OPINIÓN | Angela Merkel será extrañada

Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor, periodista y colaborador de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente suyas.

(CNN Español) —
Creo que el personaje político más popular de Alemania es Angela Merkel. También es uno de los más solventes desde el punto de vista intelectual. Posee un doctorado en Física cuántica por la que ahora se conoce como la Universidad de Leipzig. Es, al mismo tiempo, una mezcla de la empatía de Jimmy Carter, el realismo bien informado de Ronald Reagan y la habilidad política de Lyndon B. Johnson.

¿Por qué esas similitudes?

En abril de 1980, Jimmy Carter ocupaba la Casa Blanca y, de pronto, –como era su costumbre– Fidel Castro le trasladó el problema que el propio comandante había creado en la Embajada de Perú en La Habana al quitarle la guardia a la sede diplomática por una disputa personal. En un santiamén se le habían asilado 10.000 personas en la legación peruana en Cuba y otras miles de personas deseaban escapar de la isla en cualquier cosa que flotara.

Había comenzado lo que se conoce como “el éxodo del Mariel”. Se saldó con unas 125.000 personas trasladadas al territorio estadounidense. Tras la llegada de las primeras embarcaciones a la Florida, alguien sugirió hundir algunos de los barcos a cañonazos, pero el presidente Carter se opuso. No había sido elegido para matar refugiados políticos desarmados, aunque el 15% –luego se supo– eran criminales. Incluso, Fidel Castro envió a varios leprosos. Si la Casa Blanca no era útil para ejercer la compasión no le interesaba estar en ella.

Angela Merkel se vio en una situación parecida en relación con el éxodo de Siria por la guerra civil que comenzó en 2011. Eran familias –niños, ancianos, mujeres– que huían despavoridos de la guerra en 2015. Llegaban a las islas griegas o al sur de Italia. Ella era la líder de “facto” de la Unión Europea y asumió gran parte de los exiliados que llegaba al bloque. Sentía una empatía profunda con las personas que huían de la guerra civil y de la represión del Gobierno apoyado por el cañoneo sin descanso e inmisericorde de los rusos. Ni una gran parte de sus compatriotas ni otros gobernantes europeos entendieron su gesto que fue calificado de ingenuo o temerario.

Lo que la asemeja a Ronald Reagan es el realismo. No se hace ilusiones con los aliados o con los adversarios. Helmut Kohl, el excanciller, fue su aliado y benefactor hasta que la señora Merkel supo que tenía vínculos con la corrupción. Kohl admitió haber infringido las normas de financiamiento al aceptar donaciones anónimas a su partido. Hubo una investigación que luego se suspendió y el exfuncionario tuvo que pagar una multa equivalente a US$ 142.000. A partir del momento en que se supo de las donaciones, Merkel lo criticó acerbamente. Los reflejos cristianos y morales del luteranismo eran más fuertes que los lazos amistosos. Asimismo, su reacción comedida ante el hecho de que la CIA espiaba sus conversaciones telefónicas es también una muestra de sentido común y realismo político.

Lo cierto es que Merkel ha sido declarada la mujer más poderosa del mundo durante varios años por la revista Forbes y la líder “de facto” de la Unión Europea. Ha presidido el G8 y el Consejo de Europa, pero su logro más sorprendente ha sido forjar la “gran coalición” con los socialdemócratas tras derrotarlos en las elecciones de 2005.

No en balde se retira con honores y aplausos (6 minutos en el Bundestag) del cargo de canciller –primer ministro en Alemania– en las elecciones que tendrán lugar en septiembre de 2021, algo que fue anunciado tras las elecciones de 2018.

En ese momento, se le extrañará al frente de Alemania. Tal vez dé la sorpresa su sustituto al frente del Partido, Arwin Laschet. Pero eso está por verse.

Angela Merkel