La imposibilidad de la estrella danzante

Foto obtenida de Pixers.es

Lo complejo del bloqueo de la escritora no es el miedo a tener frente a mí una hoja en blanco, sino el miedo a ser yo esa página vacía. Me es imposible pensar esta patología, tan común entre las personas que se dedican a las letras, desde un ángulo diferente al paradójico. Por una parte, el impedimento de expresar lo que se está sintiendo. Por otra, el dolor de la congestión emocional. Tener todos esos sentimientos agolpados ahí, tratando de salir al mismo tiempo, haciendo más grande la herida. Es como pasar mil horas en trabajo de parto sin poder parir jamás. Una agonía que se repite días tras día.

Una página en blanco es un lienzo listo para matizar ideas, emociones y las sensaciones que acompañan a cada vivencia. Esa hoja vacía es un mar por navegar, es la buena tierra que espera ser sembrada, el bloqueo de la escritora impide hacerlo; convertir ese cúmulo de vivencias en pequeñas semillas que puedan ser depositadas en los surcos de una página para ver cómo germinan las palabras. Este padecimiento provoca esterilidad. La frustración de no poder cumplir con el papel que queremos desempeñar en esta vida. No, una escritora no se apanica al ver una página en blanco, le aterra ser esa hoja vacía.

Es bien sabido que cuando el organismo sufre de un dolor constante, termina acostumbrándose hasta que, finalmente, no siente nada. No sentir nada es aún peor que tener ese dolor punzante; el dolor indica que sigues viva, la ausencia de sentimientos, todo lo contrario.

Es importante diferenciar el bloqueo de la escritora de no tener nada que decir. Cuando no hay un tema que se le antoje abordar, la escritora está simplemente tranquila. De pronto, llega ese torrente de sensaciones que la incomodan; escribir requiere de estar constantemente incómoda. Ahora imagina tener toda esa incomodidad atorada en el pecho. Es como asfixiarse constantemente; sientes que no puedes respirar. Estás tan saturada, tan conmocionada que el oxígeno no llega a tus pulmones. Tal vez, durante el tiempo que sufrimos esta patología literaria, convendría monitorear, constantemente, el porcentaje de oxígeno en sangre.

Cuando tu alma está destinada a escribir, escribes incluso estando ciega o sorda o muda; encuentras la manera. Una discapacidad, verdaderamente lamentable, para una escritora, es no poder expresar lo que siente.  El bloqueo de la escritora es una discapacidad.

Estar mental y emocionalmente bloqueada para poder enunciar aquello que te bloquea, se vuelve un ciclo interminable. Es tanta la presión que termina rompiendo la válvula para que todo pueda escapar con tal violencia que el resultado es una narrativa visceral, real y cruda. Nada que una vez libre de mi padecimiento, no pueda convertir en un bellísimo texto. Me convierto en la semilla, la agricultora y el temporal que la buena tierra necesita; vuelvo a parir estrellas danzantes.

Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades

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