El astro de la luz apagada

POR: CARLA MORALES

No me gusta el fútbol, ese juego que nos dejó el imperialismo inglés. Si bien he tratado de entenderlo —he asistido a partidos y he visto mundiales—, la parafernalia y la algarabía en torno a ese juego legendario me resultan extravagantes, sencillamente, no me atrae. No obstante, hay una figura del popular juego que admiro: Diego Armando Maradona ¿Por qué? Pues es sencilla la respuesta: criticó a la FIFA, al fútbol y de qué manera. Ese pibe de barrio que alcanzó su fama con el dominio del balón cuestionó a la gran institución del balompié. ¡Bravo!

Nació en el continente que ama el fútbol, vive para el fútbol y es fútbol. Mantuvo una estrecha relación con figuras contradictorias, desde el escandaloso Menem hasta el legendario Castro. Aunque estuvo más ligado al llamado progresismo latinoamericano: Evo Morales, Hugo Chávez, los Kirchner. Alborotó a muchos por sus resultados positivos en los exámenes antidopaje, la golpiza y constantes discusiones con su esposa, pero molestó más su inclinación política: zurdo y de zurda. De discursos inquietantes y constantes desintoxicaciones. Lo retrató Emir Kusturika en su documental, fue exaltado por Rodrigo Bueno, Mano Negra y otros más. así fue que Maradona se balanceó entre la loa y el libelo, digno, sin duda, de una hagiografía.

Empero, ahora que murió se habla menos de sus hazañas deportivas, cómo se movía en la cancha, cuál fue su técnica, qué significó para el Boca Juniors y el Nápoles, qué fue de su trabajo como director técnico o comentarista. Hizo de todo en el mundo del balompié y lo hizo bien. Entre la vox populi se escucha “Maradona es el Dios del fútbol, pero se rodeó de malas compañías”, “Maradona trataba muy bien al balón, sin embargo…” y así. Hay elogios acompañados de una conjunción adversativa. Tal objeción radica en su adicción a la cocaína y al alcohol, los pleitos con la prensa, más que el maltrato a su compañera que sí resulta reprobable y políticamente incorrecto. Pareciera que todo ello obnubiló, apabulló y apagó la luz del astro del fútbol.

Muchos olvidan que Maradona dignificó el fútbol y convirtió su fama en una trinchera de lucha para denunciar la corrupción del juego, lo hizo mucho antes de que Michel Platini y sus malos manejos salieran a la luz. Las manos no se usan en el fútbol soccer, Maradona lo hizo de forma tan beligerante que contrastaba al acontecimiento tramposo de la final de fútbol de 1978, en donde ganó la copa Argentina; fue un partido arreglado en contra de Perú para ocultar las atrocidades de la Junta Militar. Maradona, en cambio, le dio alegría al pueblo al meter un gol con su mano en contra de la selección inglesa en 1986, desafió al fútbol. El resultado fue simbólico y digno para el pueblo argentino, que perdió a muchos jóvenes en una guerra injusta y desigual en las Malvinas (1982). Era un acto de justicia social que empoderó al pueblo en un hecho significativo, pues le habían ganado a Inglaterra: “Y todo el pueblo cantó/ Maradó, Maradó /Nació la mano de Dios/ Maradó, Maradó/ Sembró alegría en el pueblo/Llenó de gloria este suelo”.



Este texto fue realizado en el Taller de opinión y ensayo impartido durante noviembre de 2020 y enero de 2021.


Carla Morales

Dibujo por afición, leo para vivir y camino ciudades para seguir.