El jonrón de las miradas

¿Se han dado cuenta del talento que se necesita para jugar béisbol? Requiere una increíble destreza lanzar, recibir o batear.  Sin duda, cada uno de los deportes tiene sus enrevesados,, pero el béisbol, entre todos, tiene un enredado entramado de complicación. Por ejemplo, ¿cómo es que pueden golpear una pelota que llega a viajar hasta 146km/h? Y con un bate cuyo diámetro no supera 6.98cm. Otro aspecto que me resulta apasionante a la vez que maquiavélico, es la comunicación que los jugadores de béisbol logran establecer con las miradas y unas cuantas señas.

Tenemos en el campo a un catcher que es quien se encarga de recibir las pelotas que el bateador no logró conectar. Por otra parte, está el pitcher que es quien debe lanzar la pelota, de tal forma que el bateador no pueda tocarla. Entre el pitcher y el cátcher debe existir un lenguaje no verbal que pueda ser utilizado en el momento de la acción: El catcher se sienta detrás del bateador enemigo, en una mano el guante de cuero, la otra mano libre para poder hacer señas al pitcher. Catcher y pitcher entienden qué jugada se llevará a cabo, se miran fijamente y en esa mirada, se dicen todo lo que tienen que saber: el tipo de bola que debe lanzar, la fuerza y velocidad que debe imprimir en la pelota, el lugar donde debe colocarla e incluso, cuáles son los puntos débiles del bateador. Todo esto con un juego de miradas acompañadas de un par de señales inéditas y repasadas por la pareja. Es un entendimiento que sólo he visto en otro ámbito de mi vida: con mis papás.

El fenómeno de “las miradas que se entienden” entre mis padres, hace tiempo que lo estudio. Parece que después de casi cuarenta años de feliz matrimonio, se entienden con un lenguaje de miradas y señas, ¿increíble? Sí, ¿cierto? También.

Recuerdo varias ocasiones que, siendo más joven, pedir algún permiso a mis padres, convertía la casa en un campo de béisbol. Mi mamá, la pitcher, lanzaba bolas precisas, como el mismísimo Cy Young; bolas rápidas que no veías, bolas curvas que te esquivaban, bolas rectas que te fulminaban. Mi papá, el cátcher. Listo para descifrar nuestro talón de Aquiles y comunicárselo a mamá con un par de señas, cuyo significado sólo ellos conocen, pero, sobre todo, con esas miradas.

Recuerdo esa ocasión, la del campamento. Me acerqué a la sala en donde se encontraba mi papá en un silloncito color gris y mi mamá en un sillón grande, yo quedé justo en medio de ambos. Comencé con el clásico: yo quería pedirles permiso para… Mis papás empezaron a intercambiar miradas, se posicionaron mi papá comenzó con las señas, mamá las miraba atenta y se preparaba. ¿Permiso para qué? :-me dice-. Acampar con unos amigos. El juego comienza. Lanza la primera bola descifrando las indicaciones de su catcher: ¿En dónde? En la casa de fulana. ¿No es fulanita la hermana del chico que siempre está drogado en las esquinas? -pregunta mi madre. No me queda más que responder: Sí. Strike one.

-Piensas que vamos darte permiso de quedarte toda la noche en casa de una persona que se droga y es un vago ¿no piensas que te puede pasar algo? -se escucha la voz de mi padre buscando mis puntos flacos- no sé como los demás papás consienten algo así-termina-.

-Pero todos mis amigos van a ir-increpo-. Mamá mira a su cátcher, me mira a mí, otra vez a su cátcher, nuevamente a mí, toma posición y lanza una bola directa. Y porque todos lo hacen ¿tú tienes que hacerlo? ¿Qué te hemos enseñado? A que no haga las cosas como borrego, por seguir a los demás-respondo-. Strike two.

-¿Y si yo quiero ir?- El catcher mueve los dedos. Mamá se coloca en posición y lanza una bola curva que logra evadirme.

-Pregúntale a tu papá.

-Papá- ¿Vas a desobedecernos?-.

-No- respondo al tiempo que bajo la mirada, antes desafiante. Strike three; ¡ponchada! 

Es el turno de la pareja estrella. Mi padre toma el bate, mientras mi madre lo mira confiado. Mi catcher, mi hermano mayor que, claro, hubiera desobedecido. No entiendo sus señas ni sus miradas. Lanzo lo mejor que puedo. 

-Parece que vivo presa, nunca me dan permiso de ir a ningún lugar- bola lanzada flojamente, poca velocidad y nada de fuerza en el argumento.

Mi papá, con toda la experiencia del mudo, tiene el bate entre las manos- Cuando aprendas a elegir a tus amistades y vislumbrar los riesgos que puedan acecharte te vamos a dar permiso de hacer lo que quiera, mientras tanto, te quedas-. Sin dificultad mi lanzamiento fue interceptado por su bate. ¡Jonrón! La audiencia enloquece. Después de años de estudiar el fenómenos, estoy segura de algo: esa jugada maestra está elaborada y practicada desde antes de que yo naciera. 

Sin duda el béisbol es un deporte cuyo éxito no sólo radica en qué tan fuerte seas o qué tan rápido puedas correr, sino qué tan bien puedas comunicarte con tu equipo. Pitcher y catcher celebran su victoria. Su complicidad de casi cuarenta años los respalda. El equipo perdedor se retira haciéndose reproches. La niña de diez años se queda en casa el fin de semana.

Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades