El arte de titular

Foto John Jennings en Unsplash

¿Te ha pasado que tienes un texto maravilloso que está al borde de un descubrimiento único y en el cual has logrado una solución poética sorprendente? Estás frente a tal maravilla y lo impensable sucede: no sabes cómo titularlo. A mí lo primero nunca me ha sucedido; pero lo segundo, enfrentarme al reto de elegir un título que contenga la esencia de mi texto con una longitud que no se confunda con poema épico y que, además de todo, sea lo suficientemente atractivo como para generar expectativa en el lector, me sucede todo el tiempo; titular atinadamente un texto es como esas cosas que se aprenden, pero no se enseñan.

En nuestro paso por la escuela solemos pensar que ese arte es una habilidad que se desarrolla con estudio y tiempo; no es así. En la academia, generalmente te enseñan a crear títulos que, con acertada correspondencia, atiendan al tema resumido de un texto. Esos títulos académicos carecen por completo de cualquier tipo de estética, creatividad y por supuesto atractivo; sin duda esta clase de títulos responde a la practicidad de lo “evidente”, pero nadie quiere “ser evidente”, queremos ser claros, no “evidentes”. Seguramente Fernando Vallejo no pensaba en “ser evidente” cuando nombra a su novela El desbarrancadero, si hubiera querido “ser evidente” tal vez estaríamos leyendo algo como: ‘Crónica de la muerte de Darío’; pero no, el autor se sumerge para encontrar una melodía que marque las notas de una historia que mezcla lo real con la ficción, la tristeza con la belleza, el dolor con la esperanza, la larga metáfora de la vida y la muerte y todo esto en dos palabras que crean la imagen correcta. Al hablar de un notable escritor, titular es un don, no una habilidad.

Por supuesto que una excelente escritora o escritor y cualquier académica (o) o investigador (a) que se respete, puede darnos consejos de cómo construir un título, ya sea correcto o espectacular, mas la destreza que requiere elegir con el mayor detalle y cuidado un par o dos de palabras que al conjugarse creen en simbiosis perfecta esa melodía que será cantada una y otra vez por cada lector que la pronuncie, es, simplemente imposible de enseñar.

Escritores consagrados han fallado en la hazaña de titular un texto increíble, ahora mismo me viene a la mente Gabriel García Márquez, quien redujo una narración exquisitamente matizada a El amor en los tiempos del cólera. Claro que no soy quién para juzgar a un “consagrado” de la literatura; sin embargo, voy a otorgarme una pequeña licencia ya que además de elegir este título que desmerece la historia, hace un uso excesivo de artículos. Fernando Vallejo, quien, en 1983 hizo un recorrido por el lenguaje y sus vericuetos en una obra compilatoria “académicamente” titulada LOGOI. Una gramática del lenguaje literario hace notar este detalle en una entrevista concedida a María Paulina Ortíz, columnista de “El tiempo”. En esta charla, Vallejo afirma que, a la obra torpemente titulada El amor en los tiempos del cólera, le sobran “el”, “los” y el artículo “el” de la contracción “del”. Para Vallejo, un título más limpio sería ‘Amor en tiempos de cólera’, no así un mejor título, el cual tachó de flojo. Titular es una aptitud que requiere talento, conocimiento y un ejemplar manejo del lenguaje.

En el mundo de la literatura hay títulos de todo tipo. Algunos dicen de que trata el libro, como el caso de Viaje al centro de la tierra de nuestro amadísimo Julio Verne; también los hay pretenciosos como El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl; elegantes como Ausencia de Byung-Chul- Han; otros tantos arriesgados como La separación de los amantes de Igor Caruso; los que se perdieron en el camino como el caso de El laberinto de la soledad escrito por Octavio Paz; aquellos que logran mantener un arqueo entre la esencia y la narrativa, tal es el caso de Casas vacías de la escritora Brenda Navarro; los que encierran metáforas y sátiras bien logradas como El don de la vida de Fernando Vallejo, aquellos que te ofrecen pistas y referencias como La culpa es de los tlaxcaltecas de Elena Garro y por supuesto los matadores, tal es el caso de Río subterráneo de Inés Arredondo.

También los hay cortos, largos, buenos, malos, cursis, fuertes, rudos y flojos. Lo importante es encontrar un estilo propio, lo complicado es cuando te gustan los títulos perfectos, aquellos que tienen un delicado balance entre decir, en dos o tres palabras de qué tratará el texto sin llegar al spoiler. Titular es un arte que requiere de talento, conocimiento, sabiduría, pasión y creatividad. Tal vez titular es un don del que simplemente carezco.

Y nada, ya sabes “titular es mi pasión”. ¿Cómo dijo Márquez que se escribía?

Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades