#ElÚnicoYDetergente

#ElÚnicoYDetergente

¿Qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar? En suma ¿Qué es el hombre? Así nos recordaba Martin Buber la genialidad del resumen kantiano sobre las preguntas de una cierta filosofía. ¿Qué es el hombre? Aparentemente un gran misterio, el mayor de todos.

Era, digo, pues de pronto al sumar los datos que se le escurren al big data el misterio pela los ojos y se va sin hacer apenas ruido. La pregunta por el ser del hombre se responde con estadísticas del motor de búsqueda, grosores en el hashtag, compritas pendejas, pecadillos en el modo incógnito del navegador y los crímenes en la red profunda.

El hombre no es ya un misterio, pero andará por ahí olisqueándose la cola para forzar uno; seguirá andando, seguirá ocurriendo, tal como la duda sobre lo humano a pesar de que la respuesta y la claridad están en todas partes: en la voluntad de consumo guiado (si compro lo que me antojan) o en la guía para fabricar lo que el deseo consumirá (si describo lo que me van a vender).

De esas ganas de perpetuar el vacuo misterio proviene la misma expresión encarnada del único y diferente, mutado ya por la energía imparable del mame virtual en #ElÚnicoYDetergente, un figurín que está seguro de que Tolomeo casi tenía razón cuando decía que todo giraba circundando la Tierra y ese casi se debe a que no era alrededor de la Tierra sino de él mismo y su peculiarísima, particularísima, exclusivísima y uniquérrima existencia.

“Soy el único que…” comienza la salmodia permanente del personaje en la que fantasea su unicidad. Nadie más en el mundo había pensado, buscado, indagado, deseado, eso que él y sólo él sí pensó, buscó, indagó o deseó. ¿Será que #ElÚnicoYDetergente es la garantía de una cándida inocencia que promueve la permanencia del misterio, todavía? ¿Soy el único que lo cree?

Antonio Reyes Pompeyo

Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho.