La titánide de la ciencia ficción

Úrusla K. Leguin

Un texto académico debe seguir un rigor marcado para poder tener validez oficial. Hay investigadores que logran informar acertadamente sobre culturas. Lo complicado del asunto es que la cultura, en sí, no es medible, pero sí puede ser objeto de estudio, analizada. Cuando hablamos de ciencia, en seguida se quiere tomar como parámetro a la ciencia dura, pero las ciencias humanas requieren otro tipo de estudio. El ser humano es medible en ciertos aspectos, pero en sus representaciones mentales, en su actuar, las cosas cambian. Uno puede conocer a gran profundidad sobre culturas con un buen texto académico, pero no es la única forma. Hay una, la titánide de la ciencia ficción, que logra mostrarnos culturas extensísimas en sus libros… Y lo hace maravillosamente.

Úrsula K. Leguin fue influenciada por la ciencia practicada por su padre, la antropología. Ella fue una escritora oriunda de Gringolandia que desarrolló su literatura, principalmente, en la fantasía y en la ciencia ficción. ¿Qué características tendría una escritora para poder ser considerada punta de lanza en un género tan extenso como la ciencia ficción? En específico, tomaremos como ejemplo “La mano izquierda de la oscuridad”.

Trata, en pocas palabras, de Genly Ai, un representante del Ekumen, una sociedad intergaláctica de más de 80 planetas. Él va a Gueden, un planeta de hielo, en donde vive Estraven, quien le ayuda a tener una entrevista con el rey. Si bien, la misión de Genly Ai no es sencilla, que es la de iniciar negociaciones para que Gueden se incorpore al Ekumen, también deberá cruzar por los hielos despiadados, enfrentar traiciones inmundas, lidiar con reyes locos y la constante duda de no saber muy bien cómo dirigirse a estas personas sin sexo definido.

Genly Ai es considerado un pervertido por ser hombre, por tener un sexo definido. Estraven es andrógino. El rey se embaraza.

Resulta que la civilización del planeta Gueden es toda andrógina. No son hombres ni mujeres, o bien podrían ser los dos al mismo tiempo. En ciertos días cada mes, ellos entran en un estadio en el que tienen un sexo definido. Nadie sabe qué sexo tendrán hasta ese momento en específico. Pueden ser medianamente influenciados por su pareja sexual, si es que toma características antes que ellos, pero en sí, no saben qué serán. Si llegasen a embarazarse, se quedan como mujeres por un tiempo, pero luego vuelven a ser andróginos y a cambiar de sexo.

Leguin logra crear mundos tan complejos que parecen tan reales como los que vemos en un texto académico. Por ejemplo, la principal diferencia entre los de Gueden y los demás seres humanos de otros planetas, es la que marca pauta a lo largo de toda la novela. Muchísimas cuestiones se plantean con base en esto. En este planeta, por ejemplo, no existe la guerra. La razón no es obvia, porque podría ser el número limitado de habitantes, que el planeta es helado en sí, que no hay hombres como tal en el lugar. Consideran a los seres humanos con un sexo definido “pervertidos”, hay algunos en este planeta que usan drogas para tener un sexo definido.

Esta diferenciación es lo que lleva a los personajes a cuestionar cosas que uno como lector tendría consideradas como normales. ¿Qué decide que uno sea hombre o mujer?, ¿qué preguntarle sobre su bebé a un habitante de Gueden si no se puede preguntar si es niño o niña?, ¿cuáles actitudes son las que nos definen como uno o el otro?

Genly Ai, como hombre, incluso tiene problemas cuando es cuestionado sobre las mujeres. No sabe cómo explicar lo que es una mujer. Cuando trata de diferenciar un hombre y una mujer, no sabe qué línea marcar. Está, claro es, la cuestión del sexo biológico, pero de ahí en fuera, no sabe cómo explicar el actuar de mujeres y hombres y cómo esto afecta en las relaciones humanas de los otros planetas. Al estar rodeado todo el tiempo de andróginos, incluso genera cierta aversión a los suyos propios. Es considerado un pervertido por tener un solo sexo, pero de ahí en fuera, él y los demás, se dan cuenta que no es distinto a ellos.

A pesar de ser ciencia ficción, las novelas de esta escritora, no se centran en una tecnología imperante. A diferencia de Asimov, en cuya literatura, las máquinas y la tecnología en sí son lo más importante; en Úrsula, es el ser humano lo que importa. Este planeta de andróginos es como cualquier otro: hay disputas políticas, dimes y diretes, aquellos que se dejan comprar, aquellos que tienen el poder, los que no, gente humilde, los que ayudan, los que traicionan. En realidad, es un mundo como cualquiera, una cultura, una civilización distinta a la nuestra, pero de seres humanos, a fin de cuentas.

Esta novela particularmente, trata de forma enteramente natural y detallada un tema tabú como la identidad de género, y lo que conlleva. Aquello que damos por sentado, es lo que ella logra acentuar, enfatizar. A pesar de que es una historia brutal, no deja de ser emocionante e incluso enternecedora. Así como puede haber momentos jocosos, los hay serios, aquellos extraños también, y los que nos destrozan el corazón. Todo en un ambiente ajeno al nuestro: cuando la lees, no estás en el planeta Tierra, sino en Gueden. Puedes sentir el frío, el hielo, hablar con seres andróginos, llegar a amarlos y a odiarlos por igual.

Indudablemente, Leguin tiene la capacidad de crear una cultura tan completa, profunda y detallada como las que vemos en la vida real. Está tan bien escrita esta novela que leer una página es como leer cien. Hay tanto de dónde reflexionar, comparar y contrastar que resulta imposible que no exista un mundo así, que alguien sea capaz de lograr que nuestra mirada se dirija ahí. Ella nos hace vivir en otro mundo, con todo lo que conlleva. Si usted cree que Tolkien es el único capaz de lograr algo así, hágase un favor y lea a Úrsula K. Leguin, la titánide de la ciencia ficción.