Papá y mamá

Omni man / Debbie Grayson
Annie / Steve

Uno de los temas que más he escuchado en cuanto a feminismo, en podcast y cosas así, es sobre las mamás. Se contraargumenta que las mamás no son, por naturaleza mágica, “mejores” que los papás. Es una idea arraigada en todos nosotros esa de que las que nos parieron, sólo por ser mujeres, son proclives a la maternidad. Al papá, en consecuencia, se le quita su proclividad a la paternidad, pues es el que “trabaja”. Sin embargo, si consideramos que la mujer no tiene una inclinación “natural” a ser mamá, o puede que sí; entonces el hombre puede tener una inclinación “natural” a ser papá, o puede que no.

Y las narrativas de ficción que logran proyectar, de alguna forma, las figuras de papá y mamá con toda su carga ideológica.

 Invincible, una de las más actuales series de Amazon que trata de superhéroes. Por cierto, el hecho de que sea animada, no le quita nada de su fuerza narrativa, incluyendo la parte audiovisual: increíble. Empero, en esta serie se proyectan las dos figuras: la madre, oriunda de la Tierra, que no tiene poderes; y el padre, proveniente de una lejana civilización, que es el más grande héroe de todos. Su hijo, pues está en medio: obtiene sus poderes de forma tardía, por lo que vive como mortal, pero también tiene el potencial de volverse algo más.

Entonces el papá es todo poderoso, lo puede todo y es increíble. La madre, por su parte, se ve ligeramente aplazada: por no tener poderes, al su hijo crecer, ella parece perder su lugar. Sin embargo, no es del todo así, pues a lo largo de los eventos (brutales, algunos) ella, no recupera, sino que reafirma su posición de mamá. El papá, por el contrario, pierde esa posición pero, de alguna forma u otra, conserva su matiz de quien puso su semillita para dar a luz a su criatura.

En todo caso: la primera en confrontar e incluso, de alguna forma, de contener al hombre más fuerte de todos, es ella. En otras palabras, ella, sin poderes, se le pone al tú por tú y sale galante. No reduzcamos su figura, como pareciera ser que sucede a momentos. Debbie no es un personaje secundario, y quien crea que sí, dígame y nos vemos a la salida para partirnos las caras… a pedradas, para respetar el distanciamiento social.

Un caso distinto es el de Hereditary. Obviamente, una gran diferencia de narrativas hay entre una película y una serie animada; pero la cosa entre papás y mamás, sí cambia. En la película (buenísima) dirigida por Ari Aster, la mamá tiene un papel protagónico y el papá sí es secundario. Aquí radicaría una importante diferencia: quien importa es ella, él sólo está para condicionar un par de cosas. Sin embargo, en cuanto al trato como figuras paterna y materna, deberían estar a la par, ¿no? Si en Invincible se logra que papá y mamá, desde su trinchera, estén a la par; en esta joya del terror, no pasa así.

Toda la acción se desencadena y nos da esperanzas de que aún se puede hacer buen cine que nos cause pesadillas, siempre dejando de lado al papá. Al ser la actuación de Tony Collette una cosa soberbia, igual y por eso se buscó más que ella sobresaliera. Sin embargo, cuando la hija muere, ¿sólo sufre la mamá? Si llegáramos a pensar que ella sufre más sólo por ser mamá, entonces estaríamos repitiendo tendencias machistas que, según, estamos en camino de eliminar.

Algo evidente en la película, y no es crítica, es que el papá sí se nota desplazado. El argumento más sencillo sería el de decir “pues sí, es un personaje secundario”. Creo que eso sería reduccionista, porque incluso los papeles secundarios tienen fuerza. Es más, si el secundario no tuviera fuerza narrativa, entonces el protagonista no brillaría. El personaje principal necesita tanto del secundario como del villano, pues sin ellos, no puede ser el que más importa.

Steve, el papá de la familia, incluso en su papel secundario, queda relegado en su sentir y su pesar. No se me malinterprete, no digo que fuera necesario más tiempo en escena llorando (de todos modos, yo no soy director de cine, no puedo sugerir al respecto). La película está hecha así, para resaltar el trabajo de Collette, y está bien, esa mujer sí te hace sentir todo. Aquí el comentario más común, sin embargo, es “Pero pues el papá también sufre, ¿por qué nadie le pone atención?”.

Y hablando de paternidades, está también “Poeta chileno”, novela de Alejandro Zambra que logra explorar justamente la otra cara de la moneda de Hereditary. Esto es sólo un poco de lo que podría interpretarse del trabajo de Zambra.

Obviamente se necesita orgullo para ser madre-padre soltera-soltero, es decir, eso creo, no soy papá, hablo desde una perspectiva hacia narrativas de ficción. Considerando que son personajes que imitan la realidad, entonces ellos deberían ser capaces de sentir el orgullo. Trabajo fácil, no es, porque lo que acostumbramos a ver es que sean papá y mamá. En esta novela, la que se encarga principalmente es ella, la mamá; pero el papá tiene alguna especie de influencia que lo posiciona como un tipo de paternidad novedosa. Entonces, logra el mismo equilibrio que logra Invincible, pero al revés: el que no sea, en apariencia, protagónico, no significa que no importe o no sirva.

Este no es un texto feminista, porque en Notas sin Pauta hay ya quienes hablan de eso en Notas violeta. Este es un muy breve análisis narrativo.

Sin embargo, ya después de estos 3 ejemplos, quedémonos con una cosa: en las narrativas, se pueden proyectar a papás y mamás con todo lo que conllevan. Aquí sí aplicaría esa de que no importa qué sean, si hombres o mujeres, juntos o separados, solteros o en pareja. El que uno sea papá o una sea mamá no cae en su género, no cae en su sexo, no cae en su preferencia; sino en cómo desempeña su papel en torno a su descendencia. El hecho de que se dé más importancia a uno o a la otra, tampoco importa, depende enteramente de lo que se busca en la narrativa. Aquí no se trata de criticar para encontrar culpables, más bien hay  darnos cuenta de que la forma y el contenido pueden ser siempre variadísimos y, por eso mismo, ilustrativos.