Akoustic Band

POR: CARLOS ADRIANZA

El mismo mes en el que escribo estas líneas pero del año 1939 en la ciudad de Nueva York, mi papá, entonces de 11 años y mis dos tías, revoloteaban por la casa de mi abuelo allá por Rockville Centre. Excitados y vestidos por mi abuela para la ocasión correteaban por la casa esperando el momento de salir para ir a la New York’s World Fair (La Feria de Nueva York: El mundo del mañana). Si bien la sombra del mal comenzaba a cubrir Europa y se extendería a buena parte del mundo (Hitler invadiría Polonia en cuatro meses), las nuevas tecnologías venían a mostrarse desde muchos rincones del mundo. Desde cohetes que algún día llegarían a la luna hasta los primeros lavaplatos para los hogares. 

Una de estas nuevas tecnologías fue el sonido Quadraphonic. Por primera vez la música grabada podía salir por cuatro vías distintas, escuchándose diferentes instrumentos por cada parlante tocando una misma pieza. Los millones de espectadores que asistieron a la feria ese verano disfrutaron, en sus caminatas por el gigantesco complejo, de la música que sonaba en esos momentos: Las Big Band de la época: Tommy Dorsey, Glenn Miller, Count Basie, Duke Ellington, Woody Herman, Benny Goodman y Lionel Hampton. Ese niño de 11 años que asistió a la feria no dejaría de escuchar esa música hasta sus últimos días. Por supuesto su vástago queriéndolo o no, escuchó esos acordes y tonos durante toda su infancia y parte de su adolescencia, convirtiendo al jazz en parte de su vida melómana.

Para finales de la década de los ochenta varios pianistas de jazz con sus tríos se convirtieron en mi podio musical. Art Tatum, Bud Powell, Thelonious Monk, Oscar Peterson, Bill Evans, Keith Jarret, McCoy Tyner, Gonzalo Rubalcaba, Jason Moran, Iyav Iver; cada uno con su genio particular lograron modificar el camino de los tríos dentro del mundo jazzístico desde la década del cincuenta hasta el presente. Dentro de esta lista deje pasar un nombre en particular. Durante su larga carrera musical la mayor parte de sus composiciones fueron del género llamado fusión. La combinación de instrumentos acústicos con aparatos electrónicos, aunque no sonaban mal, nunca entusiasmaron mis oídos en demasía.

Chick Corea comenzó su carrera musical tocando con Mongo Santamaria en una combinación de música latina y rock progresivo con un toque de jazz. Como tecladista acompañó a músicos de la talla de Miles Davis. Tuvo su primer intento en un trío con su álbum Now he Sings, Now he Sobs. Después de su tercer álbum, Circle, y de dos volúmenes de improvisaciones para piano solo, llegaría en 1972 el álbum que lo daría a conocer con el nombre epónimo de la banda: Return to Forever. Esta se convirtió en la esencia del jazz fusión obteniendo ese mismo año su primer Grammy de los veinticinco que fue nominado en vida. Durante diecisiete años Chick Corea transitó por diversos géneros incluyendo el clásico, siempre fusionando diferentes estilos y géneros. Hasta 1989.

Durante aquel año estuve trabajando los sábados medio turno. Alrededor de las dos de la tarde terminaba la faena y religiosamente me dirigía a mi templo particular que quedaba a media cuadra. La disco tienda Recordland quedaba en la ciudad de Caracas en la urbanización Las Mercedes. Tenía la forma triangular de las calles que la rodeaban. De una gran extensión, las paredes de vidrio le daban una amplitud visual de ciento ochenta grados rodeada de árboles plantados alrededor. En el primer piso (el más amplio) se encontraba toda la música popular desde vallenatos, rancheras y bachatas, hasta rock y música pop, pasando por las salsas y merengues de nuestro Caribe. En la esquina derecha en un amplio pasillo el jazz se extendía a lo largo de varias hileras. Por último, el piso de arriba estaba dedicado a la música clásica.

