El chapulín

Chapulín, Francisco Toledo

El ecosistema mexicano no perdona ni hace concesiones; la información y el mame nutren el siempre ávido apetito de los individuos que lo integran y se transmiten, sospecho, a través de algún oculto proceso biológico o electromagnético que ignoro de la misma forma que ignoro cualquier otro asunto.

Los conceptos surgen bien pronto, llegan a su apogeo y desaparecen o se quedan ahí flotando, a la mano, disponibles y dispuestos para cerrar o coronar cualquier discusión informal o para sellar sin más esfuerzo crítico. Algunos de esos conceptos han sido objeto de mi atención en esta #FiguritaMexicana, especialmente aquellos que relumbran por su idiotez, por su genialidad o por alguna peculiar existencia torcida.

Hace poco empecé a notar la fuerza de una figura que revela nuestra porquería y nuestra mala educación emocional: el chapulín. Y como si de una voluntad por convertir la vida cotidiana en una fábula más asequible se tratara, hemos convertido a este ortóptero mexicano en la viva figuración del cercano (en familiaridad sanguínea o amistosa) que se atreve (¡Ah, del drama!) a brincarle a nuestra ex pareja apenas terminada la relación.

Exquisita figuración, no me atrevo a condenarla mientras se mantenga en su justa dimensión: el chapulín es el sucedáneo de la carne y además es más barato y más nutritivo. El futuro, dicen los expertos en nutrición, es de los insectos.

El conflicto ocurre cuando, llenos de acritud, nos atrevemos a censurar la acción en clave de blasfemia o tabú; al chapulín se le excluye como si de un incestuoso se tratara, los códigos de amistad están trabados en la oscuridad medieval y a la pareja se le ve como un poste que, meado, es parte del territorio propio. La estupidez que nos mueve.

En sentido estricto el chapulín no es malévolo ni la otrora pareja sacrílega; lo que ocurre es que el hábito de ser idiota nos asalta si no amanecemos con la conciencia despierta: en sentido estricto nadie nos pertenece. ¿Habrá algún paper antropológico que nos explique el ardor cuando nos enteramos de la nueva pareja?

Mientras no tenga ese documento a la mano me toca poner la alarma para estar al tiro de esas emociones pendejas; y en descargo de mis pecados puedo decir que a los chapulines no los condeno, aunque sí los he tratado de diferente forma, algunos todavía se sientan conmigo a la mesa, a otros mis vísceras los dejaron como Usuario de Facebook, tristemente.

Antonio Reyes Pompeyo

Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho.