El verdadero buen fin

Foto Mufid Majnun en Unsplash

POR: ADRIÁN LOBO

Mucho antes de que se inventaran esa artimaña de mercadotecnia bautizada como “El buen fin”, ya existía una situación más cercana a la descripción que hace el título. Me refiero a el fin de año que trae para los asalariados unos días de felicidad a base de consumismo, aunque no todos se entregan a eso con tanta facilidad y alegría, me imagino que todos conocemos a alguien que emplea las percepciones de fin de año para concretar proyectos en lo personal o familiar; pago de deudas, mejoras en su vivienda, etc.

Un mejor empleo de la vacía frase y que le daría un sentido más profundo, según mi consideración, es para referirse a otras situaciones, como por ejemplo: El fin del sexenio del telepresidente, el fin del PRI o el fin del sexenio de Yunes en Veracruz. Otro ejemplo de buen fin que aguardo con ansias es el fin del sexenio extendido de Murat a través de su junior imberbe que es incapaz, entre otras cosas, de dar tres pasos cargando una marmota. Aunque eso nada tenga que ver con su escasa capacidad política no quise privarme del placer de decirlo, usted perdone.

Más allá de esos finales que llegaron o que llegarán, hay otros inciertos que son aún más anhelados y necesarios para tener un mejor país: el fin de la inseguridad; el fin de esa violencia rabiosa y enferma que hemos estado padeciendo. 

Por desgracia hay finales muy deseados y percibidos como buenos que no necesariamente preceden el inicio de algo mejor, como nos sucedió en Oaxaca con Gabino Cué. Con mucha vergüenza admito que fui uno de los ingenuos que creyeron que realmente en Oaxaca íbamos a hacer historia, que en mi querido estado las cosas realmente iban a cambiar…

Me disculpo con quienes tengan la amabilidad de leer estas humildes líneas, les ruego que tengan la bondad de comprender que aproveche este espacio para desahogarme. Dicho lo anterior, vuelvo a la idea original. 

Hay percepciones de este tipo en los S.S.O. («medidas de fin de año», les llaman pomposamente algunos) que tienen una base legal, como el aguinaldo, que es un derecho de los trabajadores. Sin embargo hay otros con los que no estoy de acuerdo y desconozco si tienen un fundamento legal y aquí sí me voy a meter en aprietos con amigos, conocidos y familiares. Lo siento mucho pero tengo que decirlo. 

Es el caso del famoso bono sexenal que ya se ha hecho costumbre otorgar cada fin de sexenio al personal sindicalizado aglutinado en la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado. 

Ya que menciono esa organización sindical quiero plantear una pregunta: ¿Cómo se pronuncia F.S.T.S.E.? He escuchado a muchas personas intentarlo pero lo hacen siseando como si fueran serpientes y a otras más inventándose una “E” después de la “F” y eliminando la primera “S”. “La FETSE”, dicen. Así me surge otra duda, si omitir letras al leer o escribir se conoce como “comerse las letras”, ¿cómo se puede uno referir al acto contrario de agregarlas? ¿Podría ser algo como “vomitar las letras? Pero bueno, no me hagan mucho caso, por otra parte yo por si acaso sólo digo “La Federación” para evitarme problemas. 

Es cierto que el final del Peñato fue digno de celebrar pero más que algo merecido, como muchos dicen que es ese ya tradicional bono sexenal, a mí me suena como una dádiva que funciona como moneda de cambio. Se otorga a cambio de algo y se me ocurre que ese algo es mantener a las huestes tranquilas, como comprar un silencio, pagar para que no haya escándalo al ver que se llevan todo lo que pueden en su año de hidalgo, porque pues al menos, reparten. 

El del 2018 no fue por supuesto el primer bono sexenal que se otorgó, pero a mí sí me gustaría ver que fuera el último porque no quiero ni imaginar cuánto dinero más será el que se repartía a los altos niveles de la burocracia dorada por el mismo concepto o uno similar. Para tener una idea aproximada sólo basta con echar un vistazo a las cantidades que se autorizaron este 2020 los diputados como aguinaldo.

Otro bono que no se otorga a todos pero que igualmente percibo como improcedente y que se paga en estas fechas (este año 2020 ya se hizo) es conocido como “De puntualidad y asistencia perfecta”. Se supone, como el nombre sugiere, que se otorga a todos aquellos que llegan a trabajar puntualmente y no tienen inasistencias en el periodo evaluado. Aunque en último análisis es un dinero que se otorga básicamente por ir sin falta a trabajar en un cierto horario. Pero, ¿no percibimos ya un monto quincenal por esa razón, no tenemos un sueldo? 

Para mí este asunto tiene muchos puntos cuestionables, porque como sabemos todos los que trabajamos en el H.G.D.A.V., checar la tarjeta a tiempo no siempre implica que te incorpores a realizar tus labores correspondientes a esa hora precisamente. Muchos acostumbran “pasar visita”, dar una vuelta por aquí y por allá haciéndole al loco o de plano salir para ir a atender asuntos personales. 

Ahora bien, hay quienes dicen que sí es justo porque si acumulas cierta cantidad de retardos en un periodo determinado te hacen un descuento en tu percepción quincenal por que se configura una falta. Lo cual por cierto es ilegal, en dado caso la ley faculta al patrón a no permitir la entrada al trabajador que llega retrasado y de esta manera procede el descuento por inasistencia, no por acumular retardos.

Pero es una falacia, siguen aquellos que así lo sostienen el razonamiento falso en el sentido de que debe haber una recompensa toda vez que del otro lado hay una sanción. Quizá se imaginan que si uno conduce por la ciudad sin incurrir en infracciones al reglamento de tránsito al finalizar el recorrido  alguien le dará una palmadita en la espalda porque en caso contrario, de no observar las normas, se le aplicaría una multa. Es un completo disparate.

Quiero pensar que este bono busca estimular la productividad pero no se les ocurrió algo mejor porque es difícil evaluarla en un hospital. Vamos, por mucho que un médico desee operar a 20 pacientes de apendicitis por semana si no hay más que diez, pues qué puede hacerse. Algo que sí se puede hacer es buscar por ejemplo otorgar una gratificación por implementar mejoras en ciertos procesos, por mantener el nivel de merma en los almacenes en cero, por implementar procedimientos más eficientes que permitan al hospital generar ahorros y dar una mejor atención, pero no, eso ni siquiera se fomenta. 

Pero aún si buscaran recompensar la productividad para mí es cuestionable. Y no solamente porque yo sea un cascarrabias, sino porque insisto en que para eso nos pagan, para trabajar. Eso precisamente es de lo que se trata un trabajo, realizar una actividad a cambio de una compensación económica, ¿no es nuestra obligación, si no legal al menos moral, poner todo de nuestra parte y esforzarnos para hacerlo bien o al menos tan bien como podamos? Simplemente ir a cumplir con un horario y seguir una política de mínimo esfuerzo, que es lo que muchos hacen, es una actitud sumamente mediocre.  

Por la misma razón exigir premios por hacer bien nuestro trabajo no me parece correcto, en todo caso desde el principio lo que se debería exigir son mejores sueldos, creo yo. Si lo que se desea son aplausos y premios por un trabajo bien hecho lo mejor es irse a trabajar a un circo. Aclaro que todo esto que escribo es en lo relativo al trabajo que hacemos en la secretaría de salud, específicamente en el H.G.D.A.V., en la iniciativa privada puede ser muy distinto, en ese ámbito sí me parece justo y deseable que las empresas distribuyan mejor las utilidades. 

Por cierto que me parece muy curioso que, hasta donde he podido observar y en mi experiencia, se gana mejor en el gobierno que en las empresas particulares cuando debería ser precisamente todo lo contrario, ¿no sería lógico? Por eso me dio tanta risa cuando algunos dijeron que podría haber una especie de “fuga de talentos” (¡¿pero cuáles?!) en el gobierno federal al inicio de la administración obradorista, ya que los funcionarios de alto nivel ante la perspectiva en el nuevo gobierno de una reducción en sus fabulosos y escandalosos sueldos se irían a la iniciativa privada buscando mejores ingresos, cuando todos sabemos que no era más que un chantaje porque en ninguna empresa les pagarían lo que les paga el gobierno por no hacer nada o hacerlo todo mal.

Insisto en hacer la comparación con lo que sucede en el ámbito privado. Creo saber que ningún gerente o directivo al dejar su puesto ha otorgado ni otorgará nunca a los trabajadores una gratificación disfrazada de estímulo económico al retirarse. Antes que eso suceda lo corren de su trabajo. 

Y no hablo nada más porque la envidia me corroa y los celos me consumen ya que ese “Estímulo económico especial” (así se refieren al bono sexenal los sindicalizados) es para el personal de base, a los eventuales ni siquiera nos otorgan el anticipo de aguinaldo que también le dan a aquellos para supuestamente “aprovechar las ofertas del Buen Fin”. Sucede que, por ejemplo, en octubre del 2018, cuando aquí comían ansias por su bono, volvimos a botar a la basura, no sé si sacadas del propio almacén o traídas de otro lado, varias cajas de soluciones caducadas, esta vez para diálisis peritoneal. 

En la iniciativa privada rodarían cabezas, esas mermas se las cobrarían a los trabajadores por no ocuparse de que no ocurriera tal cosa. Cada una de esas cajas puede valer unos $ 300.00, sin embargo no son los costos lo que más molesta sino el hecho de que cuando un paciente necesita de estas soluciones, resulta que no hay y enviamos a sus familiares a comprarlas. Es decir que no es únicamente que no tengamos recursos o que tengamos pocos sino que además lo que hay no lo sabemos aprovechar. Es lamentable. Pero eso sí, nos atrevemos a asegurar que merecemos estímulos como un bono sexenal.

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