Como chicatanas después de las primeras lluvias

Foto Nathan Dumlao en Unsplash

HOSPITAL INCURABLE / POR: ADRIÁN LOBO

Como chicatanas después de las primeras lluvias. Así mismo salen de todos lados los rincones los trabajadores de los S.S.O. cuando se anuncia que una plaza de base ha quedado vacante. Y es que hay que moverse, de eso no hay todos los días, es como una reliquia, un objeto místico para los sindicalizados. 

Te otorga superpoderes justamente como si fuese Der Ring des Nibelungen: invulnerabilidad, estabilidad financiera y calma enormemente los nervios. Pero viene aparejado con la maléfica capacidad de encender las más virulentas y fulminantes envidias, que te pone en peligro de perder amistades hasta casi quedarte sin ninguna. 

Estoy consciente de que puede haber cierta sorpresa en alguna persona que tenga la amabilidad de leer estas humildes líneas, y es que me parece que en forma más o menos extensa se tiene la idea de que en la burocracia las plazas de base se heredan o se venden y, aunque no lo puedo negar, también hay algunas –cada vez más– que se someten a concurso, eso sí, cerrado a cualquier participación externa. A diferencia de otras instituciones, aquí sólo puede intervenir personal sindicalizado, con algunas pocas excepciones, sobre todo, tratándose de espacios de nueva creación y que generalmente no son plazas de base. 

Puedo decir que usualmente en los S.S.O. a una persona que se jubila se le reconoce (o así era hasta hace poco) el “derecho” de dejarle su base a un familiar consanguíneo en primer grado, aunque no se trata así abiertamente, más bien se maneja como que quien se jubila “propone” a una persona para que ocupe su base. 

Eso sí, se prefiere que la persona propuesta se encuentre ya trabajando en los S.S.O., sin embargo, no es imposible de hacer si no se cumple esta condición, podría ocurrir igualmente que haya una negociación y el familiar termine quedándose con la base o bien que ésta se someta a un ejercicio escalafonario y que al familiar se le beneficie con un contrato como formalizado, regularizado o como eventual. Esto último sería lo más probable cuando no se trata de un consanguíneo en primer grado. 

También se considera el asunto de la escolaridad, obviamente un médico no puede dejarle su base a un familiar que no tiene el título, así entonces a este último se le podría «apoyar» con un contrato si no está ya dentro de los S.S.O. y cuando ya lo está podría incluso negociar para obtener algún otro beneficio a cambio de consentir que otra persona se quede con la base en cuestión. 

Como es de suponer, todo esto no es únicamente aplicable cuando sucede una jubilación, también un fallecimiento inesperado puede ocurrir y aquí tiendo a pensar que es más comprensible. En este caso es el propio familiar quien hace la solicitud e igualmente será más fácil de conseguir cuando ya labora en los S.S.O. y cumple con los requisitos, mas tampoco será imposible cuando no se encuentra este familiar laborando en la secretaría y lo más probable es que de inicio no obtenga más que un contrato. 

Sobre la venta de plazas no puedo asegurar nada ya que no me consta. Hay rumores, desde luego, pero creo que no es lo más frecuente. Lo que sí es que ha ocurrido que algunas personas se ganen la buena voluntad de representantes sindicales mediante generosos obsequios o de plano en efectivo con la finalidad de conseguir el ingreso a los S.S.O. de algún familiar. También han ocurrido concursos amañados con el fin de beneficiar a alguien y hay veces que algunas personas no «proponen» a nadie para ocupar su sitio y esas bases pasan a concurso.

Todo esto era más fácil en el pasado. Creo yo que este proceder era visto como algo normal, ahora es un poco distinto, los compañeros son más renuentes a tolerar estas prácticas e impulsan con gran ímpetu el movimiento escalafonario y promueven otras alternativas para los familiares, como otorgarles contratos eventuales en el caso de los de nuevo ingreso y formalización o regularización para quienes ya trabajan como eventuales. Resulta que se han cotizado a la alza porque ya no hay plazas de base nuevas. 

Hace años que no se ha creado una sola en los S.S.O., en su lugar manejan conceptos como plazas «regularizadas» y «formalizadas». Curiosamente la diferencia entre todas las castas (base, formalizado, regularizado y eventual) es básicamente el monto de las retribuciones, injustamente no todos ganamos lo mismo aún teniendo el mismo código presupuestal y desempeñando las mismas funciones, lo cual es básicamente un atraco del gobierno estatal a los trabajadores y abiertamente violatorio de la Ley Federal del Trabajo.

