La república mediocre

Eneas De Troya. Bajo licencia CC

Por: Ernesto Palma F.

“La mediocridad podrá definirse como una ausencia de características personales
que permitan distinguir al individuo en su sociedad.” 
José Ingenieros.

A unos días de la jornada electoral, todo apunta a que estas elecciones las ganará López Obrador y no necesariamente Morena. Aun cuando las cifras no favorezcan a los candidatos del partido morenista, Amlo tendrá mayoría calificada en la Cámara de Diputados a través de los votos obtenidos por los candidatos de los partidos satélites, entre los que destacan Movimiento Ciudadano y el Verde Ecologista. También contarán los escaños obtenidos por algunos candidatos del PRD, PAN e incluso del mismo PRI que se sumarán a la bancada de Morena, por invitación forzada o por algún moche o favor presidencial.

A la exitosa estrategia electorera de Amlo habrá que sumarle la sospechosa parálisis de los partidos de oposición, que no supieron o no quisieron capitalizar el desastre generalizado que vive el país después de la pandemia, impulsando candidaturas mediocres y campañas que no generaron esperanzas de cambio entre la población.

El caso es que la cuarta transformación seguirá avanzando hacia la destrucción gradual del país, con el apoyo del Poder Legislativo.

Lo insólito y sorprendente en este escenario, en el que nuestro país se ha visto amenazado por enemigos que acechan y conspiran desde el interior de la vida institucional, empezando por el propio presidente de la república, muchas personas siguen aprobando su catastrófica gestión. Una encuesta publicada recientemente por Latinus, reveló que en algunos estados de la república —los más pobres, por cierto — se detectó una aprobación del 60%, lo cual resulta inaudito para el  gobierno más mediocre y nefasto del que se tenga memoria.

La variable constante en esta ecuación socio-política es que la gente que aprueba al gobierno de Amlo es la más pobre e ignorante. Esto explica en parte, porqué durante este gobierno se incrementaron 10 millones de personas al segmento considerado de pobreza extrema, que serán una reserva morenista de igual cantidad de votos.

A los votos generados a favor de Amlo por la miseria e ignorancia, habrá que sumarle también, los votos de la mediocridad. En este segmento poblacional caben todos aquellos que no vislumbran la necesidad de defender o cambiar la realidad porque consideran que “así está bien”, no por un ejercicio reflexivo, sino por la inercia del mínimo esfuerzo.

Lamentablemente, en este segmento de la población caben todo tipo de personas, desde obreros, empleados, deportistas, maestros, funcionarios, amas de casa y muchos profesionistas instalados en la comodidad de su vida mediocre y estéril. Estas personas pueden llegar inclusive a no tomarse la molestia de salir a votar, porque lo consideran un acto inútil.

A las calamidades de pobreza, ignorancia, violencia y corrupción que azotan al país, habrá que agregar la mediocridad en todos los órdenes. Este régimen hará o dejará de hacer lo que sea necesario para que la gente no sólo sea pobre e ignorante, sino que también sea profundamente mediocre, es decir, que renuncie a su derecho de inconformarse, de levantar la voz, de anhelar cambios y de esforzarse para mejorar la realidad.

Este rostro de la cuarta transformación, ofrece un efectivo blindaje para Amlo ante las más absurdas y nefastas acciones y omisiones del gobierno. La mediocridad es el mejor recurso para evitar que la sociedad demande transparencia en el ejercicio de los recursos, que exija justicia y rendición de cuentas ante tragedias como la de la Línea 12 de Metro, o los más de quinientos mil muertos por la pandemia.

El mismo José Ingenieros en su obra “El hombre mediocre” afirmaba que “…es más contagiosa la mediocridad que el talento.” Pronto nos daremos cuenta de la clase de diputados que llegarán a la Cámara de Diputados, cortados por la misma tijera que cortó los moldes de los integrantes del gabinete y de los dirigentes de Morena y sus partidos aliados: mediocridad a su máxima expresión. Amlo diría, que exige a sus siervos 90% de lealtad y 10% de mediocridad.

Los nuevos diputados no sabrán contener las locuras del habitante de palacio nacional y terminarán aprobando cuanta estupidez se les ordene, sin leer y sin analizar las consecuencias e implicaciones que habremos de padecer -como hasta la fecha- todos los mexicanos. Pero esa es la razón por la que fueron seleccionados: actuar con absoluta mediocridad. Amlo no necesita siervos pensantes o críticos. Sólo súbditos obedientes que no entiendan la importancia de ser legisladores y representantes ciudadanos.

Las campañas nos mostraron candidatos-payasos  a los que sólo les preocupaba el show para justificar el gasto, porque su entendimiento no da para más. Ni siquiera se preocupaban por mal leer falsas promesas y menos criticar para simular ser diferentes. Es obvio que el partido des-gobernante tiene una idea muy precisa de la población a la que pretenden “cautivar”. Es la misma que aspiran a forjar con su inexistente modelo educativo: niños y jóvenes adoctrinados y alimentando en ellos el resentimiento social hacia los neoliberales y conservadores, bajo los principios rectores del obradorismo:

Si es  neoliberal o conservador es malo. Estudiar y sobresalir es de conservadores. Criticar y disentir es conservador. Aspirar a tener un mejor nivel de vida es conservador. Pensar y crear es neoliberal. La cultura y el arte son neoliberales. Los artistas son conservadores y neoliberales. Prepararse y aspirar a estudiar en el extranjero es conservador y muy neoliberal. Si piensas como neoliberal o conservador, no mereces un lugar en la historia. Los intelectuales, son malos si no apoyan la transformación. Los medios de comunicación críticos son enemigos del pueblo, y un largo etcétera.

Existe un hilo conductor entre la cuarta transformación —lo que esto sea— el gobierno obradorista y los millones de personas que aún creen en Amlo: la mediocridad. Sólo eso explica el marasmo social que nos aflige, la ceguera ante la ineptitud con la que el gobierno de Amlo manejó la pandemia; el conformismo ante la crisis económica que estamos viviendo; el agradecimiento absurdo de miles de personas por recibir las vacunas; la pasividad pública ante la carestía que azota al país, mientras Amlo compra una refinería inservible y endeudada; la falta de empatía de muchos mexicanos frente al desabasto de medicamentos, entre los que están los destinados a la atención de niños con cáncer; o el engaño de que se combatiría la corrupción.

La realidad confirma que Amlo logró sólo en tres años, su aspiración más preciada: transformar a México en una república mediocre.

Votar el próximo domingo 6 de junio podría significar una forma de mostrarle al mundo que existimos millones de mexicanos que no estamos conformes, que no somos sumisos y que no guardaremos silencio ante el abuso y el autoritarismo. En síntesis, que no aceptamos, ni aceptaremos la realidad mediocre de la cuarta transformación.

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