OPINIÓN | Elecciones en Perú: en la contienda de Castillo contra Keiko, los antifujimoristas se dividirán en tres

Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor, periodista y colaborador de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente suyas.

(CNN Español) — Se postularon 18 candidatos. Eso ocurrió en Perú el 11 de abril. Quedaron dos y nadie obtuvo el 50% de los sufragios. Con el 100% de los votos contados, sobrevivieron electoralmente el maestro Pedro Castillo, sindicalista de izquierda, y la ex primera dama y excongresista de derecha Keiko Fujimori, hija del exdictador Alberto Fujimori (originalmente elegido con el respaldo de los peruanos).

Castillo obtuvo, grosso modo, el 19% de los votos, esencialmente en la región andina del país. Fujimori, el 13% en todo Perú. Como yo lo veo, eso indica que el 6 de junio, cuando se enfrenten en la segunda vuelta, Fujimori debe triunfar y asumir la presidencia del país, a fines de julio. Lima y Arequipa representan casi el 40% del electorado, en un país donde el voto es obligatorio para los ciudadanos de entre 18 y 70 años.

Más allá de las diferencias ideológicas, Pedro Castillo es un fenómeno regional y rural, mientras la implantación de Keiko Fujimori es nacional y urbana. La hija del expresidente cuenta con el respaldo previo del tercio del país que, pese a todos los deméritos, está convencido de que Alberto Fujimori fue un buen gobernante que los libró del terrorismo de Sendero Luminoso y que sentó las bases del desarrollo económico que luego siguieron todos los gobernantes, incluso el “segundo” Alan García, tan diferente al primero.

Los fujimoristas, que son muchos, tienen por quién votar en Perú. Pero el problema es de los antifujimoristas, que también son numerosos, y que en el pasado le dieron la victoria a Alejandro Toledo, a Ollanta Humala y a Pedro Pablo Kuczynski, los tres acusados de corrupción, algo que ellos niegan con vehemencia. Sospecho que ese vasto sector de los electores peruanos se dividirán entre tres: una mayoría que se cubrirá la nariz y votará por Keiko porque les parecerá la opción menos mala, una minoría procomunista que sufragará por Castillo, y un número indeterminado que votará en blanco, lo que, finalmente, le resultará útil a Castillo.

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Pedro Castillo propone el camino clásico del “Socialismo del siglo XXI”: refundar Perú tras redactar una nueva Constitución; darle una preponderancia al Estado que hoy no tiene; y nacionalizar las fuentes de energía, las telecomunicaciones y otros sectores clave de la economía. Por eso, Evo Morales está feliz en Bolivia y dijo que Castillo plantea las mismas cosas que el Movimiento al Socialismo, el MAS, en su país.

Solo que Perú no es Bolivia (tiene una composición étnica y cultural totalmente diferente) y ya conoció en el pasado el populismo de izquierda. En 1968, el general peruano Juan Velasco Alvarado dio un golpe militar, confiscó e intervino muchas de las grandes empresas, y realizó una tajante reforma agraria, precipitando a su país al caos, al desabastecimiento y la inflación. Fue un ensayo general de lo que Hugo Chávez y Nicolás Maduro harían años después en Venezuela. En 1975, otro general, Francisco Morales-Bermúdez, dio un golpe de Estado contra el gobierno de Velasco Alvarado. Después de eso volvió al país la democracia y la economía de mercado, y Perú creció lentamente de nuevo. Aún así, Morales-Bermúdez fue condenado en Italia a cadena perpetua en 2017 por la desaparición y muerte de unos 20 ciudadanos italo-latinoamericanos en el desarrollo del Plan Cóndor.

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Y no olvidemos que en los últimos años, antes de la pandemia, Perú dio un salto envidiable en el terreno económico.

Keiko Fujimori llegará al poder con la experiencia de haber visto a su padre tras las rejas por no haber sido un verdadero demócrata, por haber cometido delitos contra los derechos humanos, y de tener, ella misma, tendencias y ademanes autoritarios. Tiene un problema adicional: la Fiscalía de Peru la investiga por sospechas de haber usado dinero de los sobornos de Odebrecht para financiar sus campañas. Ella niega firmemente las acusaciones.

Ojalá que Fujimori haya aprendido la lección. Los funcionarios públicos solo pueden hacer lo que les ordenan las leyes. Los empresarios privados, en cambio, tienen a su alcance todo lo que la ley expresamente no les prohíbe. Esa diferencia es muy importante.

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