Paz y Nuevo Orden

 

Por Morgendorffer

La película mexicana Nuevo Orden se suma a los contenidos que ofrece el servicio de streaming Amazon Prime Video. Ganadora del León de Plata Gran Premio del Jurado en la pasada edición de la Mostra del Cine de Venecia, causó gran revuelo en las redes sociales y, como es hábito de nuestros tiempos, todo se decía con el menor conocimiento posible, ya que la cinta ni siquiera se había estrenado en nuestro país. Racista y clasista eran los adjetivos con los que se le describía por la premisa de una revuelta social de los sectores populares en México.

Dado el ambiente político y la idiosincrasia mexicana, era evidente que la película levantaría ámpula en nuestra nación. La piel del mexicano es muy sensible, no importa el color que sea. Su estreno en salas de nuevo abrió el debate: las mismas posiciones y calificativos, el mexicano suele ser necio. Por la situación sanitaria no he tenido la confianza de asistir al cine, entonces decidí esperar a que llegara a la comodidad de mi sala.

Cuando la vi en las novedades no dudé en reproducirla, había despertado mi curiosidad y quería formarme mi opinión después de constatar los hechos. Una acotación, cuando se subió a la plataforma, abrió un tercer debate, más o menos con los mismos resultados. Mientras la veía, no dejaba de pensar en Octavio Paz, quizá el intelectual más ilustre de nuestra historia, y en su libro El laberinto de la soledad, piedra angular para intentar comprender la mexicanidad. Repasaba en particular el ensayo “De La Independencia a La Revolución” y como en este resonaba la expresión de Martín Luis Guzmán La fiesta de las balas. El texto habla sobre los procesos históricos y los conflictos armados que nos han llevado hasta este punto posrevolucionario del país, en los diferentes intentos por crear un Estado mexicano. Siempre queriendo ser, añorando momentos que jamás ocurrieron, el mexicano es nostálgico.

No estamos acostumbrados a desdoblar nuestra historia, cualquier intento de reflexión nos resulta incómodo, preferimos el resguardo que nos ofrecen los libros de texto y sus versiones oficiales. Tenemos poco rigor crítico frente a los sucesos que nos han traído hasta aquí y tal vez por eso parecemos destinados a revivirlos, preservando hasta el cansancio nuestra estructura social. La película dura poco menos de noventa minutos y comienza en una cama del Instituto Mexicano del Seguro Social, a partir de ahora podría revelarse parte de la trama, no es la intención ir cuadro por cuadro, ni detenerse en cada escena porque este no es un análisis estético de la película, sino más sobre las reflexiones que despierta.

Hay caos, confusión y cuerpos por las calles. Corte a: la fiesta en El Pedregal es una boda de una familia acomodada en zona acomodada de la Ciudad de México, suceso que se anticipa desde la campaña publicitaria de la cinta. Vemos la burbuja de nuestra pequeña burguesía, que lo es tanto en número como en ideas. Volviendo al texto, esa es una de las grandes falencias que señala Paz, nuestra clase alta no es ilustrada y basa su poderío económico en formas arcaicas de producción y sólo se sostiene por el pacto que tiene con el poder político y el armado, el statu quo todavía permanece. Personal de servicio atiende a los invitados y ante la conciencia de todos, incluyendo la del espectador, de lo que pasa afuera, se siente la tensión de la normalidad forzada.

Obviamente, lo importante es señalar cómo estas personas creen estar por encima de toda la situación gracias a sus privilegios. La realidad va consumiendo la farsa; el augurio de que la revolución ya viene es la pintura verde que tiñe el agua de un lavamanos, los vestidos y los autos de los asistentes. Esta señal se interpreta a partir de quien la porta y lo convierte en víctima o victimario.

Un hombre trepa la barda, otro lo afrenta y acudimos nuevamente a la comunión de México consigo mismo. Paz nos recuerda que la Revolución es el estallido de la realidad, donde se traen a cuenta todas aquellas emociones que se han acumulado a lo largo de los años; las finezas, las ternuras y las ferocidades. En un país donde la pobreza es una virtud, era de suponerse que causaría molestia ver cómo la clase baja da entrada al exceso, embriagada de sí misma. La travesía de los personajes en medio de nuestra celebración deja un sabor amargo, probablemente ahí radique el mensaje de la película, el nuevo orden es el viejo orden, y el precio a pagar para que permanezca así es bajo para los de arriba, y sin duda están dispuestos a hacerlo.

La película no es esperanzadora, no es una oda al pueblo de México y tampoco un reclamo aleccionador por parte de la burguesía, es sólo una ficción que imagina cómo podríamos llegar a comportarnos en determinada situación, con cuál personaje nos identifiquemos será una cuestión que solo puede resolverse en la intimidad del espectador. La última escena es demoledora, vemos a uno de los personajes principales condenado a la horca, en lo que presumiblemente es un campo militar, frente al paredón de la sociedad mexicana (militares, funcionarios, políticos y empresarios) traicionado por la causa, no le hizo justicia la revolución y sólo le queda el abrazo mortal en el que nos conocemos los mexicanos.