Identifique las señales de alarma antes de votar por un candidato

Samuel García

Por: Julián Javier Hernández

Monterrey.- El abuso de poder ha sido la principal preocupación de los mexicanos en todas las épocas. Es un problema mundial, a decir verdad, porque puede aparecer en cualquier país y en cualquier momento; agranda la desigualdad, crea privilegios y apaga por largo tiempo la moral de los ciudadanos. Esto último nos consta a muchos.

Vivimos bajo la ilusión de pertenecer a una república, de que gobernar es “cosa de todos”, y de que hemos conjurado el absolutismo de una sola persona, llámese rey, zar, presidente o gobernador. Con ese pensamiento en mente, vamos gustosos a votar. ¿Qué puede salir mal cuando compartimos los mismos valores políticos? En democracia, todos decidimos.

Y sin embargo, por encima de autonomías (donde los ciudadanos legislan y los letrados juzgan sin deberlo al mandatario), a pesar de la ley y del derecho, persiste el abuso de poder, principalmente en la persona que encabeza el gobierno.

El 6 de junio saldrán electos nuevos gobernadores, y no debería ser un misterio lo que harán cuando ejerzan el cargo. Van dejando pistas de su manera de sentir, de sus íntimos afectos, en discursos y respuestas. Estos sentimientos se convierten en actos mejor que sus convicciones porque son naturales y van arraigados a su identidad. Una frase, dos o tres palabras, pueden servir como señales de alarma de lo que vendrá después.

Para quienes se preguntan, por ejemplo, cómo llegó Brasil a marcar un récord mundial de 4,195 muertes diarias por Covid, cómo pudo nombrar a un pastor evangelista de Secretario de Educación (quien defiende los castigos corporales a los niños), cómo empezó a discriminar a negros y homosexuales y, al fin, cómo dividió a un país entero, pueden hallar alguna revelación en las siguientes palabras Jair Bolsonaro antes de ser presidente.

“No quiero esa historia de estado laico. El estado es cristiano y la minoría que esté en contra, que se mude. Las minorías deben inclinarse ante las mayorías».

«A través del voto, no va a cambiar nada en este país. Solo va a cambiar, desafortunadamente, cuando nos partamos en una guerra civil».

«Sería incapaz de amar un hijo homosexual. No voy a ser hipócrita aquí. Prefiero que un hijo mío muera en un accidente”.

«El pobre solo tiene una utilidad en nuestro país: votar. La cédula de elector en la mano es diploma de burro en el bolsillo”.

«Es una desgracia ser patrón en este país con tantos derechos para los trabajadores».

«No es una cuestión de colocar cupos de mujeres. Si ponen mujeres porque sí, van a tener que contratar negros también».

En su momento, los brasileños escucharon estas expresiones, pero las ignoraron o fueron incapaces de interpretar las señales de alarma que contenían. Ahora pagan las consecuencias.

Lo que se encuentra ahí son más desahogos que ideas, más emotividad que racionalidad. Quien habla así considera que el gobierno es un asunto personal, no de Estado. Y la consecuencia de esta actitud es el abuso de poder.

¿Hay señales de alarma en boca de algunos candidatos que hoy están en campaña? En cierta medida, sí, a juzgar por algunos mensajes e intervenciones. Uno de los más notorios es Samuel García, candidato al gobierno de Nuevo León; muy popular, también es uno de los favoritos para ganar la elección. Sus discursos están salpicados de elitismo, jactancia y un claro supremacismo regional. ¿Se empolla ‘el huevo de  la serpiente’ detrás de sus palabras? Para responder, repasemos primero algunas de estas:

“Era bien duro (mi papá) porque me decía ‘si quieres que te pague la semana te tienes que ir conmigo al golf el sábado, y terminando los 18 hoyos te pago la semana’”.

“Bronco aliado con el PAN. A todos los prietitos del ‘Bronco’ independiente los mandaron de diputados al PAN”.

“Soy el único que no es parte del sistema corrupto; el único que no ha estado en el PRI, ni pertenece a la mafia de los partidos, el único que no vive de la política”.

«La tarea hoy es muy sencilla. Para que no llegue Morena, hay que votar por Samuel García».

«Que se escuche fuerte hasta el centro: no vamos a volver a abrir la presa del ‘El Cuchillo’, no vamos a volver a dar el agua de Nuevo León a Tamaulipas por otro convenio completamente injusto”.

«Nuevo León tiene paz laboral, no podemos tolerar una sola huelga con fines políticos en Nuevo León».

«Nuevo León va a ser la nueva generación política que México tanto quiere”.

Es una figura rodeada de situaciones extrañas, que siempre comunica algo de sí para bien o para mal. En una agosto de 2020, por ejemplo, renunció a su carrera a la gubernatura por un escándalo mediático: circulaba un video en el que humillaba a su esposa. Horas después, la capitulación resultó falsa y alegó haber sido hackeado.

Pero la carta apócrifa, redactada con claridad, reflejaba un rencor no disimulado a Luis Donaldo Colosio, quien fue considerado en algún momento para la misma candidatura que García.

“Luis Donaldo ha estado generando discordia al interior del partido, tratando de arrebatarme mi candidatura a la gubernatura de Nuevo León”.

“Luis Donaldo Colosio Riojas, en un acto cobarde y oportunista, quiso lucrar con mi grave error cuando él es una persona también con un fuerte historial de misoginia a sus espaldas”.

“Luis Donaldo no ha sido solidario y navega por la política como si fuera la única víctima”.

Por suerte, estas expresiones no le pertenecen a Samuel García; si no, sumaría a su banalidad la imagen de inseguro, ambicioso y revanchista. ¿Es el peor perfil de los aspirantes en Nuevo León? No lo podemos afirmar; es el que pasea en público sus defectos y su ignorancia. En cambio, Adrián de la Garza, otro de los punteros, es más experimentado y disimula bien sus emociones; prefiere comprometerse en el lenguaje político, y así resulta difícil de predecir. Si sus intenciones son perversas, no las deja entrever.

Pero Samuel García se cae de boca cada vez que opina o discute temas de interés público.

En todo lo que dice se oye “a mí”, “yo” “lo mío”, como aquella canción de The Beatles ‘I, Me, Mine’. Le cuesta mucho expresarse en términos de igualdad, ver el lazo común entre seres humanos, ya que insiste en dividirlos en ingresos económicos, lugar de origen o género. Su visión del mundo está ahí, en las jerarquías. ¿Guarda alguna afinidad en esto con políticos que después cometieron abusos de poder? Hay señales, desde luego, pero pocos parecen inquietarse: es el favorito de las encuestas para ganar la elección.

Legalidad, derechos humanos, eficiencia, quizás sean conceptos inaprensibles para muchas personas. Sería mejor usar una comparación para explicar la importancia del derecho a votar. Por ejemplo, elegir a un gobernante es como casarse con alguien; se hace vida en común, se le dan ciertos privilegios y se le concede bastante poder. Imagínese un matrimonio con la persona equivocada.

Y siendo la vida tan corta, divorciarse seis años después puede ser demasiado tarde.