Un día cualquiera a finales de ese año 89 comulgué como cada sábado en mi templo. Subí al primer piso en busca de las Suites Inglesas de J.S.Bach interpretadas por el ya famoso Ivo Pogolerich, y las Atmospheres de Gyorgy Ligety interpretadas por el Ensamble Intercontemporain. Decidí adquirir un compacto de jazz y comencé a revisar. Una portada me detuvo. Era un disco de Chick Corea. Pero no el Corea que conocía de vestir andrajoso y colores psicodélicos. La carátula era de una sobriedad inusual para un disco del susodicho. Un piano de cola a su lado y dos músicos fuera de serie lo acompañaban en la portada: John Patitucci en el contrabajo y Dave Weckl en la batería. No lo pude dejar. Algo en la portada me gritaba que lo comprara.

Esa noche estaba invitado para una boda. Nada como una boda. Whiskey, comida gratis y la posibilidad siempre abierta de conocer a una linda chica. Mientras me acicalaba decidí comenzar con el disco de Chick Corea, Akoustic Band. La primera pieza Bessie’s Blues era de John Coltrane. Más excitación imposible. Comenzar el álbum con un gigante entre gigantes era una buena señal. La pieza fue una refinada y agresiva conversación entre Chick y Dave. Uno desafiaba, el otro respondía. Se entendían. 

La tercera pieza del disco me sacudió. De Cole Porter, So in Love, me mostró a un trío de jazz fuera de serie. La introducción fue brutal. Con un solo elegante donde las disonancias estaban donde debían estar, Chick se subió en los hombros de John que no soltó al trío durante toda la pieza. Un contrabajo que montó al trío con un final donde los cortes in crescendo marcaron la pauta. 

Una de las piezas más conocidas dentro del mundo del jazz es Autum Leaves, quizás el estándar más interpretado en el planeta. El trío tuvo la habilidad de montar una pieza dentro de otra, dentro de otra y lograr una de las interpretaciones mejor logradas de la pieza. Con solo las ocho notas del comienzo de la melodía, hizo y deshizo la pieza. Magistralmente interpretada y con soberbios solo de bajo y batería lograron salirse de la pieza sin, en ningún momento, zafarse por completo de ella. 

El remate: puro sabor. Spain es la pieza más conocida de Chick Corea y la última del álbum. No faltaba más. Esta pieza reunió todos sus saberes. Dentro de la base sólida de un trío de jazz me deleitó con un rock duro al final de la pieza, el sabor latino a través de esta y por supuesto el adagio del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo en su expresión más jazzística.

Akoustic Band de Chick Corea es un álbum para celebrar. En la cima de su carrera fue una conmemoración a los tríos de las últimas setenta décadas. No es posible este álbum sin el concurso de cada uno de los músicos. A la manera de Dumas: todos para uno y uno para todos.

Como siempre, llegue tarde a la boda. Si bien libé y degusté como los reyes no conseguí ninguna chica. Cada vez que me presentaban a una, lo único que me venía a la mente era hablar de Akoustic Band. Lo que sí conseguí fue escuchar a uno de los tríos de jazz mejor compactados de la historia. Sirva esto de celebración para un artista que nos dejó con una obra de valor imperecedero.


Este texto fue realizado en el Laboratorio de textos de Notas Sin Pauta, impartido durante los mese de abril y mayo de 2021.


CARLOS ADRIANZA

(Caracas 1965) Administrador. Gerente General Corporación de Desarrollo Endógeno; Estado Lara Venezuela 2010-2016. Demócrata, Liberal. Activista político. (Cofundador del partido Avanzada Progresista Edo. Lara, Venezuela) Estudió música en el Conservatorio J.J.Landaeta (Caracas). Integrante, como pianista, de los grupos de Jazz Kashi y Natus. En la actualidad reside en la ciudad de Philadelphia, USA. Food Industry Manager. Aprendiz de escritor.