Mexit: la escisión nunca ha sido la respuesta (II.2)

Más pronto que tarde el conde mostró sus verdaderas intenciones. En 1852 logró introducir a más de 200 hombres al estado de Sonora que levantaron sospechas de las autoridades mexicanas. El general Miguel Blanco, comandante y gobernador de Sonora, trató de frenar las intenciones del francés, y limitó su estancia a dos condiciones: que renunciara a la nacionalidad francesa y solicitar al gobierno federal salvoconductos, es decir documentos que definían su estatus legal en el territorio. Sin embargo, el conde Raousset estaba confiado en que su “movimiento” levantaría simpatías en la población en general, por lo que ignoró las peticiones de Blanco. 

Rápidamente se movilizó de Ures, que en esa época era la capital del estado, a Hermosillo, donde lanzó una proclama en la que invitaba a los habitantes a sumarse a su causa, en la que buscaba “combatir a los tiranos” refiriéndose al gobierno local y federal. Casi de inmediato se supo que las intenciones de Gastón Raousset de Boulbon eran crear una república independiente que sería gobernada por él mismo. A finales de 1852 y principios de 1853, tras varios enfrentamientos entre las fuerzas del conde y un poco preparado ejército mexicano, este resultó triunfante. Las fuerzas de Blanco actuaron de forma tardía pero efectiva ante un nuevo intento de desanexión del territorio mexicano. Sin embargo, esto no fue el fin de los proyectos de Raousset.

 En 1853 regresó a San Francisco, California, donde organizó una nueva expedición. En un inicio, había recibido una ayuda relativa del personal diplomático francés y de algunas autoridades mexicanas, pero no tuvo el mismo respaldo para su segunda aventura. Incluso, el cónsul de Francia en San Francisco, Patrice Dillon, le advierte a su corresponsal en Guaymas, José Calvo, de las intenciones del conde y de la existencia de más proyectos similares encabezados por norteamericanos. Asimismo, se deslindó de cualquier acción llevada a cabo por el filibustero. 

Sin embargo, el conde se entrevistó con Antonio López de Santa Anna, que desde 1853 había establecido una dictadura. Aun cuando el mandatario se vio renuente a aceptar los planes de colonización, pues estaba al tanto de la realidad de las ideas del francés, su postura fue bastante ambigua. Aunque no aceptó su propuesta, decidió darle largas para que el Raousset permaneciera en la capital del país para limitar sus acciones en el noroeste. Pronto comprendió que no iba a recibir el apoyo de Santa Anna, por lo que regresó a Sonora, donde emprendió una nueva acción militar. No obstante, pronto fue interceptado por el general José María Yáñez. Este militar y político actuó al margen de las instrucciones del gobierno federal, pues este mantenía una posición bastante ambigua respecto al trato de extranjeros con miras a convertirse en colonos. El 13 de julio de 1854 el conde fue derrotado por las fuerzas militares mexicanas, juzgado y fusilado en las tierras del estado que buscó convertir en república. 

Las historiadoras e historiadores que han indagado en el tema han desestimado la idea de una posible conexión entre los planes de Gastón Raousset de Boulbon y Napoleón III, emperador de Francia, que a mediados del siglo XIX inició un proceso de expansión territorial en el que México, específicamente el noroeste, estaba contemplado.  No obstante, la conclusión a la que se ha llegado es que los planes del conde no eran lo suficientemente viables para ser apoyados por el imperio, que en la década de 1850 tenía la mirada fija en otros conflictos, como la guerra de Crimea. Sin embargo, no cabe duda de que si el conde hubiera triunfado, Sonora se hubiera convertido en un protectorado francés o un nuevo Texas. A su vez, la incursión y derrota del filibustero sirvió como apoyo moral y muestra de la capacidad de las fuerzas armadas frente a los intereses extranjeros. Finalmente, este acontecimiento merece formar parte de los antecedentes de la Segunda Intervención Francesa y el posterior Segundo Imperio Mexicano.