OPINIÓN | Combatir el covid-19 requiere de un sistema de salud individual y no de un mandato federal en EE.UU.

Nota del editor: César Grajales tiene 10 años de experiencia en diferentes campos de la política. Es fundador de la consultora Bridge 305 INC. También es cabildero registrado y director nacional de asuntos públicos de la ONG La Iniciativa LIBRE. Participa semanalmente como analista político en diferentes medios de comunicación.

(CNN Español) — Hace cerca de un año escribí una columna para CNN titulada “Si quiere ver reír a Dios, cuéntele sus planes”. Allí hablaba de cómo la pandemia cambió los planes de todos, muchos de estos quizás para siempre. Hoy me parece increíble que casi un año después, desafortunadamente, nuestras vidas sigan girando alrededor de este tema. Los cambios políticos en EE.UU. han sido enormes en los últimos meses y cuando llega una nueva administración llegan nuevas ideas, aunque a veces no sean tan buenas.

Uno de los retos más grandes que ha traído esta pandemia para los legisladores estadounidenses es, obviamente, cómo abordar el cuidado de la salud a través de la legislación. Con más de 28 millones de contagios confirmados en Estados Unidos hasta este martes, y tras superar las 500.000 muertes según datos de la Universidad Johns Hopkins, nos enfrentamos a un largo y difícil camino en nuestra lucha contra el covid-19. Actualmente se ejecuta un programa de vacunación masiva, pero los estadounidenses, incluida la comunidad latina, aún necesitan mayor acceso a atención médica asequible y de calidad.

Desafortunadamente, décadas de regulaciones y trámites burocráticos federales y estatales han hecho más difícil la atención médica y, con demasiada frecuencia, demasiado costosa. No es de extrañar, entonces, que casi siempre los estadounidenses reporten una insatisfacción constante con los servicios médicos y los obstáculos que deben superar para obtenerlos, según una encuesta de Gallup publicada en diciembre de 2020.

La solución, a mi parecer, no es, como algunos han sugerido, una opción pública, es decir, un enfoque federal uniforme para todos los estados.

Los latinos conocen bien los costos de este enfoque. En la mayoría de nuestros países los sistemas de salud públicos están azotados por una serie de problemas que pasan por la falta de recursos, la corrupción, o la falta de calidad en los servicios prestados.

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En lugar de una opción pública, los estadounidenses necesitan una opción personal. Para que esto sea posible, los legisladores deben liderar el camino para eliminar muchas de las barreras que impiden que los pacientes accedan a los servicios que necesitan. Los estados podrían comenzar por derogar o reformar sus leyes de certificados de necesidad (“certificate-of-need») — que requiere que, por ejemplo, para ampliar un hospital, los hospitales busquen directamente aprobación del estado, que solo se la dará si hay una «necesidad pública suficiente» para ello.

Varios estudios demuestran que estas certificaciones reducen el acceso a la atención medica, erosionan su calidad y aumentan su precio. No es difícil ver por qué. Estas leyes crean intencionalmente monopolios locales, a menudo prohibiendo a nuevos proveedores abrir sus puertas a los pacientes y restringiendo a los hospitales la compra de suministros críticos, incluso camas, sin la aprobación de estos burócratas que forman parte de estas juntas de certificados de necesidad. Estas leyes han sido tan desastrosas durante la pandemia que 24 estados de EE.UU. optaron por suspenderlas temporalmente. Aún así, los legisladores deberían votar para derogar permanentemente estas leyes con el fin de mejorar los resultados y prepararnos para la próxima crisis sanitaria.

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Los estados también deben trabajar hacia la reducción de sus leyes de alcance profesional para los trabajadores de la salud (“scope of practice»). Estas leyes impiden que las enfermeras y otros profesionales médicos ofrezcan atención que, debido a su educación y capacitación avanzadas, están más que calificados para brindar.

De igual manera, muchos estados suspendieron rápidamente estas leyes al comienzo de esta pandemia. Ahora deberían hacerlo de forma permanente. Reformar estas leyes mejoraría drásticamente el acceso a la atención medica de muchos estadounidenses.

El Gobierno de EE.UU. también tiene un papel en la creación de esta opción personal. El Congreso puede trabajar para eliminar las numerosas barreras que impiden que los estadounidenses adquieran servicios médicos a través de cuentas de ahorro para la salud. La Ley de Cuentas de Ahorros para Gastos Médicos, por ejemplo, pudo haber eliminado el requisito de tener una póliza de seguro con deducible alto para ser propietario de una cuenta de ahorro para gastos médicos (HSA, por sus siglas en inglés).

El proyecto de ley también aumentaba el límite de contribución para los titulares de cuentas y les permitía comprar tipos adicionales de atención para ellos y sus familias. Los beneficios de estas reformas no son solo teoría. Ya hemos visto cómo un pequeño cambio en la regla federal, que permite a los propietarios de HSA comprar suscripciones directas de atención primaria con sus cuentas, ha ofrecido a más estadounidenses acceso las 24 horas del día a los principales proveedores médicos del país.

La pandemia ha puesto al descubierto muchas de las fallas de nuestro sistema de atención médica. Entre ellos, los mandatos burocráticos.

El Congreso de EE.UU. y los estados actuaron rápidamente al comienzo de esta crisis de salud para suspender mucha de esta burocracia que impedía que los estadounidenses tuvieran opciones individuales de seguro médico. Muchos de nuestros legisladores merecen elogios por eso.

Pero los obstáculos al acceso de la atención medica volverán cuando termine la pandemia. Es por eso que los legisladores deben buscar reformas permanentes en nuestro sistema de salud, en lugar de implementar una solución federal disfuncional con un enfoque uniforme para todos los estados.

Nuestros legisladores pueden hacer más, sin procesos burocráticos, para mejorar la atención médica de los estadounidenses. La pandemia ha probado que se puede.