La “nueva oposición”: ¿aliada electoral de la 4T?

Elecciones 2021

Por Miguel Ángel Isidro

“La derrota es huérfana; la victoria tiene muchos padres”, reza un refrán popular.

Y tal vez no haya palabras más elocuentes para describir el momento actual de la política en México.

Estamos a pocos meses de la elección más grande en la historia del México moderno, y todo pareciera apuntar a una cómoda victoria para Morena, el actual partido en el poder.

A lo largo de lo que va del presente sexenio, distintos sondeos de opinión han señalado que, a pesar de las distintas controversias que le han acompañado desde su llegada al poder, la popularidad del presidente electo Andrés Manuel López Obrador prácticamente sigue intacta.

Y es que en números redondos, los distintos sondeos conceden a AMLO entre 50 y 65 puntos de aceptación, y aunque al entrar al apartado de las preferencias electorales los números muestran cierta fluctuación, la impresión general sigue siendo que el Presidente —no tanto su partido— es una marca que vende.

Es cierto; los 30 millones de votos que llevaron al tabasqueño a la primera magistratura del país representan un capital político del que ningún otro mandatario ha podido disponer en la historia reciente del país; tomando en cuenta que las dos contiendas presidenciales previas a su triunfo se resolvieron por un escaso margen y bajo severos cuestionamientos a su legalidad. La mayoría fue contundente, aunque haya quienes insistan en señalar que es técnicamente una primera minoría , en un país con poco más de 90  millones de ciudadanos inscritos en el padrón electoral.

Bajo este escenario, y aunque parezca prematuro considerarlo, es titánico  el trabajo que representará para las fuerzas políticas antagonistas a la 4T, primero, generar un contrapeso efectivo en el desarrollo de la vida política nacional para la segunda mitad del sexenio, y segundo, pero no menos importante, construir una plataforma que les permita competir con posibilidades reales de éxito para aspirar al poder en 2024.

Los hechos lo demuestran en forma contundente: AMLO nunca ha dejado de estar en campaña. El PRI y el PAN, sus principales oponentes, quedaron reducidos a su mínima expresión, y han enfrentado  severos problemas para recomponer su andamiaje para el proceso electoral intermedio.

El PRI dejó el poder en 2018 probablemente en la peor crisis de su historia. A diferencia de la elección del 2000, cuando un envalentonado Vicente Fox “lo sacó a patadas de Los Pinos”,  dejó de contar con una numerosa representación en las cámaras de diputados y senadores y disminuyó dramáticamente su presencia en estados y municipios. Y aunque conserva 11 gubernaturas, por lo menos en 6 de ellas se avizoran difíciles las posibilidades de refrendo. Sólo el Estado de México sigue siendo su verdadero bastión político.

A pesar de haber mantenido su presencia en estados como Guanajuato y Yucatán (que prácticamente le arrancó al al PRI en 2018), el panorama político para el PAN tampoco es sencillo. Las divisiones internas dejaron mermado al blanquiazul. La fallida aventura política del ex presidente Felipe Calderón  en su intento por crear un nuevo partido político , hizo énfasis en las notables diferencias entre los cuadros de la vieja escuela panista, más apegados a la derecha tradicional, y una nueva clase política pragmática y arribista, que no ha terminado aún de consolidarse.

El reto de la dirigencia nacional panista, encabezada por Marko Valdés será demostrar que la actual crisis es sólo un escenario temporal y que podrán recuperar terreno en los siguientes procesos.

La cuesta  arriba más complicada de remontar pareciera ser para el PRD. El ex partido de López Obrador no ha podido superar el boquete que le generó el surgimiento de Morena, y perdió su principal bastión y fuente de ingresos: el gobierno de la Ciudad de México y la mayor parte de sus delegaciones, ahora alcaldías. 

Sin liderazgos fuertes, el partido del sol azteca se eclipsa al punto de que pocos avizoran su sobrevivencia más allá de la próxima elección intermedia. 

Bajo este orden de cosas, para muchos resulta lógico el que éstas tres fuerzas políticas-PRI, PAN, PRD-hayan determinado sumar esfuerzos a través de la coalición electoral denominada “Va Por México”, que competirá en 180 distritos electorales, representada por 57 candidatos priistas, 54 del PAN y 9 perredistas. Obviamente la distribución está basada en sus posibilidades reales de triunfo.

Sin embargo, dicha suma de fuerzas pareciera confirmar en los hechos el reiterado discurso de López Obrador en torno a su oposición, a la que se manera simplista -muy a su estilo-, alglutina bajo títulos reiterativos: “la mafia del poder”, “los de antes”, “nuestros adversarios”, “el PRIAN”, o simple y llanamente, “los conservadores”.

Para ventaja de López Obrador y su 4T, las fuerzas opositoras presentan una grave crisis de liderazgos. No hay figuras prominentes que en un momento dado pudiesen resultar atractivas para los electores indecisos o para los jóvenes que por primera vez ejercerán su derecho al voto. Dicho de otro modo, “Va Por México” se vislumbra más como una quiniela donde cada uno de los partidos participantes mete a la apuesta a su voto duro. Y en el caso del PRD, pareciera jugarse una desesperada carta para mantener su registro.

Ahora el reto para AMLO será operar la elección desde el poder sin perder legitimidad ante su amplia base de seguidores. Y por ello resulta interesante observar su comportamiento desde el Ejecutivo Federal. El argumento de erigirse en víctima de lo que el llama “la mafia del poder”, del INE (con el tema de sus conferencias matutinas) o de lo que él ha calificado como una burocracia dorada que se ha refugiado en los organismos autónomos como el INAI, contribuyen a su discurso simplificador: más que una elección está en juego la permanencia de una nueva forma de gobernar. No sólo se eligen alcaldes, gobernadores o legisladores, se trata de “defender” un proyecto de nación, y en consecuencia, a su principal capital político: el propio presidente, como líder impulsor del cambio.

Nuevamente la misma retórica: todo es a favor o en contra de AMLO, y no hay espacio para ambigüedades.

En el desarrollo de las campañas electorales,  a los candidatos y dirigentes de oposición les corresponderá, si aspiran a seguir en el escenario político, construir una agenda que les permita plantearse cómo un contrapeso inteligente a la 4T y sus aliados. Tendrán que hacer labor ante la sociedad para encontrar y consolidar espacios para su posicionamiento con responsabilidad y argumentos, o de lo contrario, se verán limitados a ejercer el vulgarmente denominado “derecho de pataleo”.

Todo ésto cobra mayor relevancia si tomamos en cuenta que ésta elección intermedia marcará prácticamente el disparo de salida en la carrera por la sucesión en 2024.

Cuando un mandatario con gran popularidad es capaz de administrar el llamado “bono democrático”, genera de manera natural un impulso que permite a su partido y candidatos seguir capitalizando triunfos.  Y es lógico que para dar viabilidad a su proyecto político, AMLO busca obtener un nuevo triunfo en la contienda de 2021 y así pavimentar la permanencia de Morena en el poder presidencial en 2024, aunque sus más entusiastas seguidores están convencidos de que la 4T tendrá una larga permanencia en el gobierno.

Por lo pronto, la oposición pareciera estarle haciendo el trabajo sucio a la 4T, el presentarse como un bloque electoral homogéneo, más allá de diferencias ideológicas y de plataforma. Su pragmatismo es evidente.

Y para Morena, el reto es superar esa guerra de egos y carnicería de traiciones en que se han convertido sus procesos internos de selección de candidatos, que no se han distinguido precisamente por su claridad y compañerismo.

Y para la sociedad en general, el desafío es mantener un nivel de participación y vigilancia que obligue a nuestro sistema partidista a evolucionar en un sentido positivo.

México necesita de partidos fuertes e inteligentes, que funcionen como reflejo de nuestra diversidad social y política, y también como un contrapeso eficaz del poder.

Porque de lo contrario, seguiremos tolerando un aparato político  generador de partidos chatarra, con campañas desechables y candidatos dignos de ser lanzados a la basura. Y en eso, usted, yo y todos tenemos parte.

Al tiempo.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Óscar Chávez (México) / “Seis años”

Desorden Público (Venezuela) / “Políticos paralíticos”

José de Molina (México) / “Las elecciones”

Lefty SM y Santa Fe Klan (México) / “Por mi México”

miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....