Mexexit: la escisión nunca ha sido la salida (II.1)

Gastón Raousset de Boulbon

POR: JOSÉ LUIS ENRÍQUEZ GUZMÁN

Los intentos de separación de partes de México no han sido promovidos únicamente por nacionales, sino también por extranjeros. Más allá de la guerra con Estados Unidos (1846-1848), que valió la pérdida de más de la mitad del territorio nacional, hubo intentos separatistas por parte de agentes extranjeros, principalmente estadounidenses y franceses. A este tipo de personas se le denominó filibusteros. 

El filibusterismo se caracterizó, tras el conflicto con Estados Unidos, por ser una serie de movimientos que lograban convencer a personas, que después eran convertidos en tropas paramilitares, con el objetivo de saquear poblaciones fronterizas o establecerse en un territorio para después convertirlo en parte de Estados Unidos o de la nación de procedencia. Cabe resaltar que no eran acciones promovidas por el gobierno de norteamericano, sino que eran meros intereses informales, pero eso no quiere decir que el filibusterismo no tuviera cierto reconocimiento social. Las acciones de los paramilitares encontraron eco sobre todo en los expansionistas sureños, que consideraban que las acciones gubernamentales se habían quedado cortas y de alguna forma se debía de expandir la frontera del Oeste. Sin embargo, los años “dorados” del filibusterismo (1848-1854) coincidió con una política gubernamental de colonización que buscó adquirir territorio de forma legal, la cual defendieron los presidentes Millard Fillmore y Franklin Pierce.

A la par de la adquisición de California surgió la llamada Gold Rush o Fiebre del Oro. Sin embargo, ante la pronta decadencia de los yacimientos mineros, el sur de la frontera se vio como una posible alternativa para encontrar metales preciosos, ya que tenían noticia de la “riqueza” argentífera que escondía el estado de Sonora. Aún a estas alturas, el mito de la riqueza proverbial del noroeste —surgido desde los primeros años de la Conquista—, no se había acabado del todo y continuaba inspirando viajes de colonización. 

A su vez, el contexto de Sonora no era favorable. A raíz de la Fiebre del Oro en California varias familias se mudaron al estado norteamericano, reduciendo la población drásticamente. Las rutas comerciales marítimas también se vieron afectadas, ya que los puertos de San Diego y San Francisco sumaron importancia frente al de Guaymas. Es decir, la debilidad territorial era solo la consecuencia de otro tipo de problemas que aquejaron a la sociedad sonorense. A partir de esta debilidad fue que los filibusteros se aprovecharon e incursionaron en el territorio. Aunque hubo varios intentos, uno de los que más destacó fue el del francés Gastón Raousset de Boulbon.

Este conde perteneció a una familia descastada del sur de Francia, que había pertenecido a una de las pequeñas dinastías rurales que sobrevivieron desde el feudalismo hasta la Revolución Francesa. Sin embargo, perdieron poder y tierras por las medidas tomadas tras la caída de Luis XVI del trono. El padre Gastón falleció muy pronto, por lo que heredó en vida lo poco que quedaba de la fortuna familiar. Con ese dinero se fue a la Guerra de Argelia, donde en realidad se dedicó a llevar una vida bohemia, por lo que muy pronto regresó a Francia. Ahí lo alcanzó la Revolución de 1848, que derrocó a la monarquía que había ascendido al poder en 1830 y estableció una república. En París trató de obtener un puesto de diputado y fundó un periódico durante la revolución de 1848. Sin embargo, su frustrada carrera política lo llevó a cambiar de aires y embarcarse, como muchos europeos, hacia Estados Unidos.

En 1849 fueron descubiertos yacimientos de oro en el territorio de California, lo que atrajo a muchos migrantes y aventureros buscando hacerse ricos con facilidad. Esto promovió que California fuera el primer territorio conquistado en la guerra contra México (1846-1848) en convertirse en estado de la Unión. En medio de ese mar de aventureros, llegó el conde. Sin embargo, el trabajo duro, las pocas oportunidades y el constante acoso de las autoridades norteamericanas a los extranjeros, hicieron que se decepcionara muy rápido de la búsqueda de oro. Pronto se enteró de los planes de un paisano, Charles Pindray, que buscaba conseguir una concesión del gobierno mexicano para colonizar partes de Sonora. Finalmente, las acciones de Pindray terminaron en un intento por escindir ese estado del territorio nacional, aunque fue sofocado por las autoridades. Sin embargo, Raousset vio la oportunidad de promover su propia empresa de colonización, por lo que asumió el mando de una expedición de colonización con los mismos objetivos que su antecesor.

En 1852 Raousset de Boulbon consiguió la concesión del gobierno de Mariano Arista para explotar las minas del norte de Sonora a través de un proyecto de colonización que buscó atraer a franceses a poblar esa región. La única condición fue evitar la participación de estadounidenses en dichos planes. Incluso, contó con el apoyo del embajador de Francia en México, Andre Le Vasseur y el vicecónsul en Guaymas, José Clavo. Sin embargo, pronto el conde mostró sus verdaderas intenciones.

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