OPINIÓN | La variante delta del nuevo coronavirus amenaza nuestro regreso a la «normalidad»

Nota del editor: El doctor David Holtgrave es decano de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Albany y profesor distinguido de la Universidad Estatal de Nueva York. Su carrera de tres décadas en el ámbito de la salud pública incluye cargos de responsabilidad en los Centros para de Control y Prevención de Enfermedades, la Universidad de Emory y la Universidad Johns Hopkins, y formó parte del Consejo Asesor Presidencial sobre el VIH/SIDA durante la administración del presidente Obama. Las opiniones expresadas en este comentario son suyas. Ver más artículos de opinión.

(CNN)– A medida que las variantes del nuevo coronavirus se expanden en Estados Unidos, las políticas de salud pública y las respuestas en materia de programas han sido en gran medida coherentes: vacunar lo antes posible, usar mascarilla y mantener el distanciamiento físico. Pero a medida que han aumentado las vacunaciones, se ha producido una relajación colectiva del uso de mascarillas y del distanciamiento que antes eran medidas de salud pública indispensables.

Aunque esto puede parecer un primer paso intuitivo hacia una «normalidad» posvacunación, debemos ser conscientes de la variante delta (B.1.617.2), que fue la primera en devastar la India, y que todavía supone una importante amenaza sanitaria internacional.

Cabe destacar que esta variante parece ser extremadamente transmisible, y la primera dosis de un régimen de dos vacunas es mucho menos eficaz que la primera dosis contra otras variantes. Los datos de un estudio del Reino Unido citados por la administración Biden descubrieron que tras una dosis de la vacuna contra el covid-19 de Pfizer, la inmunidad contra la variante delta era mucho menor que contra la variante alfa (la variante B.1.1.7 observada por primera vez en el Reino Unido). Este estudio indicó que la vacuna de Pfizer era un 33% efectiva contra la enfermedad sintomática de la variante delta después de una dosis. Afortunadamente, dos semanas después de la aplicación de la segunda dosis de un régimen de dos dosis de Pfizer, la eficacia sube a aproximadamente el 88%. (A modo de comparación, dos dosis de esta vacuna ofrecen aproximadamente un 93% de protección contra la variante alfa). Esta observación influyó en el Reino Unido para intensificar su campaña de vacunación y animar a los ciudadanos a recibir sus segundas dosis.

Según una rueda de prensa de la Casa Blanca, la variante delta del SARS-CoV-2 representa ahora más del 6% de los casos secuenciados en Estados Unidos. La cuestión ahora es cómo contenerla. Dado que esta variante parece tener una mayor transmisibilidad y que las vacunas tienen una eficacia relativamente pobre después de una dosis, pero una fuerte eficacia después de dos dosis, plantea retos especiales y propongo algunos ajustes para abordarlos.

En primer lugar, los objetivos de las políticas nacionales ya no deberían centrarse en el porcentaje de personas que han recibido al menos una dosis de la vacuna, sino en el porcentaje de personas que están totalmente vacunadas. Esto puede parecer una diferencia sutil, pero es clave a la hora de evaluar el nivel de inmunidad contra la variante delta. Por lo tanto, el objetivo nacional del presidente Biden de que el 70% de los adultos reciban al menos una dosis de vacuna para el 4 de julio debería replantearse como un porcentaje de personas que estén totalmente vacunadas para esa fecha. Lo ideal sería que el 70% de los adultos estuvieran totalmente vacunados para el 4 de julio, pero eso supone un gran avance respecto al 53% actual de adultos totalmente vacunados. Tal vez el 60% de los adultos totalmente vacunados para el 4 de julio podría ser un objetivo provisional factible.

En segundo lugar, las orientaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés) para las personas totalmente vacunadas sobre el uso de mascarillas y las precauciones de seguridad se centran en las personas «totalmente vacunadas» frente a las «no vacunadas». (Probablemente recuerde la popular infografía de los CDC que ilustra las prácticas de seguridad para las personas totalmente vacunadas y las no vacunadas). Esto tiende a dejar el papel de las personas parcialmente vacunadas un poco incierto. Dado que la variante delta hace que la segunda dosis de la vacuna sea un asunto urgente, propongo que los CDC revisen su infografía para que compare a las personas «totalmente vacunadas» con las «parcialmente vacunadas y no vacunadas». Aunque los CDC definen «totalmente vacunado» en parte del texto de su página web, sería aconsejable recalcar que las personas parcialmente vacunadas deben seguir las mismas precauciones que las no vacunadas.

En tercer lugar, dada la transmisibilidad de la variante delta, debería haber una campaña ampliada y urgente para fomentar el uso de mascarillas y el distanciamiento físico entre las personas parcialmente vacunadas y no vacunadas, al tiempo que se fomenta la vacunación de quienes aún no la han recibido. El Dr. Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud, dijo recientemente que los estados con bajas tasas de vacunación son «blancos fáciles» para el próximo brote de covid-19. Tiene razón, y yo añadiría que esto es cierto no solo para los estados, sino también para las áreas geográficas más pequeñas con bajas tasas de vacunación. La amenaza de propagación de la variante delta justifica que se tomen serias precauciones para evitar medidas de cierre más extremas dentro de unas semanas.

En cuarto lugar, no debemos caracterizar las precauciones de seguridad, como el uso de mascarillas, como prácticas de las que debemos liberarnos. Recientemente, los CDC afirmaron que las personas totalmente vacunadas están tan bien protegidas contra el covid-19 que ya no necesitan el uso de mascarillas y el distanciamiento físico. Pero poblaciones como las personas inmunodeprimidas, los niños que aún no pueden ser vacunados y las personas parcialmente o no vacunadas deberían seguir usando mascarillas. Y si la delta u otras variantes emergentes comienzan a plantear mayores desafíos incluso para algunas personas totalmente vacunadas, entonces quizás también ellos puedan usar mascarillas temporalmente.

Como herramienta de salud pública, las mascarillas siguen siendo muy valiosas. Los modelos matemáticos publicados por los CDC y otros estudios publicados recientemente han indicado que el uso de mascarillas y el distanciamiento físico como complemento social de la vacunación son clave para limitar los posibles picos de covid-19 en el futuro. Por lo tanto, no debemos caracterizar estas herramientas tan importantes como un peso que se nos va a quitar de encima, sino que debemos utilizarlas sabiamente cuando sea necesario.

Estados Unidos está progresando en la reducción de casos, hospitalizaciones y muertes, gracias en gran parte a las excelentes vacunas que tenemos la suerte de tener en exceso (especialmente cuando tantas personas en todo el mundo necesitan desesperadamente el suministro de vacunas), pero debemos mantener este trabajo ya que todavía hay más de 300 muertes relacionadas con el covid-19 en EE.UU. al día, según datos de los CDC.

Además, desgraciadamente, el acceso a la vacuna es desproporcionado entre las comunidades y el porcentaje de población negra e hispana vacunada sigue siendo menor que el de otras comunidades. Por todas estas razones, debemos reorientar urgentemente nuestros esfuerzos políticos, programáticos y de comunicación para hacer frente a los nuevos retos que plantea ahora la variante delta del nievo coronavirus antes de que se extienda aún más. No hay tiempo que perder.

Covid-19
variante coronavirus

A medida que Estados Unidos levanta sus medidas de restricción por el covid-19, en el país se extiende la variante delta, con mayor índice de transmisión. El doctor David Holtgrave propone algunas medidas para no ignorar el peligro que supone esta variante.
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