La ciudad ni siquiera existe

Sandy Bernal nos habla de la ciudad, ¿qué es la ciudad? ¿de quién es? ¿existe siquiera?
Foto Carl Campbell en Unsplash

Por: Sandra (Sandy) M. Bernal Córdova

Pensar en el pertenecer o ser pertenecido por la ciudad nos lleva a veces a inventarnos juegos de ideas y palabras, por ejemplo, cuando al escucharte hablar con un acento fuereño te preguntan ¿de dónde eres? y sin querer, y víctimas de las trampas lingüísticas, respondemos: soy del D. F. El curioso interlocutor ingenuo pensará ¿eres del D. F.? Es decir ¿la ciudad te posee? ¿te tomamos prestado, entonces? ¿le pediste permiso de salir? ¿Cuántos humanos posee esa ciudad? Por supuesto que no es lo que implicamos, y mucho menos habrá un sujeto tan ingenuo. Nuestro acento y comportamiento se reirán de nosotros y dirán: oye, sí, sí nos posee y nos tiene bien entrenados para replicar sus comportamientos, le dicen identidad. A propósito, cuando hablamos de nuestro viejo terruño solemos decir mi ciudad, mi México, mi pueblo.  ¿De quién es el territorio que llamamos ciudad? Por ejemplo, una muy antigua, la CDMX, es de México del merititito ombligo de la luna, eso dice su nombre; o Tucson, en el estado fronterizo de Arizona, es de la falda del manantial negro, eso dice su nombre. 

Para qué preguntarnos sobre pertenencias a sabiendas de que la respuesta no alcanzaría un porcentaje estadísticamente significativo si un análisis se llevara a cabo con ello. Tal vez para reflexionar acerca de las realidades diferentes a las nuestras. Guillermo Bonfil Batalla, etnógrafo y antropólogo en su obra de 1996 México Profundo, nos sugiere que las ciudades o las poblaciones tienen configuraciones geográficas y años (en ocasiones miles de años) de presencia humana; y en esa configuración geográfica sucede la historia, vieja amiga de la nostalgia. También la pertenencia, complejo que de la mano de la nostalgia nos sujetan a un pedazo de tierra y sus haberes. De la lectura de Batalla, deberían surgir preguntas profundas en el buen arquitecto, urbanista, sociólogo y antropólogo, porque hay un amplio sector de la población que aún no es considerado en el entorno urbano contemporáneo y, es más, se le niega acceso a él. No hay invitación para que el nativo se apropie del espacio urbano. Las calles son de los coches, las banquetas del dueño de la casa de enfrente, entre la casa y la calle el territorio es del vieneviene. Los letreros son de quien habla español, los comercios de quien tiene dinero. ¿Por qué  la ciudad no es de los indígenas? ellos estaban aquí antes. ¿Y de quién sería, entonces, la ciudad? ¡De los mexicas! No, porque en su caso de los azcapotzalcas; por apropiación, sería del virreinato, ¡No! más bien sería de los criollos.

La unidad de medición, si hubiera alguna, para definir a quién le pertenece la ciudad, sería la casa, el hogar, que incluiría a los edificios, las casas de cartón, los cuartitos anexos y los bajopuentes. El giro habitacional es por ahí del 80% de las edificaciones en una ciudad y otro 12% son servicios e infraestructura que en su mayoría sirven alrededor de la habitación. ¿De quién son los hogares? Algunos del INFONAVIT o del FOVISSSTE por 20 años; del banco, otras; de los papás de ella o de él, o del casero, o de nadie, por unos años, cuando están en asentamientos irregulares. 

Salomón diría: “que la ciudad sea dividida en dos” y esperaría a ver quién está dispuesto a verla perdida antes de verla destruida. Entonces es de quienes la han cuidado, protegido, desarrollado y criado. !Claro, de las instituciones! así es, ya los descubrimos. Las instituciones son reflejo de nuestro sistema político democrático, se pagan con nuestros impuestos, las decisiones provienen de nosotros al transmitirlas a nuestros representantes vecinales, distritales, municipales y estatales hasta llegar a las cámaras, de donde salen las leyes que… ¡ya! basta, no me aguanto la risa. 

La ciudad es del ambiente natural que la hospeda. ¿Quien decide que se moje, se seque, se sacuda, se rasque, se caiga, se levante, crezca o se encoja? ¡La naturaleza! Así es, ya lo solucionamos. Le pertenece definitivamente a la madre tierra. Siendo críticos, todo humano que se sirve del petróleo y sus múltiples derivados, que desperdicia agua y tira basuritas y basurotas, no es digno de poseer la ciudad, porque la daña y la condena al caos.

La ciudad es de quien sabe contemplarla, como el japonés a la flor, que la captura en una fotografía y no la corta. Toda persona que en presencia y ausencia sostiene un recuerdo de ella, la posee. Es tan dinámica que en un instante ya es otra. Tanto el teórico urbano arquitectónico Aldo Rossi como Buda en sus enseñanzas, sostienen que lo único real es el instante presente y dirían que tu ciudad y la mía, aún siendo vecinos, no es la misma. La ciudad nos la inventamos, ni siquiera existe. 


Articulo de opinión escrito por la Dra. Sandra María Bernal Córdova, mexicana residida en Tucson Arizona, arquitecta, puma de corazón azul y piel dorada y con especialidad en ciencias y recursos de las tierras áridas y cambio climático. Orgullosa participante en el primer Taller de Opinión y Ensayo de Notas Sin Pauta, noviembre 6 del 2020 a enero 8 del 2021. 


Dra. Sandra María Bernal Córdova

Nacida en México D.F.  actualmente en Tucson Arizona. Arquitecta, puma de corazón azul y piel dorada. Su doctorado es en ciencias y recursos de las tierras áridas y cambio climático. Orgullosa participante en el primer Taller de Opinión y Ensayo de Notas Sin Pauta, noviembre 6 del 2020 a enero 8 del 2021.

Es profesora en la Escuela de Arquitectura y colabora en el Departamento de Educación Religiosa y Clásicos de la Universidad de Arizona. Es miembro del US Green Building Council (USGBC) representando Arizona por lo cual se le ha otorgado dos veces el premio de Persona del año (2017 y 2019). Bernal lleva a cabo investigaciones en los campos de la salud humana y factores de riesgo en edificaciones, implicaciones culturales en sostenibilidad y educación en línea, entre otros. El enfoque principal es estudiar el uso contemporáneo y el avance del diseño arquitectónico explorando opciones para mejorar la calidad del aire y el uso responsable de los recursos naturales. De ello ha publicado articulo científicos y presentado en conferencias internacionales tanto en Estados Unidos como en México. Su interés por las regiones áridas del suroeste de EE. UU. y el noroeste de México está en los impactos que las comunidades urbanas tienen en la salud humana ante el aumento en el consumo de energía y agua.