Así es que, como dije antes, una base no es cualquier cosa, se busca, se pelea y se defiende con uñas y dientes. Representa un mejor sueldo (un poco más del doble de lo que gana un eventual con el mismo código), además de bonos y un mayor monto de aguinaldo. A los compañeros ahora les irrita sobremanera ese “chapulineo”, ya que existe en su visión una larga, muy larga fila de trabajadores, formados en el mismo orden en que fueron llegando, esperando para obtener una base y cuando, como en cualquier fila de espera, alguien se salta las trancas, ocasiona una gran molestia.

Pero tampoco es así en todos los casos, muchos trabajadores consiguen ingresar a la secretaría sin contar con el apoyo de ningún familiar al interior y también mejorar su estatus laboral una vez dentro. Sobre todo en las áreas que requieren títulos académicos como médicos y enfermeras. Algo que me da mucho gusto es que en los nuevos ingresos, de un tiempo para acá, que han sido gestionados por el INSABI, no han sido requeridos los sindicatos, al parecer.

De todo esto no hay un responsable único, culpa tenemos todos seguramente: Uno como trabajador por fomentar estas prácticas, el sindicato por solapar y apoyarlas, y la institución por tolerarlas.

A diferencia de emprender la búsqueda del santo grial, para las bases que salen a concurso existe la guía del viajero intergaláctico conocida con el nombre de “Convocatoria”, donde se enlistan los requisitos que ha de cubrir el aspirante a ser tomado en cuenta como concursante. 

Se incluyen ahí, por supuesto, documentos comprobatorios de identidad, de escolaridad y otros con los que básicamente ya se cuenta, y hay también  estipulaciones que elevan considerablemente el grado de dificultad del ejercicio y que para mí no son ya condiciones imprescindibles sino que se convierten en filtros para discriminar, en el sentido de distinguir entre unos y otros con base en un valor arbitrario y no como comportamiento social. Son más o menos, entre otros, la constancia de disciplina sindical, constancia de disciplina laboral y una constancia de funciones y experiencia laboral, no estoy seguro si, además, me parece que sí, se solicita una evaluación o recomendación también del jefe inmediato. 

Lo único que hace falta en esa lista para hacerla totalmente imposible de cubrir a cabalidad, si no es por los elegidos, es una bendición del papa, certificada y sellada con una antigüedad no mayor a 3 horas, traída directamente del Vaticano en valija diplomática. 

Primero la constancia de disciplina sindical. ¡Caramba! Que si no hay registros de la participación en los eventos convocados por el sindicato no habrá modo de obtenerla o será muy complicado hacerlo, al menos sin que haya un trinquete de por medio. 

Entiendo que de alguna manera la inclusión de este requisito es una forma en que el sindicato presiona a los agremiados a participar activamente en lo que llaman lucha sindical, así es que definitivamente no todos lo hacen por amor a la camiseta y hay muchos que lo ven como algún tipo de inversión, en algún momento implicará, quizá, algún sacrificio, pero es casi seguro que llegará el tiempo de beneficiarse del rédito y, si no, por lo menos será seguramente un obstáculo menos contra el que luchar. 

Es parte de los intríngulis que implica la relación laboral en la burocracia, parte de los “logros” de los sindicatos de trabajadores al servicio del estado es la “protección” del trabajador que, en la mayoría de los casos, no podrá acceder ni siquiera a un contrato como eventual para un familiar sin la mediación del sindicato, y eso que técnicamente los trabajadores eventuales no son personal sindicalizado. 

Así es que en cierto sentido el sindicato suele ser un acaparador, ni más ni menos. Recientemente he desarrollado la tesis de que son, cada vez menos, quiero creer, como un fideicomiso al que el gobierno entrega en calidad exclusiva el manejo de franquicias llamadas «plazas laborales», que ellos manejan a conveniencia. Las otorgan a los licenciatarios a cambio de una cuota y cuando aquél se retira recogen la franquicia para dársela a quien a su parecer haya hecho más méritos. Eso hace que me surjan dudas: ¿De quién son las plazas de base? ¿La base es de quien la trabaja? ¿Son propiedad del patrón, gobierno de la república, que las ha creado? ¿Son patrimonio del pueblo? ¿Pertenecen a los sindicatos?

Hasta ahora parece ser que lo mejor es estar bien con los dirigentes sindicales, de una forma u otra, y sí, si le queda la duda hablo de que hay quienes de alguna manera compran esas buenas voluntades (en efectivo o con uno que otro buen regalito) y de otros que se la ganan con cada gota de sudor en cada insolación en las marchas, en los plantones y demás actividades recreativas. 

