Notas e indicaciones. Términos y condiciones (Primera parte)

Foto Mathew Schwartz en Unsplash

HOSPITAL INCURABLE / ADRIÁN LOBO

El léxico propio de la profesión médica puede parecer pomposo y rimbombante, casi a la par del lenguaje utilizado por los abogados, en mi opinión puede ser una condición que contribuye a que muchos tengamos la impresión de que estos profesionales sienten que están por encima del promedio de las personas. Aunque por supuesto no lo hacen por simple pretensión. Es una necesidad, deben ser muy específicos en sus observaciones y exactos en sus apreciaciones, aunque el uso y el abuso de terminología médica puede llegar a configurar algo conocido como “habitus ligüístico”, que a su vez son “prácticas de subordinación que obstaculizan e invisibilizan el derecho a la información…”.  (1)

Pero habitus aparte, es vital que sean muy concretos y precisos en sus descripciones y, como toda ciencia, debe apegarse a una cierta nomenclatura para la que se suele preferir universalmente enraizarse en lenguas clásicas, aunque no se está exento de la adopción de extranjerismos, principalmente anglicismos (como “shock” o “rush”). La ciencia médica, según entiendo, no es una sola sino que se integra por numerosos apartados o ciencias básicas en las cuales se basa el conocimiento médico, creo que algunas de esas grandes áreas son: la anatomía, fisiología, bioquímica, etc., de cada una de las cuales a su vez se desprenden muchas más, cada una con su terminología propia. 

Es tal el nivel de complejidad, se calcula que existen poco más de medio millón de términos médicos, que es muy fácil que surjan dudas y se incurra en inexactitudes, no solo entre los médicos, ya que se dice que es el lenguaje especializado que tiene más arraigo en el  de uso común, esto es, que permea y trasciende al habla de todos los días entre la población, que existe incluso una institución que se encarga de establecer normas para su buen uso (Unidad de Terminología Médica de la Real Academia Nacional de Medicina, en España).

Como es normal existen discrepancias de criterio, errores que se perpetúan, deformaciones, malentendidos, exageraciones y hasta me atrevo a decir que cierto desconocimiento, esto es, otra vez, el uso y abuso del vocabulario que se puede encontrar en la práctica, algunos incluso que carecen de fundamento académico.

Todo empieza con el término “doctor”. La persona que concluye sus estudios universitarios en la carrera de medicina obtiene el título de Médico cirujano, equivalente al primero de los grados universitarios que puede otorgar una escuela de educación superior en México, es decir, una licenciatura. El maestro Sergio Eduardo Posada Arévalo, quien es un importante investigador, médico y maestro en ciencias en salud poblacional, menciona que incluso se puede incurrir en un acto de ilegalidad por llamar o hacerse llamar doctor sin haber obtenido el grado, ya que hay una ley que prohíbe ostentar títulos que no se poseen.

He escuchado alguna vez a un médico exponer el caso de un cierto paciente y querer mencionar que se ejercita con regularidad en un gimnasio y expresarlo diciendo: “…refiere la práctica de la halterofilia…”. Este deporte es fácilmente distinguible de otros que involucran la movilización de pesos más o menos elevados, tiene un enfoque muy distinto a otros con los que se puede confundir, la forma de entrenar es diferente y sus objetivos son distintos. A pesar de la inexactitud y de que sea una confusión recurrente, se puede impresionar a uno que otro despistado colega usando la expresión y sin embargo creo que en realidad este punto es un aspecto intrascendente en realidad, soy solamente yo el quisquilloso. Pero no es igual halterofilia, fisicoculturismo, powerlifting e ir al gimnasio a hacerle el loco dos o tres veces por semana.

Otro equívoco que suele ocurrir es el uso del galicismo “ortejos” para referirse a los dedos de los pies. Aunque hay quienes lo defienden hasta con las uñas, de los pies por supuesto, el maestro Posada Arévalo dice que la palabra es de uso veterinario y que en la materia de anatomía, incluso en las normas internacionales, no se menciona ninguna parte del cuerpo con ese nombre. Tampoco está incluida en el diccionario de la R.A.E. a pesar de la validez que pueda tener. 

Ha ido ganando aceptación pero según mi humilde opinión no es correcto utilizarlo. Al menos no en el ámbito médico. Ningún médico consignará en un expediente clínico que le ha atendido de juanetes, en vez de eso utilizará la expresión “hallux valgus”. Lo mismo debería ocurrir con los dedos de los pies, dice el maestro Posada Arévalo que aunque sea más largo deben ser llamados exactamente así, “dedos de los pies”, a falta de otro término, y al referirse a ellos se deben mencionar según las convenciones establecidas, esto es enumerándolos del borde interno al externo del pie. 

Él único que tiene nombre además de número es el grueso o dedo gordo que se denomina “hallux”. Una curiosidad que no puedo dejar de mencionar es que no hay una equivalencia como la que se podría esperar entre la numeración de los dedos de las manos y la de los dedos de los pies, de modo que el “dedo gordo” del pie no tiene el mismo número que el pulgar. Esto se debe a que en la materia de anatomía el estudio parte de lo que se conoce como posición cero o neutra que es la “referencia utilizada para definir y describir los distintos planos y ejes corporales que nos sirven para poder medir el movimiento articular de la mayoría de las articulaciones”. Es la postura de un individuo erguido en bipedestación (de pie), con la mirada al frente, los miembros inferiores rectos acercando un poco los talones y los pies bien apoyados en el suelo mientras los brazos permanecen a los costados con las palmas de las manos abiertas hacia adelante.

Ahora bien, debo decir que existe una gran cantidad de palabras que a mi parecer son neologismos médicos que aunque seguramente no los inventaron ayer todavía nadie se ha tomado el tiempo de  incluir en el diccionario de la R.A.E. o no se ha considerado necesario hacerlo. Una explicación que se me ocurre para que aquello no ocurra tiene dos vertientes, como sigue:

Primero el caso de algo así como “palabras compuestas”, que se explican por sí mismas. Ejemplos:

  • Orogástrico. Según mi propia y muy libre definición es “lo relativo en términos médicos a la unión o conexión entre la boca y el estómago”.
  • Nasogástrico. Igualmente según mis nervios es “lo relativo en términos médicos a la unión o conexión entre la nariz y el estómago”.

En el segundo caso se trata de palabras que incluyen partículas, sufijos, prefijos o me-fijos (aprovecho ahora para enviar saludos al profesor Greco Morfema) de raíz latina o griega cuyo significado es ampliamente conocido. Ejemplo:

  • Extubar. Incluye el prefijo latino “ex” que entre otros tiene el significado de “fuera” o “más allá”. Se emplea en medicina como antónimo de “intubar” o “entubar” (palabras ambas incluidas en el diccionario de la R.A.E.), lo cual no es otra cosa más que el procedimiento médico realizado a un paciente que consiste en la inserción de un tubo por la boca que alcanza hasta la tráquea con la finalidad de ayudarlo a respirar. “Extubar” se considera médicamente el acto contrario de retirarlo. Sin embargo la R.A.E. no reconoce este término a pesar de ser ampliamente utilizado en la academia médica. Tampoco aparecen los términos “desentubar” y “desintubar”.
  • Endotraqueal. Emplea el prefijo griego endo que significa “dentro” o “en el interior”. Es “lo relativo a lo que está dentro del conducto del aparato respiratorio que está entre la laringe y los bronquios”.

Seguramente me equivoco porque hay otras palabras de construcción similar que sí se incluyen en el diccionario como por ejemplo:

  • Intraocular. Según el diccionario “Perteneciente o relativo al interior del ojo”. Contiene la raíz latina intra cuyo significado es “dentro de” o “en el interior”.
  • Intramuscular. “Que está o se pone dentro de un músculo”.

Otra palabreja ampliamente utilizada es “laboratoriales”. La inventaron para emplearla en vez de la internacionalmente aceptada expresión “resultados de las pruebas de laboratorio”. El Maestro Posada Arévalo dice al respecto: “Dar por correcta esta palabra (inexistente en los diccionarios) nos llevaría a crear también las palabras ‘radiografioales’, ‘ultrasonografioales’, ‘tomografioales’, ‘histopatologicoales’ o ‘endoscopioales’, palabras evidentemente absurdas”. No tengo nada más que agregar al respecto.

No es mi intención insertar aquí el trabajo completo del maestro Posada Arévalo, sólo comentaré brevemente algunos puntos más reconociendo que sin duda para quien desee profundizar ir directamente a consultarlo es lo más adecuado. (2)

  • Cubreboca. Su nombre correcto es “mascarilla quirúrgica” y su propósito es cubrir narinas y boca. También la barba en caso de existir. No solamente la boca. Más allá del nombre el aspecto negativo es el mal uso al que puede inducir llamarlo así.
  • Anemia. ¿Sin sangre, en serio?
  • Biometría. ¿Quién puede medir, efectivamente, la vida?
  • Paramédico. Muchas instituciones llaman servicios paramédicos a los que apoyan a la atención médica. El origen de la palabra es la contracción del nombre dado a grupos de médicos y enfermeros militares adiestrados para acercarse a atender heridos en los campos de batalla lanzándose en paracaídas, que se denominaron parachute medicals. Por otra parte, quienes prestan atención médica pre hospitalaria son Técnicos en Urgencias Médicas (T.U.M., siguiendo la tendencia al uso de siglas). Según el maestro Posada Arévalo”. Paramédicos deberían llamarse sólo los que llegan en paracaídas al sitio donde se les necesita”.

 1 María del Carmen Castro Vásquez, Habitus lingüístico y derecho a la información en el campo médico, Revista Mexicana de Sociología, Año 17, Núm. 03/2020 (julio-septiembre). http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-25032011000200002
2 Sergio Eduardo Posada Arévalo, Médico Cirujano Especialista en Cirugía General, Maestro en Ciencias en Salud Poblacional. Vocabulario médico empírico. https://es.slideshare.net/seposada/vocabulario-mdico-empirico

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