Tu rastro

Foto Ronaldo Oliveira en Unsplash

POR: MORGENDORFFER

Ahí voy de nueva cuenta, a seguir tu rastro. Aquel que doblando una esquina se pierde. Sigo las señales que dejas por el barrio para intentar verte, alcanzarte. Aunque no sabría qué hacer si lo consiguiera.  Sé que esos mensajes son para mí, que no olvidas cuando nos conocimos aquella tarde en el parque entre la multitud, y ese final abrupto cuando ella te llamo y yo tuve que regresar a casa con él. Cuán lejos se siente ese momento, parece que han pasado años. Ahora sólo salgo por las noches a las calles desiertas, paseos nocturnos para evitar riesgos. Nuevos hábitos. Prendada de tu olor, comencé a dibujar mapas mentales de las calles que recorrías, siempre junto a ella. Sus paradas frecuentes en el café, la florería y el puesto de revistas, donde la mancha de cigarrillo indicaba tu lugar y el suyo. Me es difícil ampliar las rutas, cada vez que trato de hacerlo él me retiene y pregunta por qué no quiero seguir el camino de siempre, dice que no tenemos tiempo de experimentar, forcejeamos un poco y volvemos a casa. Rutina. Algunas noches he pensado en escapar, esperar a que duerma profundamente y salir a buscarte, gritar tu nombre desesperadamente hasta que me respondas. Pero todo se queda en ideas, como cuando paso la tarde entera imaginando que el momento en que te vuelva a ver llegará, que hoy será el día; coincidiremos en la tienda, la farmacia o caminado por la misma acera, esperando que mi emoción no nos delate, ateniéndonos al guiño secreto que apenas y tuvimos oportunidad de disfrutar. Como aquella vez a principio de marzo, donde la suerte nos sonrió en la heladería, y sus teléfonos sonaron al mismo tiempo, su distracción nos permitió compartir una vida por unos minutos, sin saber que la larga sequía se avecinaba y el vuelco que daría la vida. Pero regreso a casa con el corazón lleno de decepción y momentos que vivimos a destiempo. Paso las noches en vela mirando sentada desde el balcón, entre los barrotes del barandal, hacia los edificios tratando de encontrarte en alguna ventana, con la luz encendida, esperando que tú hicieras lo mismo. He dudado tantas veces, justo cuando estoy desfalleciendo me llenas de nueva cuenta con alguna casualidad y nuestra complicidad continua. Como la de esa mañana cuando estaba a punto de caer dormida y pasaron rápidamente frente a mí, y no me pude contener soltando un saludo al aire que alarmó a todos, poniéndonos en riesgo, ambos voltearon y él me preguntó qué pasaba y yo no supe responder. Se detuvieron un momento y ahora yo lo hago en el mismo sitio para compartir tu huella justo antes de entrar al confinamiento. Me he sentido cansada estos últimos días, le preocupa, no debo verme del todo bien, iremos al veterinario el lunes, tal vez descanse algunos días, pero en cuanto pueda volveré a seguir tu rastro.