Lo literario como llave

Foto Leohoho en Unsplash

POR: SERGIO ALBERTO CORTÉS RONQUILLO

La lectura puede tener dos vertientes: aquella de apropiación y aquella de repulsión. Sin importar el texto, su temática, su estilo; uno se adueña del contenido o lo rechaza. En mi caso particular, tengo que estar releyendo continuamente párrafos o páginas porque me distraigo fácilmente, así como me pierdo. Me encuentro leyendo y cuando me doy cuenta, no estoy poniendo atención. Con textos literarios necesito volver atrás varias veces. De repente me da interés por leer algo científico, sociológico, filosófico, y demás; entonces mi sensación de cansancio (y su posible consecuente repulsión) se acentúa. Es obvio que mi preferencia creativa me guía a leer más literatura que otra cosa, pero la teoría también es necesaria. ¿Qué hacer para la gente como yo que se nos complica casi por naturaleza, el acto de leer?

Hay algunos escritores que mezclan la parte teórica con la literatura, llevan la ciencia, las humanidades, el dato; a lo fácilmente adquirible. Claro que uno llegaría a pensar que esto podría venir en detrimento de su precisión como ciencia. El hecho de usar una narrativa más simple para demostrar teoría, no quiere decir que por eso su rigor se vea menoscabado, muy al contrario: podría sumar puntos al ser más fácilmente accesible a los lectores menos experimentados.

Un primer ejemplo podría ser Eduardo Galeano, a quien se le critica justamente por su rigor en cuanto a la historicidad o veracidad de sus datos; sin embargo, como primer acercamiento, podría ser ideal. La finalidad del uruguayo era volver palpable lo cruento del hombre, sus contradicciones, lo que lo vuelve un ser odioso y deleznable en la mayoría de los casos; y lo logra. Uno, al leer a Galeano, no tiene de otra más que sentir rabia ante aquellos que abusaron. Es evidente también que podría estar muy “romantizado” aquel que tiene el papel de víctima, sí, pero también es cierto que es un excelente buen acercamiento a cuestiones históricas complejas. Se usa a él para dar el salto a textos más rebuscados en cuanto a la historia.

Oliver Sacks, por ejemplo, trata problemas neurológicos. Claro que aquí hay bastante morbo por los casos tan extravagantes y extraños que narra, pero siempre se agradece un tono sencillo. Sacks lo deja claro desde el inicio: cree que lo mejor para iluminar sobre este tipo de males mentales, es tomar en cuenta el contexto del individuo, considerarlo un número más, es un error. En medicina se necesita tener estómago y desapego al paciente para lograr su mejoría, eso también para la psicología y psiquiatría, pero a veces este desapego puede llegar a tal nivel que no se considera al paciente como humano, sino como sujeto sin nombre. Sacks, entonces, decide considerar al sujeto como persona y explorar las consecuencias en su vida de aquel mal que afecta. Los resultados son sorprendentes, enternecedores, escalofriantes, depende del caso; sin embargo, sin esta narrativa cuasiliteraria, el impacto de los casos de este neurólogo, los que pone en su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, no sería el mismo.

Estos dos autores se centran más en el dato que en una creación ficticia, pero hay quienes pueden lograr una creación ficticia con base en un dato y que puede servir de puente, también, a algo más conciso.

Una de las escritoras más sobresalientes que Latinoamérica nos ha dado: Laura Restrepo, por ejemplo, tiene Los Divinos, que se centra en un feminicidio que cimbró Colombia. Naturalmente hay que dejar claro: su finalidad fue una narrativa de ficción, pero al basarse en un hecho real, le da profundidad al mismo. Una nota periodística no podría explorar, como tal, el imaginario de los involucrados a tal profundidad, y si bien esto es invención, es una excelente manera de mostrarlos a todos como seres humanos. El punto de vista de ella es soberbio: como mujer informada, hablar sobre un feminicio, le da no solamente un toque de indignación, sino de un realismo y potencia que ningún otro autor podría lograr. Una vez que se acaba de leer la novela, fácilmente queda investigar un poco al respecto, así nos adentramos al periodismo y a lo que sucedió en realidad en aquella ocasión.

Hay una distopía que es más una utopía, pero si se viera como utopía, pensaríamos que tiene mucho de distopía. Úrsula K. Le Guin escribió Los desposeídos, una novela que es el sueño de cualquier anarquista. Esta novela explora un planeta al que se mudaron algunos que querían vivir en una suerte de comunismo: todos se ayudan entre sí, pero son pobres y la vida es dura. Los otros son más capitalistas: hay posesión, hay belleza, pero la gente se llega a tornar cruel y egoísta. Hay un cambio en el mundo capitalista, se ven obligados, por algunos azares del destino, a volverse como el otro planeta. Entre ambos son extraterrestres, no se tienen en muy alta estima los unos a los otros. Esta novela es una guía, así considerada por algunos, para lograr una nueva sociedad más justa y conveniente para todos desde un punto de vista enteramente humanista. Úrsula no solamente nos enriquece con una variedad de personalidades tan diversas como nosotros mismos, sino que nos muestra el avance sociológico de un tipo de sociedad a otro con un realismo increíble.

Los escritores no tienen por qué explicar la realidad, los científicos no tienen por qué ser artistas para explicarnos; pero cuando unos toman de los otros aquellas armas que son convenientes para una u otra situación, el resultado es formidable. Así como se puede transmitir un conocimiento preciso de forma agradable y sencilla, se puede metaforizar un acto real para crear una narrativa de ficción. Ambas formas de concebir un texto pueden tener sus bemoles, pero siempre serán el puente para profundizar un poco más. Enfocándonos en el lenguaje escrito, la literatura puede enriquecer no solamente como arte, sino que puede llevar a otro tipo de contenidos que tacharíamos de aburridos o tediosos porque no estamos listos para ellos. Lo literario puede funcionar como llave a textos enriquecedores de un tipo completamente distinto a una novela o un cuento.

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