que no vendían ni una docena de ejemplares. Ya dijimos que lo despidieron en varias universidades, cerrando la puerta de una carrera académica. Se convirtió en consultor psicológico de la industria cinematográfica en los estudios Universal y también intentó lo propio en el poder judicial. Al final, sus teorías resultaban demasiado audaces para la época y sus experimentos amarrando mujeres ponían nerviosos a sus distintos patrones. No obstante, dejó una creación asombrosa por la que no se le da crédito suficiente ni le aportó ganancias monetarias. William Moulton Marston sí logró inventar el detector de mentiras, mejor conocido como el polígrafo. Muchos años más tarde, ya en la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un instrumento valioso para el ejército estadounidense durante los interrogatorios a prisioneros de guerra.

Al paso de las décadas, William se amargó por sus numerosos fracasos profesionales y se volvió detestable, hasta quedarse sin vida social más allá de la convivencia sexual con sus dos mujeres, quienes lo mantenían. Se quedaba en casa todo el día comiendo. Lejos quedó el gran atleta del football americano y en su lugar estaba un obeso e intratable señor con ínfulas intelectuales. Sus dos mujeres lo cuidaban, pero su humor era cada vez más agrio. Regañaba a los hijos que tuvo con ambas por cualquier cosa, sobre todo un día que descubrió a los niños leyendo unas revistas de caricaturas que llamaron su atención. “Superman y Batman ¿qué es esta basura?” les preguntó furioso. “Lean alta literatura griega, contenido que los cultive.” Confiscó las tiras cómicas y dejó a los niños llorando, pero se las llevó a su recámara y las leyó. Decir que le gustaron mucho es usar un eufemismo. En su faceta de psicólogo, encontró fascinante la propaganda ideológica en esas revistas y el potencial educativo que podían ejercer sobre las mentes infantiles. Superman y Batman combatían juntos o por separado a los nazis y ayudaban al esfuerzo del ejército estadounidense. William Moulton Marston mantuvo hasta el final de su vida las convicciones feministas. “¿Y si esas revistas sirvieran de vehículo para la propaganda en favor de la liberación de la mujer?” se preguntó. No recuerdo las circunstancias precisas, pero William fue a ver a Maxwell Charles Gaines, el creador de las revistas de cómics (fue el primero a quien se le ocurrió reunir las tiras cómicas de los periódicos en una revista) y al equipo editorial de DC Comics, a quienes conocía por haber servido de consultor psicológico para el contenido de otras revistas. Les propuso crear a la primera super heroína. Una amazona que también ayudaría la lucha de las potencias aliadas contra el fascismo. Faltaba definir su disfraz. En esos meses, la empresa de la competencia Timely Comics (en la actualidad conocida como Marvel Comics) lanzaba su primer súper héroe patriota: El Capitán América. Los colores de la Mujer Maravilla no podían ser menos patriotas, así que las barras y las estrellas estaban decididos. Una amazona, que, como criatura de la antigüedad griega defendería la democracia de la amenaza de dioses mitológicos. Wonder Woman apareció por vez primera en All Star Comics #8 en diciembre de 1941. El personaje se convirtió en un éxito excepcional, vendiendo entre medio millón y un millón de revistas mensuales. Wonder Woman reunía elementos de las grandes pasiones intelectuales y sexuales del para entonces viejo William y usaba como arma un “lazo de la verdad”.

Los comics, caricaturas, series, películas, influencia

“¡Mujer Maravilla, Mujer Maravilla! Ahora el mundo está listo para ti/ y las maravillas que puedes hacer/ haz de un halcón una paloma/ detén una guerra con amor … haz que las potencias del eje se doblen/ ¡cambia sus mentes y cambia el mundo!” decía la canción en inglés de la serie de televisión de la Mujer Maravilla cuya emisión inició en 1975. La protagonista, Lynda Carter, era una actriz atlética y hermosa, ganadora del concurso Miss Estados Unidos y finalista de Miss Mundo. Aunque sus efectos especiales hoy se ven ridículos (el avión invisible de la Mujer Maravilla da pena ajena), los guiones y las actuaciones eran rescatables. La historia general era más o menos fiel al comic, una diosa griega venida a salvar la democracia en el mundo, apoyando al ejército estadounidense.  Desde su creación en 1941, la Mujer Maravilla tardó más de treinta años en pasar a una adaptación a la pantalla chica. Si bien es cierto que ya figuraba en las caricaturas de los Súper Amigos (una adaptación animada de la Liga de la Justicia), nunca había tenido su propio programa. Y es que si bien los comics de la Mujer Maravilla fueron tremendamente exitosos mientras vivió William Moulton Marston, a su muerte acaecida en 1947, perdieron muchísima calidad y también ventas.

Fue hasta la década de 1970, cuando la periodista y activista feminista Gloria Steinem rescató e impulsó el relanzamiento del personaje, adoptándola, una vez más, como un icono del movimiento feminista. DC COMICS tuvo que volver a tomársela en serio. En años anteriores, los guionistas habían degradado a la Mujer Maravilla al grado de convertirla en la secretaria del grupo de súper héroes, la Sociedad de la Justicia (el antecedente de la Liga de la Justicia). Sí, la secretaria. El machismo también se manifestaba en los comics, pues William Moulton Marston ya estaba muerto y no podía refrendar el verdadero carácter del personaje como apoyo al movimiento feminista. Y es que mientras William vivió, en lo que se conoce como la Edad de Oro de los cómics, la Mujer Maravilla no conoció rival en circulación y ventas de su revista. Se daba un quién vive con Batman y Superman, pero además superaba por mucho las ventas de Flash o Linterna Verde, no se diga Aquaman. Era una heroína inmensamente popular entre los niños de ambos sexos.

La Mujer Maravilla para mi generación es el personaje animado de las caricaturas de la Liga de la Justicia diseñadas por Bruce Timm entre 2001 y 2004. Ahí, Diana Prince (la identidad secreta de la Mujer Maravilla) es una mujer por supuesto de belleza escultural (diosa griega, a fin de cuentas) y nobleza inconmensurable, pero más ruda que Superman o cualquier otro súper héroe en el combate cuerpo a cuerpo. En la caricatura, ella se da el lujo, por ejemplo, de burlarse de Batman una y otra vez. Pero es mucho más que eso.

La Mujer Maravilla ha evolucionado en los comics, caricaturas y películas hasta convertirse en un símbolo de la diplomacia y la paz. Puesto que su mayor enemigo es Ares, el dios griego de la guerra, la Mujer Maravilla lucha con todas sus fuerzas por conseguir la paz. No en balde grandes diplomáticas de la historia estadounidense como las Secretarias de Estado Madeleine Albright y Hillary Clinton o la embajadora Samantha Power han confesado su admiración por el personaje de la Mujer Maravilla. Albright y Power, migrantes checa e irlandesa respectivamente, han referido cómo, siendo niñas, al llegar a Estados Unidos (en el caso de Albright huyendo de la dictadura fascista y colaboracionista con Hitler en Checoslovaquia), encontraron refugio en el baseball e inspiración en los comics de la Mujer Maravilla. Esto les sirvió para nunca sentirse intimidadas por ningún niño y desarrollar una vida profesional propia sin temores. Por su parte, Clinton recibió el primer premio Mujer Maravilla, entregado en Estados Unidos, y pronunció un notable discurso elogiando al personaje. Destacó su influencia benefactora sobre las niñas, incluida su nieta, a quien impulsa a ver todas las películas protagonizadas por Gal Gadot, la más reciente y carismática intérprete de Wonder Woman. Hillary Clinton también aplaudió a su amiga Patty Jenkins, la directora de las películas de la Mujer Maravilla. Mientras Batman y Superman solucionan todo a golpes, la Mujer Maravilla es el emblema del diálogo para evitar los conflictos entre Estados Unidos y la Unión Soviética, o después de la Guerra Fría, entre EUA, Rusia y China. Así en múltiples sagas del universo de los súper héroes, incluida la reciente Doomsday Clock, donde la Liga de la Justica conoce al grupo de populares antihéroes Watchmen y deben trabajar juntos para evitar una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia. Mientras otros héroes pelean o investigan, la Mujer Maravillla se dirige a los líderes mundiales en la ONU promoviendo la paz.  

