Millennium, Larsson y la lucha contra la intolerancia

DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro

El 9 de noviembre de 2004, el periodista sueco Steig Larsson falleció repentinamente en una clínica de Estocolmo a la que había sido llevado por esposa, la arquitecto Eva Gabrielsson, su compañera sentimental durante 32 años. 

Su muerte fue tan subrepticia como inesperada, y tras la autopsia de rigor, se determinó que su muerte fue a consecuencia de un infarto agudo al miocardio. Larsson acababa de cumplir 50 años de edad, y ni en su historia clínica ni en su círculo familiar existían antecedentes de padecimientos coronarios.

Apenas unos días antes de su muerte, Steig Larsson había concluido la tercera entrega de un proyecto alterno en el que había venido trabajando durante los últimos dos años y medio: una saga de tres historias  de novela negra a las que  titularía bajo un nombre unitario: Millennium.

Al momento de su muerte, Larsson ya era ampliamente reconocido en el medio periodístico sueco como uno de los más agudos y respetados investigadores sobre la extrema derecha sueca; sus conexiones políticas y financieras. Era un gran aficionado a la literatura de suspenso, y a los 47 años decidió alcanzar su sueño de ser escritor y comenzó a dedicar todo su tiempo libre a esa labor. 

Lamentablemente el agudo e idealista investigador no pudo ver concretado el anhelo que acarició desde que era un veinteañero: convertirse en un escritor de novela negra. Y no sólo eso, sino que su trilogía Millennium ha llegado a ser considerada como una de las obras maestras de la literatura del siglo XXI.

Son tres las historias que conforman la saga original: “Los hombres que no amaban a las mujeres” (2005), “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” (2006) y “La reina en el palacio de las corrientes de aire” (2007).

Fue tal el éxito de la saga, que los editores contrataron a otro escritor, David Lagercrantz, para crear otras tres entregas a partir de los manuscritos dejados por Larsson, cuyo proyecto original constaba de diez partes. Otra situación que la repentina muerte del autor le impidió atestiguar (tal vez de manera afortunada), fue el prolongado pleito legal entre su viuda, su padre y uno de sus hermanos por las millonarias regalías de sus obras y la consecuente venta de derechos para su adaptación cinematográfica. Lamentablemente, por vericuetos legales, Eva Gabrielsson, la mujer que compartió su vida con el escritor desde 1972, no recibe ningún beneficio económico por su legado editorial.

Mención especial merecen los dos protagonistas centrales de la saga. Por un lado se encuentra Mikael Blomkivst , periodista de investigación que enfrenta una etapa crítica de su vida profesional, al perder un juicio por difamación en contra de un poderoso grupo industrial, situación que lo obliga a dejar la dirección de la revista de su creación: “Millennium” (de ahí el título de la saga).  En ese impasse decide aceptar la oferta de un empresario retirado para investigar la misteriosa desaparición de una de sus sobrinas, ocurrida treinta años atrás, usando como pantalla la supuesta intención de escribir una biografía familiar. Así comienza una intrincada historia de secretos familiares, conflictos financieros e intrigas políticas que marcan la columna vertebral de la saga.

El personaje que complementa la dupla protagonista de la obra es Lisbeth Salander, una hacker de 24 años dotada de una prodigiosa inteligencia deductiva y memoria fotográfica, que es recomendada para asistir al periodista Blomkivst en su labor de investigación.

La relación entre ambos va pasando de la mutua reserva a la empatía; de la compatibilidad intelectual a la atracción sexual a la camaradería y fraternidad más allá de los prejuicios y los convencionalismos sociales.

Lisbeth Salander es un personaje de una construcción psicológica compleja.  La imposibilidad de los adultos de asimilar su elevada inteligencia la hace ser catalogada como emocionalmente inestable. De carácter rebelde, Lisbeth enfrenta una niñez y adolescencia convulsas, y  es obligada a quedar bajo la vigilancia de un tutor hasta la mayoría de edad, situación que la expone a crueles abusos, que finalmente forjan su carácter. Socialmente considerada como una inadaptada, Salander adopta una estética entre dark y gótica, que incluye piercings y tatuajes en distintas partes de su cuerpo. Bajo su apariencia ruda se oculta una mujer que se niega a asumirse como frágil. Sus habilidades tecnológicas, bisexualidad, afición por las motocicletas y capacidad para reaccionar con crueldad y violencia ante los abusadores, la han convertido en el arquetipo de la anti-heroína del siglo XXI; complicada, diversa y retorcidamente atractiva a la vez.

Según su esposa y sus biógrafos, hubo una situación que marcó la vida personal de Steig Larsson tanto como persona, como periodista, así como su activismo en favor del feminismo, el combate al racismo y a las manifestaciones violentas de los grupos pro nazis de ultraderecha.

La anécdota señala que cuando Steig tenía unos 14 años, fue testigo de cómo algunos de sus amigos violaron a una chica durante un campamento. Días después encontró a la víctima por la calle, y trató de abordarla para disculparse por no haber hecho nada para evitar el ataque, pero la joven lo rechazó. El episodio lo hizo asumir una posición personal frente a las situaciones de abuso y abrazar causas como el feminismo y el rechazo a la guerra de Vietnam y a la discriminación en sus distintas expresiones.

Dicha percepción sería crucial al construir un personaje como la hacker Lisbeth Salander. Larsson dijo haber partido de una idea un tanto disparatada, al evocar la imagen de “Pippi Longstocking” (Pippi Mediaslargas), un personaje de la literatura infantil creado por su compatriota Astrid Lindgren.

“¿Se imaginan cómo sería tratada en nuestro contexto actual una chica fuerte, rebelde e imaginativa como Pippi? De seguro la tratarían como a una lunática, o enfrentarla severos problemas de adaptación social”. Y sobre esa premisa comenzó a concebir a su protagonista.

En un momento como el actual, es imperativo retomar la obra de Steig Larsson no sólo por el disfrute de una magistral trama de suspenso y acción, sino también para no perder de vista como el mundo segrega a quienes se atreven a pensar o lucir diferente; los riesgos que enfrentan las libertades ante el acoso de los poderosos e intolerantes, y por qué es importante defender y valorar a quienes están dispuestos a poner en riesgo su propia vida para defender los derechos y libertades de la colectividad.

Eso podría darles muchas lecciones a quienes tienen la mente tan cerrada como para creer que la equidad de género es un asunto numérico, que se resuelve teniendo la bondad graciosa de repartir cargos y puestos políticos a las mujeres, y que no reconocerían el patriarcado aunque lo tuvieran -como seguramente lo tienen- enquistado en sus propias frentes.

Para eso y mucho más sirven actividades como la literatura y el periodismo de denuncia e investigación.

¡Exijamos lo imposible!

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Trent Reznor, Atticus Ross & Karen O (Estados Unidos) / “Immigrant song”

Eisenfunk (Alemania) / “Pong”

KMFDM (Alemania) / “Megalomaniac”

Tremenda Jauría, La Basu, Aneguria y Jazzwoman (España) / “Akelarre”

miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

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