Figurita mexicana #ElMazapán

Los tránsitos generacionales y la multiplicación de las diversidades (es decir, diversidad más diversamente diversa) han puesto a sudar a los individuos que antes se concebían a sí mismos como liberales y progresistas. El cambio los ha convertido en conservadores de buró y en fachitos virtuales, en los reaccionaros de antaño a los que solían condenar cuando no tenían problemas de hipertensión o triglicéridos.

El tiempo no afianza el buen gusto ni purifica los ánimos pendencieros. Si antes la rebeldía adolescente bastaba para sentirse incomprendido, ahora son la amargura y el postureo tan ensayado los que no dejan salir del pequeño barrio mental que se ha diseñado.

Música, cine, series, libros, actitudes, ropa, demandas, poses. Las generaciones fermentadas creen que complejo es superior a simple; peor aún, creen que superior es deseable. Se improvisa un campo de batalla inútil en redes sociales y ahí se ponen a enlodarse los codos y los cachetes, buscando alguna altura que les permita salir con el pecho inflado a comer alitas de promoción.

En su absoluta escala del gusto universal no importa el disfrute sincero, sino la lista de razones pétreas y sesudas que le llevan a creer, al viejo y rancio mazapán, que Pink Floyd, Frank Zappa, o cualquier noruego impronunciable, es mejor que el deleite gozoso, sudoroso y llano de tres notas en autotún. La fragilidad del gusto se rompe en la intolerancia de lo diferente.

Apenas se mueve unos milímetros la ejecución de una obra consagrada y se hace escuchar el estruendoso desmoronamiento del individuo frágil de ese viejo e intocable mazapán, del que señala con un dedo y al mismo tiempo le apuntan tres. El mazapán no es el adolescente que se agita y dice y grita y se revuelca ( a ese le faltan 20 años para creer que sus gustos son superiores), el mazapán es el pobre individuo que apenas puede lidiar con su diabetes y ya quiere que le quiten la negritud a la princesa de Disney porque ¡ay, sus memorias!

Al mazapán le cuesta actualizarse, renovarse, traicionarse a sí mismo, perrear hasta el núcleo y entender que no está hecho ni terminado, que es un esbozo, apenas, de una obra que le tomará toda su vida desarrollar. Pobre mazapán, él quería ser la onda pero seguro se chingó la rodilla.

Antonio Reyes Pompeyo

Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho.