Peña, el héroe nacional que puede ser

Por: Ernesto Palma F.

A finales del 2020, el escenario político para AMLO desató su furia y desesperación. La pandemia echaba por tierra su popularidad y su amasiato con Trump se desvanecía. Poco importaban ya los muertos por su nefasto plan para encarar la peor crisis sanitaria y económica de nuestro país, lo que le dolía era saber que se quedaba sin su cacareada aprobación popular.

Entonces urdió un golpe espectacular para tratar de levantar sus “datos” y recuperó del baúl de los trucos a Lozoya y lo subió al escenario mediático. Por momentos, hizo creer a algunos ingenuos seguidores que realmente iba por Peña Nieto.

Por aquellos aciagos días, circulaba la versión de que Peña había revelado a sus cercanos que sentía miedo ante la posibilidad de que AMLO decidiera encarcelarlo. Se habló de la solitaria estancia de Peña Nieto en una lujosa villa en Madrid y de cómo se habían alejado de él sus antiguos aliados, socios y colaboradores.

A este supuesto clima de linchamiento anticipado al expresidente Peña Nieto, se sumó el hecho de que su antiguo secretario de Hacienda y canciller Luis Videgaray también fuera objeto de un linchamiento mediático, que llegó al extremo de que algunos exalumnos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) pidieran la salida del excanciller por “no tener autoridad moral” tras las acusaciones que el gobierno mexicano hizo en su contra.

Mientras tanto, la “caja china” de AMLO distraía a la opinión pública sobre la crisis económica y sanitaria en el país. El gran tema que ocupaba la atención mediática era la inminente solicitud de extradición tanto de Luis Videgaray como del propio Enrique Peña Nieto.

En eso andaba el festín de Palacio Nacional cuando Carlos Loret dio a conocer un video en el que Pío López Obrador recibe dinero de un operador del entonces gobernador de Chiapas, Manuel Velasco. Ante la evidencia, AMLO sólo atinó a decir que el dinero era de “aportaciones para el movimiento” y manipuló la supuesta investigación contra su hermano.

La exhibición del video del hermano de AMLO fue un balde de agua helada que no vio venir el presidente. Había sido tocado su entorno más cercano y seguramente entendió que el siguiente movimiento sería para exhibir a miembros de su círculo más íntimo en casos de corrupción.

A partir de la certera y letal reacción de Peña y Videgaray, AMLO acusó recibo del mensaje: la impunidad del expresidente y de su operador Videgaray está garantizada, no sólo por términos no escritos del pacto con el presidente ganador de las elecciones y su predecesor, sino por la delicada información que reservan los exfuncionarios y que podría comprometer la permanencia de AMLO en el poder e involucra a familiares muy cercanos en el tema que aún pregona el presidente como bandera política de su régimen: la lucha contra la corrupción.

Peña Nieto debe sentir remordimiento y cargos de conciencia por haberle allanado el camino a López Obrador para que ganara los comicios presidenciales. Ahora sabemos que, con su consentimiento, la entonces PGR encausó supuestas investigaciones en contra del candidato panista Ricardo Anaya para restarle posibilidades de ganar las elecciones, independientemente de que limitó y torpedeó la imagen del candidato priista José Antonio Meade, quien no pudo o no quiso sacudirse el lastre que Peña y Videgaray representaron para su pírrica campaña.

Lo que realmente exhibió el apoyo de Peña a la candidatura de AMLO fue la impunidad con la que actuó el tabasqueño para deslizarse sin contratiempos en una campaña plagada de irregularidades que pudieron ser investigadas y procesadas en su momento, como la del famoso fideicomiso para los damnificados por los sismos del 2017, mismo que el INE documentó y denunció el manejo ilegal de millones de pesos para la campaña de López Obrador.

El todavía presidente Peña pudo encausar la investigación y evitar que López Obrador llegara al poder, sin embargo, guardó silencio y le regaló seis meses de su administración para que AMLO se apropiara cómodamente de la vida institucional de México.

El video de Pío López Obrador recibiendo dinero en efectivo para la campaña de AMLO seguramente es solamente la punta del iceberg de la corrupción que lo llevó al poder. Peña Nieto posee información que constituye su seguro de vida y su protección contra este régimen, no obstante, también tiene una gran deuda moral con los mexicanos y puede impulsar la salvación del país.

Estos meses previos al proceso electoral del 6 de junio, Peña puede regalarnos la posibilidad de que AMLO y su desastrosa administración se vayan al carajo. Las condiciones están dadas: tenemos encima la peor crisis económica y sanitaria; el país va a la deriva hacia el desastre total; no hay oposición, ni equilibrios en el Poder Legislativo, ni en el Judicial; el Ejército está cooptado por el régimen obradorista; el crimen organizado trabaja a sus anchas en todo el país y, por si fuera poco, AMLO está fraguando el fraude electoral más grave de nuestra historia para garantizar la mayoría de Morena en el Congreso de la Unión, lo que le permitiría impulsar las reformas constitucionales que necesita para perpetuarse en el poder.

En dos años (y seis meses que le regaló Peña), AMLO dejó claro que no es un peligro para México: es la personalización de la destrucción del país, como un desastre natural permanente, la presidencia de AMLO está devastando a México: ha costado más vidas que sismos y huracanes juntos a lo largo de nuestra historia, ha destruido siglos de esfuerzo para construir una nación democrática, con aspiraciones de salir del llamado tercer mundo con una firme convicción del estado de derecho y respeto a las instituciones que velaban por la justicia y la equidad.

En estos dos años y medio, nuestro país ha retrocedido en todos los ámbitos: el de la salud, el comercial, el económico, el científico, el industrial, el artístico, el educativo y cultural, el de los derechos humanos, el de la propia democracia. ¿Qué quedará de México dentro de otros 4 años que aún le restan a AMLO?

En una sus expresiones más controvertidas, Peña Nieto dijo alguna vez que él no creía que los presidentes se despertaran cada día pensando “cómo joder a México”, tal vez porque no conocía a López Obrador y, seguramente, nunca imaginó los alcances de esa mezcla de odio e ignorancia con la que gobernaría el hipócrita y criminal agitador de masas al que le regaló la presidencia de la república.

Peña Nieto tiene en sus manos la posibilidad de rectificar su error. Es claro que su acto de heroísmo quedará registrado como “filtración anónima”, sin embargo, muchos reconoceríamos su inmolación patriótica y tal vez el juicio de la historia sea mucho más benigno que el que el propio Peña ha labrado para su administración.

Licenciado Peña: las condiciones que favorecieron a AMLO han cambiado: Trump y Jared Kushner ya no están para exigir silencio a cambio de impunidad.

Los mexicanos tenemos derecho a saber lo que se esconde de la historia de López Obrador. Saberlo a tiempo evitará mayores desgracias para México y, en ese tramo de la historia, Peña Nieto y Luis Videgaray tienen mucho qué decir.

El heroísmo es una actitud que yace en la condición humana. Aquí se trata de salvar a una nación entera. Acabar con el tirano y su nefasta corte no es imposible. Exhibir al aprendiz de dictador nos permitirá tener la certeza de que votar contra su proyecto político es salvar al país.

Tal vez tengamos que comenzar desde cero, pero lo haremos con lo que quede de unión entre los mexicanos y, tal vez, conducidos otra vez por líderes manchados por la cobardía y la complicidad, pero nunca más bajo la tiranía del enemigo público que habita en Palacio Nacional.