Embrujamos casas

Foto Darius Bashar en Unsplash

TOQUES DE TINTA / POR: PAOLA LICEA

 How happy is the blameless vestal’s lot!
 The world forgetting, by the world forgot.
 Eternal sunshine of the spotless mind!
 Each pray’r accepted, and each wish resign’d.
 Alexander Pope, Eloisa to Abelard 

Las casas embrujadas son espacios que actúan como imanes, ejercen una extraña atracción sobre las personas. Las historias aterradoras que guardan nos ahuyentan y, al mismo tiempo, nos atraen. Como en un estado de hipnosis, abrimos sus puertas, traspasamos sus umbrales y nos adentramos en su interior, en cuyas entrañas, las cartas de nuestro destino ya fueron lanzadas, leídas y marcadas.

Cumbres Borrascosas de Emily Brontë fue el primer libro que me hizo cuestionar sobre ¿Qué son los fantasmas? En esta novela, Brontë construye la figura de la casa embrujada a partir de un principio inimaginable: cada espíritu es la manifestación física de sentimientos atrapados dentro de la finca. Historias que se repiten una y otra vez sin que nadie lo note porque los fantasmas se aseguran de que así sea: las mismas tragedias, diferentes protagonistas alimentan a estos seres. Entonces todo fue muy claro ¿Qué son los fantasmas sino sentimientos retenidos?

Recordemos un poco la historia de esta novela, Catherine y Heathcliff, dos personas cuyas diferencias sociales y económicas les separan, pero aun así se aman apasionadamente. Sin embargo, ella decide casarse con alguien de su mismo estrato social y él se va de Cumbres Borrascosas lleno ira, odio y esa pasión que le desgarra. A su regreso encuentra la forma de vengarse de todos aquellos seres que le ocasionaron algún daño. Sin así desearlo, sus acciones atraen la muerte sobre su amada Catherine quien, con su último aliento, se lleva la poca humanidad que a Heathcliff le quedaba. El fantasma de Catherine lo atormentará hasta su muerte.

Cumbres Borrascosas, es un homenaje a la forma en la que los seres humanos embrujamos casas, espacios y hábitats, pues en esta finca que queda para la posteridad y terminará convirtiéndose en ruinas, resuena el odio, el rencor, la pasión, la culpa y la obsesión que no lograron liberarse en vida. Esta novela nos enseña cómo nuestros sentimientos se vuelven en nuestra contra y nos abruman, nos llevan al borde de la locura y, finalmente nos matan.

Terminamos atrapados por la eternidad, en un tiempo sin tiempo, sin principio y sin final. Nos convertimos en leyendas, en historias, en lugares inhabitables e inhabitados, espacios que cualquiera raya, invade y orina hasta que nuestros demonios, contenidos en el agujero, los ahuyentan.

Tal como en el caso de Heathcliff, nuestros sentimientos no resueltos se vuelven fantasmas que nos hostigan y torturan. Se quedan anclados en los espacios que construimos, nos consumen y convierten en espíritus errantes que embrujan casas.

Más valdría haber soltado, perdonado, olvidado…

Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades