Yo, me lavo las manos

Foto Daniele Levis Pelusi en Unsplash

HOSPITAL INCURABLE / POR: ADRIÁN LOBO

Irónicamente existe una gran posibilidad de enfermar, incluso gravemente, justamente en el lugar donde las personas acuden a curarse, de hecho es común que los gérmenes más resistentes se encuentren en los hospitales. No solamente es un riesgo para los pacientes, sino también para los profesionales de la salud. 

A las infecciones que se contraen en estos lugares se les conoce como infecciones nosocomiales o intrahospitalarias, son entre los pacientes la complicación o evento secundario de mayor incidencia durante su estancia en el hospital y pueden extenderla hasta en cuatro días en promedio y cuadruplicar el costo de la atención e incluso una importante cifra de mortalidad se debe a ellas. 

¿Y por qué se producen? Pues como ya sabemos, en el ambiente puede haber toda una gama de agentes biológicos. Los hay que se propagan por el aire o por contacto directo y prácticamente en todo lugar y en todo momento estamos expuestos a ellos. 

Contra la mayoría de los que ocasionan enfermedades nuestras defensas ya se han desarrollado y nos protegen así de cualquier daño que nos puedan ocasionar, pero cuando el sistema inmunológico se encuentra deprimido o se topa uno con algún patógeno indómito, feral, incluso desconocido o que ha desarrollado o naturalmente tiene resistencia a los antibióticos, entonces puede haber problemas. Obviamente la falta de cuidado en la higiene también es un factor a tener en cuenta.

Además de existir en un huésped, en condiciones favorables, los virus, bacterias y hongos pueden sobrevivir en el ambiente o en superficies inanimadas desde unos minutos hasta horas o varios días, incluso meses enteros. 

Debido a esta exposición reiterada a peligros potenciales al personal que está en contacto directo con pacientes, con excepción del eventual como ocurre con tantos otros beneficios, se le otorga un periodo vacacional conocido como “de mediano riesgo”, para mí sería más provechoso un bono en efectivo, y ya metidos en gastos mejor sería no hacer distinciones entre personal de base, regularizado, formalizado, anticipados y remisos… eventuales, quise decir… porque todos por igual estamos aquí metidos pero yo no hago los reglamentos y nadie me hace caso.

Afortunadamente existen medidas de carácter preventivo que resultan extremadamente útiles en el combate a estos bioagentes y que afortunadamente son muy sencillas de aplicar. La primera, la más efectiva y barata, es el lavado de manos. Es tanta la trascendencia de este acto en apariencia tan simple que se han declarado dos conmemoraciones al año en todo el mundo: El Día Mundial del Lavado de Manos, que es cada 15 de octubre, y el Día Mundial de la Higiene de Manos, cada 5 de mayo. 

En la vida cotidiana con jabón común es suficiente, en el medio hospitalario se recomienda que tenga propiedades bactericidas y se prefiere en forma líquida. Ahora ya es muy común el uso de antibacteriales líquidos o en gel que son igualmente grandes aliados en esta guerra contra los gérmenes. Aunque podría llegar a resultar contraproducente, según estudios recientes. También, para mayor efectividad, este aseo debería realizarse utilizando la técnica adecuada. No toma más de cuarenta segundos y se compone de una secuencia de pasos desde que se abre la llave del agua hasta que se cierra y se secan las manos. 

Ahora bien, todo esto no se trata de lavarse una vez y ya. No, es todo un sistema de higiene hospitalaria de manos donde su aseo se debe realizar especialmente en cinco momentos que resultan críticos. Tiendo a creer que en el hospital donde yo trabajo la mayoría del personal no utiliza la técnica recomendada ni cumple con la recomendación de los cinco momentos, desafortunadamente. ¡Ah, pero eso sí, las toallas de papel para secarse las gastan como si se lavaran muy bien!

En el cuidado diario de la salud también es muy importante este aseo, principalmente al manipular alimentos y después de ir al baño, pero es aconsejable también hacerlo al volver al hogar, después de estar en contacto con una persona enferma, después de haber manipulado billetes o monedas, antes de amamantar, después de tocar a las mascotas, etc. 

Desde luego que en el hospital el lavado de manos no es la única defensa contra los gérmenes con la que se cuenta, existe lo que se conoce como Elementos de Protección Personal (E.P.P.), que no son otra cosa más que barreras para evitar el contacto directo con potenciales agentes infecciosos y que constan, entre otras cosas, de guantes, mascarillas, batas desechables, caretas especiales y gafas protectoras.

Los E.P.P. y el lavado de manos son parte de algo más grande que se llama «Precauciones estándares en la atención de la salud». Según la OMS, «son las precauciones básicas para el control de la infección que se deben usar, como mínimo, en la atención de todos los pacientes». 

Los riesgos de contraer alguna enfermedad no se limitan a la simple exposición a los agentes infecciosos, un aspecto que se debe manejar con mucho cuidado es la utilización de utensilios punzocortantes; agujas y hojas de bisturí, por ejemplo. Pero resulta que aquí, donde trabajo, no se tiene, al menos no tan enfáticamente. Todo el personal que está en contacto directo con pacientes está expuesto a encontrarse una aguja entre las sábanas de la cama de un paciente, incluso los compañeros de lavandería. 

Fácilmente se olvidan con la premura de la atención al paciente, sobre todo cuando su condición apremia. En una ocasión en un mismo día supe de un médico interno que se cortó con un bisturí que acababa de ser utilizado en una intervención quirúrgica y de una pasante de enfermería que se encontraba haciendo su servicio social en el hospital. 

El incidente ocurrió así: como es normal estaba trabajando de cerca con una enfermera que la estaba instruyendo y acababa de inyectar a un paciente, pero estaba platicando distraídamente con otras personas mientras seguía sosteniendo la jeringa, en un momento dado acompañó un comentario que hizo con un movimiento de manos, agitándolas en el aire. 

Por desgracia, justo en ese momento la chica pasante, que estaba de pie justo al lado de la primera, estiró la suya para alcanzar algún objeto colocado al lado del paciente y pues los caminos se cruzaron, resultando pinchada. Al parecer este paciente en particular no padecía ninguna enfermedad contagiosa, pero a veces resulta así de fácil contraer alguna infección grave.

Alrededor del mundo es tan alta la ocurrencia de contagios accidentales por pinchazos con agujas contaminadas, principalmente de VIH, hepatitis tipo B y C, que la OMS desde hace varios años recomienda implementar medidas que ayuden a contrarrestarlos.

En principio han señalado que es incorrecta la percepción muy generalizada que se tiene sobre la mayor efectividad de esta vía de administración de medicamentos (las inyecciones) y que no es estrictamente necesario hacerlo de esta forma existiendo la opción de la vía oral.  Así que han hecho el llamado a la utilización de alternativas, esto es, la eliminación de inyecciones innecesarias.

Luego se recomienda que si se usa una jeringa con una aguja común se evite colocar la capucha protectora de la aguja después de utilizarla. Y en caso de no ser posible, se tenga especial cuidado al hacerlo, ya que en este momento ocurre el 13 % de los pinchazos accidentales. Si usted cree que no es posible que dicha capucha pueda ser atravesada por la aguja puedo asegurarle que sí que puede ocurrir, lo he vivido en carne propia, mejor dicho, mis manos son testigos de que ese plástico no es tan duro como para resistir el embate de la punta afilada de una aguja. 

La maniobra recomendada, si de todos modos se desea hacer, es colocarla en un soporte que permita insertar la aguja y no hacerlo mientras se sostiene en la mano. Pero la recomendación más importante es adoptar el uso de dispositivos más seguros, las llamadas jeringas de seguridad o inteligentes, para los cuales la OMS ha emitido una guía que contiene las características deseables en ellos. Existen además recomendaciones para el momento en que se trabaja con objetos punzocortantes que pueden ser útiles no únicamente en el ámbito hospitalario y otras específicas relativas a las inyecciones. 

Hay por supuesto en el H.G.D.A.V. personal que se encarga de promover estas acciones preventivas de las infecciones nosocomiales (Epidemiología hospitalaria), no diré nombres pero sí que mucho se comenta entre el personal que quienes están a cargo suelen ser los primeros que salen corriendo ante casos difíciles como influenza o ahora COVID-19. En fin, que esos encargados el pasado 4 de junio del 2018 implementaron la “Jornada intensiva del lavado de manos” en el hospital. Me van ustedes a disculpar pero no creo que esta jornada haya surgido de una cuidadosa planeación, sino todo lo contrario. Algo como esto:

— ¡Jefe! ¡Se nos pasó el 5 de mayo!

— Bueno, no te preocupes, el mes que entra es el Día del Padre y…

— ¡No, jefe! No es por el festivo…

— ¿Y entonces?

— ¡El Día Mundial de la Higiene de Manos! ¿No quería organizar algo con esa temática?

— ¡Caramba, es cierto! Bueno, bueno, pensemos en algo…

— Será mejor no olvidarlo el próximo año…

— ¡No, no, no! Todavía tenemos tiempo… veamos… digamos… el cuatro de junio.

Y así. Haberlo hecho el 5 de junio habría sido muy obvio, así es que eligieron el día 4. O bueno, no, quizá sólo es que soy un mal pensado, porque sucede que el 5 de mayo además es también el aniversario del cada vez más viejo y menos venerable Hospital General «Dr. Aurelio Valdivieso», así como la efeméride de la famosa batalla de Puebla y el cumpleaños de mi compadre. Entonces, pues, quizás pensaron nuestras autoridades “competentes” que había ya demasiados eventos en la fecha y decidieron posponer la realización de la famosa “Jornada intensiva”.

Y bien, yo imaginaba ese evento en forma muy diferente, creí que todo consistiría en que los trabajadores formaríamos largas filas frente a los lavabos para lavarnos frenéticamente las manos, usando la técnica correcta, eso sí, tan solo para pasar al final de la fila al terminar y repetir la acción tantas veces como fuera posible en el día o hasta que nos quedaran las manos irritadas, enrojecidas y con todos los signos de una fuerte dermatitis de contacto, y es que, bueno, me dejé engañar por el nombre del evento. En realidad se trataba de dar a conocer por todo el lugar la técnica correcta para el aseo de las manos, el asunto aquél de los cinco momentos clave para hacerlo y hasta de supervisar su realización en los servicios, algo así como un examen de lavado de manos. 

Adrián Lobo. 

adrian.lobo.om@gmail.com | hospital-incurable.blogspot.com | facebook.com/adrian.lobo.378199