Elegantísima, refinadísima, cultísima, brillantísima, inteligentísima, bellísima, fortísima, sensual y vestida con poca ropa, así es la Mujer Maravilla. No deja de ser una proyección de las fantasías sexuales de un hombre blanco, intelectual, liberal y anglosajón. Pero también es mucho, muchísimo más que eso. Es la encarnación de la mujer fuerte, independiente y capaz para millones de niñas en el mundo. Wonder Woman se sienta literalmente en la mesa de los hombres más poderosos de su universo en el Salón de la Justicia y tiene voz propia, gana los debates e incluso impone sus determinaciones sobre las de Batman o Superman. En la película de La Liga de la Justicia estrenada hace pocos años, vimos a Gal Gadot ridiculizando a los otros héroes en un diálogo memorable “Niños, trabajo con puros niños” se queja. Otro elemento fundamental según William Moulton Marston: la Mujer Maravilla nunca se casó. A diferencia de Superman que terminó contrayendo matrimonio con Luisa Lane, o Batman con Gatúbela hace un par de años, la Mujer Maravilla no necesita un hombre para realizarse personal y profesionalmente. Lleva siempre en su recuerdo el amor de Steve Trevor, el primer hombre al que conoció y a cuyo lado combatió contra los nazis para defender la democracia liberal, pero no se casan ni tienen hijos. La Mujer Maravilla no requiere eso para llegar a su máximo potencial ni en su vida sentimental ni como heroína. Claro que en algunas sagas de universos alternos como Kingdom Come o Injustice, la Mujer Maravilla se vuelve la amante de Superman y lo empuja a seguir sus impulsos más oscuros para convertirse en dictador… pero son eso, universos alternos.

Por las páginas de la Mujer Maravilla y sus sucesivas adaptaciones a otros medios han desfilado los mejores guionistas y dibujantes de la industria. Desde su creador William Moulton Marston hasta el legendario artista John Byrne, Grant Morrison o Geoff Johns. Wonder Woman han inspirado una pléyade de súper heroínas posteriores a su aparición en distintas empresas: Supergirl, Batgirl, Batwoman, Spiderwoman, Spidergirl, Silk, Black Widow, Jessica Jones, las integrantes femeninas de los X-MEN y un interminable etcétera. Todas han consolidado su propia base de admiradores, pero ninguna goza de la popularidad y el ascendiente de la Mujer Maravilla. En los avances de la película que está por estrenarse la semana entrante, Wonder Woman 1984, Gal Gadot, en su momento Miss Israel, dice “Nada bueno nace de las mentiras… y la grandeza no es lo que tú crees.”

El día que se confirmó la victoria de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos, se confirmó también la victoria de Kamala Harris como la primera mujer en llegar a la vicepresidencia de ese país. Tan pronto se difundió la noticia, Lynda Carter, la Mujer Maravilla de la década de 1970, subió a su cuenta de Twitter una calurosa felicitación a Kamala Harris y un meme de la propia Carter encarnando a Wonder Woman y dándole un golpe a Donald Trump, el presidente más misógino en la historia estadounidense. Llevo más de 30 años consumiendo cómics de súper héroes. Wonder Woman tiene una ventaja insuperable sobre cualquier otro personaje. No existen los kriptonianos voladores que protegen a la humanidad. Tampoco los millonarios que se disfrazan de murciélagos para combatir el crimen, ni siquiera los adolescentes con poderes arácnidos capaces de trepar muros. Pero en el mundo real, todos hemos conocido por lo menos una Mujer Maravilla. No es casualidad que el año en que una pandemia devastó a la humanidad entera, la única película de súper héroes por estrenarse en cines sea La Mujer Maravilla. Hoy sabemos que, bajo cualquier parámetro seleccionado, los países que mejor manejaron la pandemia, donde hubo menos muertes, son todos, gobernados por mujeres. Hacen nuestras vidas y al planeta mismo un lugar más habitable. Es lo que quiere inspirar la Mujer Maravilla. Y lo ha conseguido muchas veces…