La mayoría de los nuevos ingresos al servicio público en los S.S.O. son entregados para su manejo a discreción del sindicato, porque en aquellas sesiones de estira y afloja conocidas pomposamente como “mesas de trabajo” (y además seguramente eso ya está estipulado en alguna parte) usualmente se acuerda conceder la mayoría de los sitios disponibles para ser asignados por el sindicato mientras que de una proporción mucho menor se encargará “la autoridad”, algo así como un 70/30. 

¿Bajo qué criterios hace esto “la autoridad”? ¿Y para qué quieren ese poder de otorgar contratos? Ah, pues yo no lo sé, se me ocurren muchas ideas, pero será mejor no comentarlas, al menos por el momento, así que deje usted volar su imaginación también si lo desea, que en una de esas acertamos. 

Por su parte, el sindicato, como ya se dijo, suele dar preferencia a los familiares de los trabajadores, más todavía en primer grado de consanguinidad, aunque también puede haber espacio para parientes políticos y consanguíneos en segundo o tercer grado. Son incluso promesas de campaña, rumbo a la dirigencia.

Como la oferta suele ser menor a la demanda, los puestos son casi siempre muy cotizados, así es que las asambleas donde se dirimen estos asuntos suelen ser ríspidas y los interesados se disputan intensamente los lugares disponibles, muchas veces a gritos y entre un pequeño caos, y aquí la antigüedad tiene un peso específico que se puede hacer valer, porque de alguna manera se entiende que con eso se han ganado algunos derechos (privilegios, mejor dicho). 

He sabido que en ocasiones se llevan listas de aspirantes, que no sirven de mucho en realidad, más que nada las utilizan para dar alguna esperanza y mantener calmados a quienes buscan obtener una oportunidad para un familiar porque incluso que el nombre de uno aparezca en primer término no significa absolutamente nada ni es garantía de nada. En cualquier momento la lista se rehace, una, dos o más veces, con cualquier pretexto, típicamente con un cambio de administración sindical, y pasa uno hasta el sitio número cuarenta o cincuenta. Una vez más hablo por experiencia propia, qué caray. 

Desafortunadamente para quienes intentan seguir los pasos correctos, muchas veces hay espacio para que alguien se coloque en posición preferente gracias a sus “buenas relaciones” con quienes están en posición de mover las fichas. Ya sabe usted, usualmente en el camino al poder se crean compromisos que es menester honrar una vez que se sienta uno en la silla.

Luego tenemos la constancia de disciplina laboral. La complicación que se presenta más frecuentemente en este paso es el acecho a los funcionarios indicados que es necesario realizar para poder obtener el documento correspondiente. Se requieren los atributos de un depredador salvaje: ojo avizor, atenta y aguzada escucha, y reflejos como relámpagos, pero sobre todo la paciencia de un santo. 

No es infrecuente que el documento sea elaborado con cierta presteza por las personas indicadas, mas como resulta que sin la firma del funcionario correspondiente –como la vida misma, según José Alfredo Jiménez– no vale nada, frecuentemente se hace necesario realizar ejercicios de respiración y buscar la iluminación por medio de la meditación y la repetición del mantra más adecuado. 

Eso o ponerse a dar de vueltas de acá para allá como león enjaulado y pasar por aquella oficina cada cinco minutos a ver si el ilustre personaje ya nos ha hecho el favor de presentarse a hacer su trabajo. Lo primero es sin duda más recomendable, porque con lo segundo únicamente se logrará una gran exasperación, sin embargo, es también la opción más socorrida porque usualmente el tiempo apremia.

El tercer punto no se encuentra libre de cuestionamientos porque suele ser definitorio y porque, según mi opinión, es en el que más injusticias puede haber. Nadie tendría el modo de negar los dos primeros si todo está en orden. Intentaré explicarme mejor: Si se tiene registro de nuestra participación sindical en todas las actividades a las que se ha convocado, no habrá ninguna razón para negar la constancia de disciplina sindical, y si en nuestro expediente no tenemos reportes y no hay incidencias en cuanto a ausentismo e impuntualidad, tampoco habrá razones válidas para no otorgar una constancia de disciplina laboral. Pero el jefe directo tiene cierta libertad para apreciaciones más subjetivas y el empleo de criterios sesgados con los que directamente puede beneficiar o perjudicar a alguna persona ya sea intencionalmente o no. Usualmente, creo yo, es con toda la intención. Todo con el poder de su firma. 

Adrián Lobo. adrian.lobo.om@gmail.com | hospital-incurable.blogspot.com | facebook.com/adrian.lobo.378199