Las Nuevas Voces

Foto Laura Chouette en Unsplash

DE UN MUNDO RARO / Por Miguel Ángel Isidro

Uno de los saldos o resabios más destacables del recién celebrado proceso electoral en México fue, sin duda alguna, la presencia de los llamados “influencers”.

Más allá del escándalo suscitado por la “cadena” de mensajes pagados por el Partido Verde a algunos de estos personajes para promover el voto a su favor en plena veda electoral, y de las consecuencias legales que dicha acción pueda llegar a tener, fue evidente que el tono de la conversación en éstas campañas estuvo marcado por el estilo de las “personalidades” del internet: lo importante no es el mensaje y su contenido; es el alcance, el conteo de reproducciones y los famosos “likes”.

Por supuesto que se ha convertido en un lugar común el señalar que la internet y las redes sociales se han convertido en el nuevo campo de batalla donde se definen las decisiones de orden político, pero habría también que advertir que en este momento específico de la historia, la “democracia digital” está en proceso de maduración y por tanto adolece de múltiples carencias, aunque también presenta importantes áreas de oportunidad.

Para quienes cursamos estudios de comunicación o periodismo en las últimas décadas del siglo pasado, maestros y conferencistas nos remarcaron siempre la importancia de la “primera impresión” para lograr impacto en nuestra potencial audiencia.

“Los primeros tres minutos de una producción audiovisual son clave para captar la atención del espectador”, “un buen slogan puede vender cualquier producto en 20 segundos”; “la entrada o lead de una nota o reportaje es decisivo para atrapar al lector” eran algunas de las frases típicas en el discurso académico de los medios de comunicación, su estudio y análisis.

Muchos de estos parámetros parecen estar cambiando con la irrupción de la era digital; la avasalladora cantidad de contenidos ofrecidos por las redes hace que la competencia sea aún más agresiva; los usuarios nos vemos expuestos como nunca antes a una auténtica avalancha de videos, fotografías, textos, emoticones, animaciones y memes; los tópicos tendencia cambian drásticamente a lo largo de un sólo día; y hoy más que nunca, lo que es noticia en la mañana termina siendo historia o tema obsoleto para la noche.

Por supuesto que no tiene nada de malo que los partidos políticos y candidatos busquen allegarse a las herramientas y discurso necesario para alcanzar impacto entre los usuarios de las redes sociales; lo preocupante es que dichas estrategias fueron masivamente supeditadas a la banalidad. Se tomaron al pie de la letra aquello de que no hay publicidad mala; que hablen de nosotros, aunque sea mal pero que hablen.

Cómo es sabido, los medios digitales han ido desplazando paulatinamente a los llamados “medios tradicionales” en la repartición del pastel de los presupuestos publicitarios, sin embargo ello no ha venido acompañado de una diversidad y mejora de los contenidos. 

Obviamente existen esfuerzos para elevar el nivel de debate y discurso en la red -usted mismo participa de uno de ellos al acompañarnos en Notas Sin Pauta-, pero resulta peligroso y hasta ofensivo que los actores políticos vean a la audiencia (y por consiguiente, a sus potenciales votantes), como una masa manipulable y carente de capacidad crítica.

Porque al igual que ofende a la inteligencia la grosera “campaña” del Partido Verde comprando “influencers” para tratar de ganar unos cuantos votos en plena veda electoral, preocupa que el líder político más importante del país considere que los electores de aquellos territorios donde su partido no se vio favorecido hayan sido víctimas de la prensa amarillista, de las campañas de “desprestigio” y que su voluntad haya sido torcida por influjo de la despectivamente llamada “opinocracia”.

Hemos llegado un punto del debate público en el que los políticos nos quieren decir qué parte de la historia nacional debemos creer, cómo debemos pensar y votar en función de nuestro nivel de ingreso y ya en el colmo, confiar la decisión de los asuntos de la vida nacional en manos de comediantes, expertas y expertos en “estilo de vida”, viajes o gastronomía, o lo que es peor, en candidatos que cantan o bailan chistoso o que alegremente mientan madres en beneficio de las mayorías.

Si esas voces son las que el aparato político considera que los ciudadanos estamos escuchando y atendiendo, que no nos sorprenda que nos sigan tratando como si fuésemos una horda de idiotas sin criterio y voluntad. Si somos lo que consumimos, bien valdría la pena dar un par de pasos atrás para ver desde lejos la fotografía de nuestros usos y consumos en el mundo digital. 

Y sí, probablemente el resultado de este ejercicio nos podría llenar de vergüenza, aunque también podría ponernos a pensar hacia dónde queremos crecer.

La llamada “Democracia 2.0” es todavía una utopía en México. Pero si dejamos éstas decisiones en manos de nuestros Padrotes y Madrotas de la Patria, seguiremos habitando, lamentablemente, en los pantanosos terrenos de La Memecracia.

De nosotros depende.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Nortec Collective (México) / “Tengo la voz”

Pearl Jam (Estados Unidos) / “Do the evolution”

Kinky (México) / “Presidente”

Mare Advertencia Lírika (México) / “¿Y tú qué esperas?”


miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....